domingo, 17 de septiembre de 2017

Soy "Monotemática"



En varias ocasiones, mi marido me ha comentado que soy "monotemática"; es decir, que tiendo a hablar sobre un tema y siempre el mismo. A él, sin embargo, le interesa una variedad de cosas e incluso las mías aunque claro, no con la misma intensidad que a mí. 

Debo de decir que no he sido verdaderamente consciente de ello hasta que varias personas me lo han hecho ver y he analizado mis intervenciones en las conversaciones con la gente. En estas circunstancias: o me quedo callada o hablo sobre las cosas que conozco, que son mis temas de interés. Mi versatilidad de temas de conversación es muy restringida. 

Como he comentado, no le he dado importancia a ello hasta que varias personas me lo han comentado ("siempre hablas de lo mismo") y eso me ha hecho pensar en la posibilidad de si puedo resultar "pesada" o "aburrida". 

La experiencia que me hizo pensar que de verdad podía ser "monotemática" fue cuando en una reunión social, una persona que yo consideraba "amiga" me dijo: "hoy es domingo y no voy a hablar de trabajo" dirigiéndose a mí y acto seguido se dirigió al grupo implicándose con ellos en temas banales. Entre ellos reían, decían bromas, comentaban sobre las vacaciones, sobre cosas cotidianas. De repente, oscurecí, enmudecí. Ese momento, supuso un "Despertar".  Sentí, de repente, que me alejaba de la humanidad, sentí un distanciamiento brutal y volví a vivir la invisibilidad. A partir de ese día, mi relación con esa "amiga" se ha ido difuminando... ¿para qué quedar con ella?, ¿de qué puedo hablar con ella?... 

La gente habla de cosas triviales, van cambiando de temas, incorporan bromas, cosas ingeniosas para provocar la risa, opinan sobre una variedad de temas (conociendo o sin conocer). Tienen hilo conversacional infinito. Pueden estar horas y horas hablando y ¡¡¡¡¡parece que les sale solo!!!! Todo eso se me escapa.

No suelo participar en conversaciones porque no tengo "opiniones" sobre las cosas triviales de las que hablan, pues no puedo opinar de las cosas que desconozco. Tampoco se me ocurren cosas ingeniosas que aportar al grupo, ni se de qué hablar que pueda ser interesante... Solo puedo hablar de lo que conozco, de lo que vivo y todo eso gira en torno a mi tema de interés... que no es compartido por el resto por lo que procuro no resultar pesada. Vuelvo a ocupar mi rol de "preguntadora" y de "escuchadora" pasiva... No participo en la mayoría de las conversaciones.

Consecuencias: cada vez me relaciono menos y tengo más soliloquios internos conmigo misma. 


miércoles, 23 de agosto de 2017

No soy mala...¡¡de verdad!!!, aunque, a veces, haga maldades.


Ayer, paseando, le conté una experiencia de juventud a mi marido que consideró muy "peculiar" y me sugirió hacer una entrada en el blog sobre ello. Así que os la cuento a vosotros... :-)

Siendo joven, no se.. con unos 16, 17 años, le "quité" el novio a una "amiga". El caso es que yo no me percaté de que había inclumplido una "norma social no escrita" hasta que esa "amiga" me llamó para recriminármelo... Entonces, fue como si despertara de un sueño y a modo de "tortazo vital" me percaté, de repente, que lo que yo había hecho estaba mal, muy mal, que no era una conducta apropiada. Me sentí tan, tan mal que, desde ese momento, de repente, deje de ver a ese chico sin darle explicaciones. 

Os cuento un poco la historia: 
Yo empecé a salir con un chico, le vamos a llamar Angel. En realidad, él me venía a buscar y nos veíamos. Creo que había una atracción física muy fuerte entre los dos (digo esto, porque creo que yo a él también le atraía). El caso, es que poco a poco los encuentros se hacían más frecuentes. Era entonces, cuando yo me empecé a sentir incómoda. Cuando nos veíamos de forma esporádica me sentía bien porque el esfuerzo social era superficial y podía aguantar (es mi explicación actual de la situación), pero cuando la relación empezó a ser más profunda, yo me bloqueé. Como ya he comentado en alguna ocasión... "no sabía que hacer con un "novio". El "intimar emocionalmente" era un terreno extraño para mí. Yo no sabía cómo hacer eso. Al final, nuestra relación se rompió "por mutuo acuerdo". Él me dijo algo así como que me consideraba una chica inteligente, misteriosa, pero poco cariñosa. Yo creo, sinceramente, que se aburría conmigo. Cuando la relación supuso un mayor compromiso socio-emocional empecé a quedarme bloqueada. No  sabía qué hacer, qué decir, no tomaba iniciativas sociales, nunca  le llamaba, ni mostraba preocupación....

