domingo, 12 de abril de 2015

"Que pena que no hayas nacido hombre"




"Que pena que no hayas nacido hombre" me dijo mi padre un día. Ha sido lo más bonito que me ha dicho en mi vida ("ironía"), aunque no fue su intención. Para él fue una decepción que yo no tuviera "vocación de mujer"; es decir, querer casarme, tener hijos, cuidar de la casa, cuidar del marido y demás. A diferencia de lo que se esperaba de mí, me dio por estudiar y tener una carrera. Yo quería ser una mujer independiente y admiraba a las mujeres que habían conseguido tener éxito en sus vidas por si mismas. En mi fuero interno, desde muy joven, sabía que no iba a poder ser un "ejemplo de mujer" e, incluso, me veía como la típica solterona rodeada de gatos. Intuía que eso de "estar casada" y cuidar a la prole no estaba en mi proyecto de futuro. 

Recuerdo a algunas de las chicas que conocí en mi juventud que el gran deseo  de ellas era "encontrar chico" (un buen chico, sobre todo, trabajador) y tener "su casa". Yo, nunca comenté mis verdaderos sentimientos ni ideas por temor a ser más que excluida, "apedreada moralmente". Tengo que reconocer que en muchos momentos me sentí culpable por no "sentirme mujer", por "no sentirme tan mujer como ellas". Me sigue pasando en los encuentros familiares en los que están mis cuñadas con sus bebes y todo versa alrededor de ellos, de esas minúsculas cosas lloronas. Ellas cuidan a sus bebés, mientras ellos se van a jugar a la pelota, a dormir, a... Ellas cuidan de sus bebes y se siente bien.  Sus bebes son sus trofeos de vida. Yo nunca sentí eso y me siento culpable.

Yo deseaba aprender, quería saber cosas. Mi mente era una esponja con ansias de saber. Hubiese deseado ser "superdotada" para que mi mente aprendiera más rápido. Necesitaba comer conocimientos y eso está bien cuando eres pequeña y estás estudiando; pero cuando llegas a la adultez y tus deseos no son los de tener un proyecto de vida familiar, sino profesional, la cosa cambia. Hay que ser muy fuerte para no dejarse llevar por la presión social y no sentirse culpable. 


No entiendo, ni siento, ni asumo los roles de género.

No nací con predisposición para querer gustar a los hombres. De joven veía como otras chicas se arreglaban para que los chicos se fijaran en ellas. Yo, sin embargo, no era capaz de seguir ese ritual social y siempre fui invisible. De hecho era algo así como "Betty la fea". Con el tiempo decidí cuidar mi aspecto físico para integrarme en el grupo y curiosamente dejé de ser invisible...Desde entonces, me acostumbré a llevar un disfraz que me pongo cada vez que salgo de casa, pero nada más llegar a casa me quito todo y me pongo lo más cómoda posible... ¡¡vuelvo a ser yo!!!. 

No tengo vocación de "mujer" en cuanto a lo que se le pide a la mujer en esta sociedad: ser madre protectora, sufridora y cuidadora de los demás... No soporto ser la persona que tenga que estar pendiente de los demás...¡¡¡¡NO SOY UNA CUIDADORA!!!

Tampoco siento el "deseo de la maternidad" y no me gustan los niños. No me parecen bonitos, ni graciosos, sino ruidosos y agotadores. Suelo ocultar este "no deseo" porque sé que la gente no lo entiende y sus comentarios me hacen daño, me hacen sentir como una "persona despreciable", "inhumana". Hace un tiempo unos "amigos" me reprocharon mi poco interés por no haber querido tener más hijos y eso me hizo sentir como si fuera una desalmada. Esos reproches por no ser "una madre ejemplar" también la he sentido por parte de mi familia. No he sido lo que los demás esperaban de mí. A veces pienso que debo de ser una "mujer despreciable" en esta tribu..

Pienso que, tal como me dijo mi padre en un momento, "ojalá hubieses nacido hombre". Seguramente me hubiese evitado todos esos comentarios dolorosos y el sentimiento de culpabilidad por no ser "una mujer de verdad".


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