En esas que por aquella época, yo iba con un grupo de chicas (¡¡¡siiii!!!, ¡¡¡de verdad!!!.. intenté meterme en grupos sociales) y a una de ellas, la vamos a llamar Lourdes le gustaba Ángel, ya incluso cuando salíamos juntos. Así que, cuando lo dejamos, al poco tiempo empezó una relación con él. Decir a su favor que ella tuvo la deferencia de comunicarme que estaba saliendo con Angel y que lo habían iniciado tras nuestra ruptura. Me lo dijo para que "yo lo supiera". Le dije que no me importaba, que no se preocupase, aunque en el fondo no negaré que me sentí dolida. Pero, con mi gran capacidad de autocontrol, asumí la situación. Un día, me encontré con Ángel y sin querer, llevados por el "líbido" del momento nos volvimos a re-encontrar. A partir de ese momento, nos empezamos a ver de nuevo de vez en cuando. Él era siempre el que me llamaba y yo accedía. (Podéis imaginar lo ingenua y vulnerable que he podido llegar a ser). El caso es que nos veíamos de vez en cuando mientras él -además- salía de forma "formal" con Lourdes. A mí, curiosamente, no me molestaba que fuera el "novio de la otra". Creo que nunca pensé en lo que eso significaba. Para mí era muy cómodo verle de vez en cuando sin las exigencias de salir en "formato novios". Nos veíamos, paseábamos, nos besábamos y esas cosas... y ya está. No había un compromiso emocional y eso me era fácil de llevar. 
Pero, llegó el momento en el que Lourdes -de una forma muy "calmada"- me llamó para decirme que se había enterado que estaba viéndome con Angel. Me dijo que se lo había dicho el "mejor amigo de él".... Y, como os digo, fue como un tortazo: 

  1. Me percaté, de repente, que había sido una arpía. Lo curioso del caso es que yo no lo hice con "maldad"... ¡¡¡me tenéis que creer!!!... es, sencillamente que NUNCA pensé en ella, en cómo lo estaría pasando. NUNCA me percaté de la consecuencias de mis acciones en ella, que supuestamente era una "amiga". Acto seguido sentí un gran sentimiento de culpabilidad y no volví a ver más a Ángel.. así del día a la noche.. sin explicaciones. Desapareció de mi vida. Nunca le contesté a las llamadas.
  2. Me sorprendió que fuese el "mejor amigo de Ángel" quien se lo dijese a Lourdes... fue otro golpe vital... "Los mejores amigos pueden ser infieles".... Me costó encajar esto. 

Fue una lección de vida.... una "terapia vivencial"

¡¡¡¡¡¡¡Las acciones de uno repercuten en la mente del otro¡¡¡¡¡¡¡¡
¡¡¡Puedes hacer mucho daño a los demás!!!!

No me di cuenta del "contexto social". No fui capaz de ver más allá de las acciones aisladas, de la situación vivida. Yo solo era consciente de que salía con él y que los momentos que compartíamos eran agradables. No vi, no pensé en nada más. Me quedé fijada en la inmediatez del momento, no inferí a nivel social las consecuencias de mis acciones. Tampoco juzgué si él era un posible acosador o un aprovechado o un desalmado. Simplemente, me gustaba pasar momentos -algunos momentos- con él. Tampoco me preocupé por los sentimientos de ella, no los pensé, no me percaté. 

Ahora me doy cuenta de mi ingenuidad, de mi "boba ingenuidad"y de mi "ingenua maldad". Por mi "boba ingenuidad" era una chica susceptible de ser acosada, utilizada y, por mi "ingenua maldad" podía ser susceptible de crearme enemistades profundas sin haber tenido intención en ello.

No soy mala... ¡¡¡de verdad!!!, aunque haga o diga algunas cosas inoportunas, muy inoportunas. Es que aprendo a base de "tortazos vitales". A partir de ellos voy comprendiendo...


sábado, 19 de agosto de 2017

"Por fuera" me veo "muy normal"


A veces, me siento tan "normal" que pienso que no, que no soy Asperger (ese fue el diagnóstico) y otras veces, no tengo dudas. Es extraño. Ayer le pregunté -de nuevo- a mi marido si él creía que yo era Asperger y sin pensarlo me dijo que si, que no tenía dudas. 

Lo curioso es que ahora yo me veo muy "normal":
  • Soy capaz de iniciar interacciones por un tiempo, aunque es cierto que sigo sin conseguir "intimar" con las personas. Sé que puedo resultar simpática o agradable, pero a pesar de ello, sigo sin tener amigos íntimos. Mis conductas sociales, cada vez, son más ajustadas al contexto si este es "amigable" y afín a mí, aunque me sigue agotando socializar, incluso, con la gente a la que aprecio. Ya no me relaciono con gente que me incomoda (demasiado chistosos, superficiales, gritones...) y no me siento mal por ello. Es un alivio.  Por fuera parezco "normal" porque me puedo relacionar  "superficialmente" bien por algún tiempo, pero por dentro sigo necesitando guionizar, proceso mental que resulta tedioso. Sigo sin conseguir "intimar" porque me agota socializar.
  • Soy más comunicativa pero, es cierto, tiendo a hablar de mis temas de interés. Cuando no lo hago suelo permanecer callada. Las conversaciones triviales me aburren y las siento como "tiempo perdido", aunque puedo ser capaz de manejarme en ellas de forma "pensada", pero no "sentida". Puedo escuchar a los demás si me interesa lo que me dicen y me muestro más receptiva, pero si hablan mucho y lo hacen de temas que no me interesan dejo de escuchar. Todavía, mis temas de interés social son muy limitados, pero he buscado formas alternativas para "aguantar" a la gente en reuniones sociales. En esas situaciones me entretengo observando, analizando y creando perfiles -a modo de criminólogo o antropólogo-. Eso me mantiene ocupada e interesada en las reuniones sociales. Le da sentido a las reuniones sociales. No me interesa tanto compartir experiencias, sino, investigar los grupos sociales. Me parece interesante. Es mi forma de estar físicamente en el grupo sin estarlo mentalmente. Por fuera parezco "normal" porque puedo simular interés, pero por dentro sigo sin sentir "complicidad".
  • Mi mente ha pasado de un rígido conformismo para evitar evidenciarme y cometer errores sociales, a una mente particular, a la que no le importa encajar. No tengo la necesidad de seguir a líderes, ni pertenecer a grupos. De echo, trabajo para mí porque sé que de otra forma sería imposible amoldarme a las exigencias y expectativas externas. Ya lo hice y los niveles de ansiedad fueron extremos. No pude soportarlo. El día que dejé (me despedí) de mi primer y único trabajo por cuenta ajena lo celebré. Era un trabajo relacionado con mi tema de interés, pero no conseguí amoldarme a las expectativas externas y a la imprevisibilidad. Por fuera parezco "normal" porque he acomodado el entorno  a mis intereses. No he  sido yo la que se ha acomodado al entorno. 
  • Siempre desee saber. Sentí, desde muy joven, una necesidad imperiosa por saber, pero a mi ritmo y según mis intereses. Eso, creo, me ha llevado a tener una mente "especialista". Mi monotropismo es intenso, pero invisible. Lo puedo ocultar a la vista de los demás. Es un monotropismo mental. No puedo desengancharme de mis soliloquios mentales durante todo el día. No recuerdo no pensar en otra cosa que no sea mi tema de interés. Cuando pienso en mi tema de interés, a veces, son pensamientos profundos y otras veces no, pero no hago otra cosa durante todo el día. No se cómo hace la gente para  ocupar la mente en varias cosas a la vez o para cambiar de pensamientos, ideas, contenidos mentales. Mi mente no puede. Mi monotropismo es invisible, pues, puedo estar simulando que estoy en una conversación trivial, pero mi mente va por otro lado. Realmente, no escucho, no puedo escuchar por mucho tiempo si lo que se me dice no me interesa. Por fuera parezco "normal" porque camuflo mi monotropismo. Solo unos pocos saben de él y se percatan.
  • Mi mente procesa lento, pero hago esfuerzos por agilizarla. Necesito traducir -de forma consciente- en dibujos (símbolos sintéticos) lo que se me dice para seguir todo el mensaje verbal de la otra persona, sobre todo, si este es largo. No es un proceso automático, instintivo, rápido, ágil. Es lento, pensado, deliberado, consciente, que requiere ser visualizado. También necesito explicarme mediante dibujos para expresar bien las ideas y que mi interlocutor me entienda. En las conversaciones triviales hago esfuerzos mentales por hacer una y otra cosa visualizándolo en mi mente, pero a veces, me pierdo en el limbo. El esfuerzo mental que me supone me llega a cansar y, a veces, desisto. Entonces, pongo cara de interés, pero no puedo almacenar toda la información y me pierdo. Por fuera parezco "normal" porque mi expresividad simula interés, pero por dentro estoy perdida. 
  • Ya no malinterpreto intenciones con tanta frecuencia. Ahora sé que tengo distorsiones cognitivas e intento detectarlas. Puedo darme cuenta de ellas a destiempo o cuando alguien me lo dice. Entonces, intento remediarlas. No me percato de las ironías si estas se me dicen de forma seria. No puedo leer con claridad la intención, pero me he dado cuenta que la gente que me las hace no tiene mala intención; así que acabo riéndome de mi misma.  Hace unos años me ofendía con facilidad ante una broma, ironía, doble sentido. Ahora lo "trivializo" y me río. Por fuera parezco "normal" porque ya no estallo o me bloqueo ante las situaciones que no comprendo bien, pero por dentro sigo siendo lenta en el procesamiento social ambiguo. Ahora intento analizar el contexto para comprender. Antes no sabía que había un "contexto", no sabía que las conductas tienen sentido dentro de un contexto más o menos evidente. Ahora me siento como un águila que observando desde lo alto ("desde fuera") intenta comprender la mente de los demás dentro del contexto.


¡¡¡¡A veces, me veo tan "normal"!!!

Mi expresividad y gestualidad ha mejorado y creo que no tengo "signos visibles" que me delaten: miro a los ojos, soy capaz de tocar a la otra persona para expresar interés, mi expresividad facial ya no es  seria. Ya no camino encorvada (en casa si), aunque sigo manteniendo los puños cerrados y mi cuerpo puede estar paralizado en situaciones sociales que no puedo seguir, pero estas son cada vez menos, pues no me obligo a relacionarme si no me apetece. Mi cuerpo, por tanto, está más relajado. 

"Me siento "normal" porque he normalizado o, mejor dicho, trivializado mis particularidades".

Me siento "normal"...
... porque ya no me siento culpable, 
... porque no me obligo a socializar, 
... porque me río de mi errores
... porque he buscado formas alternativas para darle sentido a lo social
... porque me apasiona mi mente y me obligo a detectar mis distorsiones 
     cognitivas para manejarlas.
...porque empiezo a quererme de verdad.



martes, 1 de agosto de 2017

Evitar conflictos o el arte de "escaparme" de ellos.


Por querer complacer a todo el mundo he procurado ser “políticamente correcta” y estar del lado de todos. Esa actitud puede haber sido entendida como “falta de personalidad”, pues he acabado asintiendo a todo lo que decían los demás sin replicar, sin opinar para evitar los conflictos. A día de hoy, el hecho de pensar en la posibilidad de una discusión airada me bloquea, me agota y me descompensa emocionalmente.

En muchas ocasiones no he expresado mis opiniones para evitar el conflicto. Nunca he sabido enfrentarme y reaccionar a las situaciones conflictivas. Mi mente trabaja lenta y no sabe resolver situaciones sociales conflictivas. Lo que he hecho hasta ahora ha sido huir.

Ante las situaciones que no he sabido manejar.. no he hecho nada. He abandonado.

Con las personas me ha pasado igual. Cuando alguna persona me ha defraudado, o cuando me he sentido incomoda por alguna razón, simplemente, he desaparecido sin despedirme. No por mala educación, sino por el bloqueo que me suponía enfrentarme a esas personas y situaciones. Pensar en enfrentarme a ello me producía fiebre, mutismo y parálisis. He dejado de ver personas de un día a otro sin más. Así de tajante por no saber enfrentarme.

Ahora estoy aprendiendo a flexibilizar mi mente. Ya no huyo en todas las ocasiones. A veces, me he enfrentado a las situaciones conflictivas. En esas ocasiones, uso mi máscara. Ella me ayuda a enfrentarme a esas situaciones incómodas.

Ahora quiero expresar mis opiniones, sin que me importe lo que los demás vayan a pensar, pero eso si... cuidando las formas, pues las situaciones tensas, las palabras soeces, los conflictos me siguen desregulando, alterando emocionalmente de forma intensa. Trabajaré en la forma de expresar mi YO, mis ideas, mis necesidades, mis opiniones... pero las quiero expresar. Ya no me siento culpable si alguien se ofende si no tengo intención de ofender -Yo no tengo la intención intencionada de ofender-, solo de expresar ideas personales. Creo que eso no debe hacerme sentir culpable. Creo que no debe hacer sentir culpable a nadie.




martes, 18 de julio de 2017

Redefiniendo la "Asperansiedad"


Tengo una Ansiedad extraña, que va y viene. Es una ansiedad muy particular. Ya he escrito una entrada sobre ella, pero ahora, un tiempo después, lo siento de forma diferente y quiero matizar la entrada anterior. 

No siento tener un Trastorno de Ansiedad, lo que siento tener es un malestar más o menos agudo en situaciones que por mi condición no puedo controlar. En realidad, más que ansiedad creo que lo que hace mi cuerpo es somatizar el malestar de mi mente cuando tengo que enfrentarme a situaciones poco amigables para mí. Pero no siento tener un Trastorno de Ansiedad patológico.

No tengo una Fobia Social porque: 
  1. No siento ansiedad intensa en situaciones sociales por temor a ser evaluada por otras personas. No me incomoda conocer gente nueva, ni me siento observada, ni me da miedo dar una charla delante de personas. Si me crea tensión el agotamiento mental de tener que estar guionizando constantemente qué decir, qué hacer para "caer bien", para no cometer errores sociales y eso me pasa, sobre todo, con personas conocidas. Con las personas desconocidas puedo manejarme, inicialmente, más o menos bien porque con ellas tengo un "algoritmo mental" para llevar conversaciones y siempre es más o menos el mismo con todas las personas (saludar, preguntar por lo que hace, etc.). En cuanto ya conozco a la persona, me cuesta más mantener interacciones porque tengo que improvisar nuevos esquemas mentales y eso me cuesta profundamente.
  2. Si he tenido temor a evidenciar mi vulnerabilidad en épocas tempranas y eso me ha hecho aislarme para evitar enfrentarme a situaciones que no sabía manejar. He evitado situaciones sociales no por el temor a mostrar síntomas de ansiedad, sino por la angustia a la invisibilidad. Realmente nunca he sido una persona rechazada por el grupo, más bien he sido yo la que me he aislado porque desde muy joven he sido consciente de mi incapacidad para relacionarme y "no quería ser descubierta". Ser consciente de mi incapacidad social es lo que me ha hecho evitar las situaciones sociales. Las he evitado porque no quería evidenciar mis dificultades, ni quería sentir la frustración por no saber "qué hacer", no por el temor a ser humillada o rechazada sin más.
  3. Las situaciones sociales no me provocan miedo. Como ya he comentado, las situaciones sociales me producen incomodidad por no saber qué hacer, qué decir en ellas de forma espontánea. No las disfruto y me generan cansancio, frustración. Cuando mi mente se queda sin recursos comunicativos es cuando se queda en blanco y empieza ha manifestarse la somatización: dolor de cabeza, malestar estomacal, sueño, palpitaciones, ganas de llorar, etc.  Las reuniones sociales como navidad, fiestas, bodas, etc. son los peores momentos. Estas situaciones me producen una gran irritabilidad, pues me parecen larguísimas, superficiales y una absoluta pérdida de tiempo. Es un tiempo robado que podría estar ocupando en cosas más interesantes. Ahora, procuro evitarlas.
  4. Evito situaciones sociales no porque la gente me de miedo o sienta vergüenza. No siento vergüenza, pero soy poco comunicativa, lo que la gente interpreta como una introversión. Simplemente, no me gusta comentar "sobre mí", ni me gusta que me pregunten sobre mí si no siento que les interesa "de verdad" (con la misma pasión que a mí). Lo siento como una invasión a mi intimidad. Solo puedo hacerlo con personas muy, muy seleccionadas. Tampoco me hacen gracia las bromas, ni participo en hacer "tonterías", no por vergüenza, sino porque me parecen ridículas.
  5. No siento el entorno social como una "amenaza", sino como una situación incomoda que no puedo controlar con facilidad. El recuerdo del agotamiento físico y mental de otras situaciones ya vividas me impide tener una idea gratificante de los encuentros sociales convencionales. Ese recuerdo me puede producir bloqueos, colapsos. Tal vez mi mente los use como sistema de alerta. 
  6. He procurado evitar las situaciones sociales toda mi vida para mantener mi "homeostasis emocional", no porque la gente me produzca temor, ni porque me sienta evaluada por los demás. De echo, también evito situaciones con gente que me aprecia y aprecio porque, incluso con ellas, tengo que guionizar mentalmente y mis conductas sociales no son espontáneas. Mis conductas sociales son pensadas, incluso con la gente a la que aprecio. Es agotador. 
  7. La tensión emocional que siento cuando me enfrento a situaciones o encuentros sociales es significativa y repercute en la vida social y también laboral -sobre todo, por los posibles imprevistos que no puedo controlar-. La sintomatología me ha llevado a consultar con profesionales, pasando por una variedad de diagnósticos: hipotensión ortoestática, cefalea migrañosa, síndrome del cansancio crónico. Me he llegado a marear por la calle, a sentir lipotimias. Me ha costado andar y caminar, sintiendo una debilidad extrema. Todo ello ha repercutido en mi estado emocional, sintiendo  frustración por no poder rendir más de lo que lo estaba haciendo. La tensión suele coincidir con los periodos laborales. Salir de casa para ir al trabajo me produce una gran tensión por el temor a la imprevisibilidad, por la incomodidad de encontrarme gente e intentar ser correcta, amable, "sociable" y por el bullicio del ambiente. 

Por otro lado, no tengo una ansiedad de "fábrica. Es decir, la ansiedad o tensión no es intrínseca en mí, sino que depende del contexto. Si el entorno no me provoca preocupaciones, si no tengo que enfrentarme a situaciones impredecibles (cada mañana antes de ir a trabajar), si no tengo que enfrentarme a situaciones sociales incómodas... entonces, no siento ansiedad. Es curioso que empiezo a sentir tensión el domingo por la noche anticipando los posibles imprevistos que me puedo encontrar durante la semana, pero, el viernes por la tarde desaparece la ansiedad. El sábado es el día que no siento ansiedad. Espero ansiosa a que llegue el sábado no para dedicarlo al ocio, sino para descansar de la tensión acumulada durante la semana. He llegado a pensar que tenía "Burnout " o "síndrome del trabajador quemado".

Por tanto, no creo que sea una Ansiedad comorbida, sino una somatización  provocada por el contexto, no por mí. No es intrínseco mío. De echo, recuerdo vívidamente el detonador de mi tensión emocional: el primer día que fui al colegio, a los 6 años. Fue como un shock, como si me hubiesen aducido los marcianos y no entendiera nada. Todo cambio para mí de repente. Antes, me recuerdo como una niña vivaracha, risueña, alegre.... la vida era sencilla.  A partir de ese día me sentí como una extraña en un mundo incomprensible. Nunca me adapté, lo único que he conseguido es acomodarme a él.  

Cuando tengo que enfrentarme a situaciones poco amigables es cuando las somatizaciones aparecen. Las somatizaciones pueden ser muy diversas. Ahora, lo que siento son cefaleas, incomodidad estomacal, debilidad, pero antes han sido más profundas. 

Ahora se qué cosas me producen tensión y, aunque no puedo controlar las somatizaciones, puedo mitigarlas mejor que antes. 

sábado, 8 de julio de 2017

Y, cómo explicar...



Y.. como explicar como me siento por dentro. 

Hay veces que me siento pletórica y disfruto cuando me zambullo en mis soliloquios mentales, cuando teorizo conmigo misma, cuando vivo en el mundo de las ideas... 

Siento que vivo en mi mente: es así. Soy autista en el sentido estricto de la palabra. Autismo del griego "autös" que significa "uno mismo". Me gusta mi mundo autista: Yo conmigo misma. ¡¡¡Es tan apasionante el mundo de las ideas!!!

Luego, despierto al mundo y me siento sola, completamente sola. No conecto "de verdad" con nadie. Es como estar detrás de una pantalla: ellos actúan y yo les miro. No hay reciprocidad entre ellos y yo. No siento esa reciprocidad a pesar de hablar con ellos, de mirarles, incluso, de tocarles... Me agotan y necesito alejarme.

Es extraña esa sensación de estar al lado de ellos y sentirse distanciada al mismo tiempo. Es extraño. 

Hace poco desperté del sueño. Es como si hubiese tomado la pastilla roja para conocer Matrix. Desperté, a modo de "bofetón vital" y descubrí lo sola que estaba en realidad y supe -a modo de revelación mística- que ese iba a ser mi estado de por vida. No es una soledad física, es una soledad mental. Se que no puedo compartir mi mente, la intensidad de mi mente con los demás... no les interesa y a mí ya no me interesa compartirla. No quiero compartir la intensidad de mi mente con gente que no siente la misma intensidad que yo. Para mí es un insulto. Lo siento como un desprecio. Ya lo sentí antaño, pero pensé que estaba superado, olvidado, reconstruido, pero no... Ahora siento que es de verdad, que esta soledad forma parte de mí y siempre será así. Soy yo "yo misma", con mi  mismidad e intensidad.


Ya os he contado que con unos 16 años escribía poesías, tal vez un poco tontas, pero me ayudaban a exorcizar emociones ahogadas. Hoy se me antoja compartir con vosotros la XVII.


XVII

Siento que se me eleva el alma
y no soporto esta fuerza que arranca
mi cuerpo de la superficie de las cosas,
que estalla de ansias, de ideas, de metas,
de energía ahogada que busca salida.

Decidido está: saldré a buscar
eso que el destino me depara,
ni siquiera sé lo que es,
¡pero no importa!
yo buscaré y arañaré cada centímetro,
escrutaré cada rincón,
beberé de todas las aguas.
Y mis fuerzas se incrementarán al pensar
que cada vez,
el camino se acorta.

"Buscaré" digo en voz alta y
bajo mis ojos y
miro mis manos y
miro mis pies descalzos.

De pronto una ráfaga de aire
me produce un escalofrío,
me acurruco sobre mi mismo,
tengo frío y estoy cansado...
Hoy no ... no saldré,
mis pies llenos de lodo
arrastran sus llagas,
y es que ¡hacen daño!

Tal vez...
mañana empezaré.



lunes, 19 de junio de 2017

¡¡¡Claro que siento emociones!!!!



Uno de los profesionales a los que consulté me preguntó sobre las cosas que me ponían contenta, triste, enfadada. Me quedé un poco perpleja por dicha pregunta, pues no entendía el sentido. Claro que siento emociones: de las buenas y de las malas... A veces, de unas y otras veces de las otras. Me imagino que como todo el mundo por eso me sorprendió la pregunta. 

En aquel momento, recuerdo que me quedé un poco bloqueada y no supe muy bien que responder. Ahora, con tiempo, puedo pensar sobre ello más detenidamente. Voy a intentar buscar en mi memoria situaciones que me hayan llevado a sentir las diferentes emociones e intentar responder a la pregunta.

Sobre la Alegría.
No suelo ser una persona alegre, no me divierten las bromas, los chistes, las "gracietas". Nunca me gustaron y, además, pueden incomodarme pues me resultan niñerías absurdas y ridículas. Por otro lado, no soy una persona divertida y no se hacer bromas sociales. 

No soy infeliz, pero la alegría no es un estado que impregne mi vida. Si tengo que pensar en una situación de alegría, o en el "día más feliz de mi vida", no me viene a la memoria ni el día de mi boda, ni el día de nacimiento de mi hija. De echo, son días muy negativos en mi vida. El día más feliz de mi vida fue cuando una de mis profesoras de la universidad me propuso hacer el doctorado e incluirme en su equipo de investigación... No me lo podía creer. Cuando me lo propuso recuerdo una euforia emocional que me invadió por días, muchos días. No recuerdo otro día en mi vida con tanta intensidad emocional positiva. Fue tan grande esa emoción que,  después de 20 años, sigo sintiendo esa intensidad. 

Sobre cosas cotidianas que me pongan contenta... pues no se qué decir. Creo que el estado habitual en mí es de "neutralidad", de seriedad. No se como expresarlo.

Sobre la Tristeza. 
También me cuesta pensar en "cosas o situaciones que me ponen triste", pero si puedo decir que durante mucho tiempo, demasiado, he sentido una "distimia crónica". La tristeza ha invadido mi vida a causa de la soledad. Una soledad que hiela incluso estando con gente. He llorado demasiado a solas por no poder encajar, compartir. Ahora ya no lloro ni me siento triste. Ocasionalmente siento momentos de tristeza que son como olas que invaden mi ser y me transportan a un estado de melancolía, de inercia, de vacío, pero son eso.. olas que vienen y se van.

Sobre las cosas que me pueden hacer sentir tristeza me cuesta pensar en situaciones concretas, pero hoy, 19 de junio, me siento triste y decido escribir sobre ello para retener esa información y sensación en mi mente:

"Hoy me siento extraña. Me siento muy sola. Nooo, no es que no tenga a nadie cerca que no me quiera. En ese sentido, me siento una privilegiada, pues se que mi marido me adora y me lo ha demostrado con creces. Es algo diferente. Me siento muy sola mentalmente. El percatarme de no tener a nadie con quien compartir mis apasionamientos mentales, mis elucubraciones mentales me ha producido mucha tristeza. Siento que mi apasionamiento mental es vacío... se queda en mí... y no es compartido. No tengo a nadie con mi misma pasión con la que compartir mis ideas. Es una sensación extraña. Es una sensación de absoluta soledad y me hace sentir triste."

Voy entendiendo a la gente. A la gente le gusta compartir sus estados mentales con otros, pero me imagino que como la "gente común" tienen muchos intereses comunes compartidos lo tienen más fácil. Pero que pasa cuando tu interés es tan restringido y tan apasionado que no puedes compartirlo con nadie... Lo dejo a vuestra imaginación, a vuestras "emociones".

Sobre el Enfado.
El enfado ha sido una emoción que ha definido por mucho tiempo mi forma de ser. Siempre he estado enfadada, aunque por fuera no lo transmitiera de forma clara, aunque creo que mis ojos y mi expresividad plana nunca han engañado. 

En las reuniones de amigos siempre he estado enfadada. Recuerdo muchísimas situaciones en las que siendo joven acompañaba a mi pareja (ahora mi marido) a sus reuniones sociales (pues, yo no tenía amigos) y siempre estaba huraña. Siempre salía de las reuniones con gran tensión que me duraba mucho tiempo. Yo, entonces, no sabía porqué.. o si: no conseguía encajar y echaba la culpa a mi pareja por dejarme sola, por no estar conmigo. Yo me sentía abandonada porque no entendía que en las reuniones con gente tienes que estar enfocado a los demás... Eso no lo entendía y me sentía sola, abandonada. Yo no hacía nada para enfocarme al grupo.

También me enfado cuando las cosas no salen como yo espero. Si tenía pensado un plan y no se cumple tal cual lo había pensado me enfado. Lo peor de todo -eso, lo voy entendiendo, ahora- es que siempre he esperado que los demás "leyeran" mi mente y acomodaran las circunstancias a mis intereses y necesidades. Por ejemplo, si hemos decidido una salida, un paseo, yo espero que esa experiencia transcurra tal cual la he imaginado. Cuando no es así, me frustro y me enfado. No se si esto se entenderá. Es cierto que ahora controlo la frustración y ya no me enfado, pero siento una sensación de angustia, de rabia contenida que sigue siendo duradera, pero controlada externamente.

Un día que recuerdo de mucho enfado fue el día de mi boda. No.. no fue "el día más feliz de mi vida". Estaba muy enfadada porque yo no quería ver a nadie, no quería evidenciarme, no quería seguir rituales que no sentía. Ver a gente y simular alegría fue muy costoso. Viendo algunas fotos de mi boda, solo veo en mí una sonrisa forzada en ellas. El enfado me duró días, muchos días. Lo curioso es que la gente recuerda ese día como entrañable... Yo lo recuerdo como un día odioso, un día a olvidar.


Sobre el Miedo.
Cuando supe que me había quedado embarazada -que era muy joven- me invadió el terror. No el miedo... el terror. Yo no sabía que hacer con un bebe. Lloré mucho, mucho. Quise morir. Deseé morir e hice intentos por morir... Dejé de comer, no podía comer... Además, ver como mi cuerpo cambiaba también me aterrorizaba... "esa persona no era yo". No podía mirarme al espejo... La incertidumbre del parto fue otro momento de terror. Pensar en cómo sería, en el posible dolor que sentiría... ¡¡¡¡Fue horrible¡¡¡¡ Recuerdo que cuando di a luz, me quedé como paralizada y me pasé los tres días que estuve en el hospital en la cama, sin salir de ella... ¡¡¡¡NO SABÍA QUE TENÍA QUE HACER!!! Estaba en una habitación de hospital compartida con otra mujer que se levantaba, paseaba por la sala, cogía a su bebe.. y yo, mientras PARALIZADA.... No sabía que hacer. Solo recuerdo el miedo a la incertidumbre y las ganas de llorar. Las lágrimas no salían, pero se agolpaban en mi cabeza y me retumbaban.

Otra cosa que me produce miedo, ¡¡digo, terror!!!! es pensar en la posibilidad de quedarme sola... Yo no sabría moverme sola por el mundo sin la persona que me ayuda a caminar por él. Se que si en algún momento me quedo sola, me moriré de terror... A veces pienso en ello y solo me vienen ideas de muerte. No es baladí, no soy tan funcional y tan "independiente". 


Las emociones que han prevalecido en mi vida han sido el miedo, la tristeza y el enfado. El miedo por la incertidumbre, la tristeza por la invisibilidad crónica y el enfado por no saber enfrentarme a la incertidumbre. Ha habido poca alegría. 

Ahora prevalece una especie de calma neutra... no se como explicarlo. Siento tener una estabilidad emocional que se rompe ante preocupaciones que magnifico. No siento tener "altibajos emocionales", sino que mi homeostasis emocional se rompe ante imprevistos, ante problemas y preocupaciones que no puedo resolver de forma inmediata. 

Creo... pues, que siento las mismas emociones que todas las demás personas:

La alegría por el apasionamiento mental. Mis soliloquios conmigo misma.
La tristeza por no poder compartir mis estados mentales. Por la soledad.
El enfado por no disfrutar de las situaciones sociales, 
El miedo por la imprevisibilidad