jueves, 11 de julio de 2019

Se que no voy a poder socializar de la forma "convencional"



Quedamos con amigos, bueno... más bien él -mi marido- queda con ellos. Se decide -deciden- ir a pasar la mañana y comer juntos en un ambiente tranquilo en el campo. A mí me lo comunica con varios días de antelación y accedo. Hasta ahí bien.

El problema llega cuando se acerca el momento. Pasa un día, pasa otro y ya casi no queda nada. La salida es mañana por la mañana... Entonces es cuando mi cerebro empieza a ponerse en alerta, a despertar: ¡¡¡ooohhh, mañana toca socializar!!.. y es cuando cuento el tiempo que tendré que socializar e intentar estar en "alerta social": una hora y media en el trayecto de ida hasta que lleguemos al lugar. Al llegar al lugar... ¡¡¡ooohhh¡¡¡¡... no se cuanto tiempo estaremos... nadie me ha especificado. Haciendo cálculos, me hago a la idea de que pueden ser unas 6 horas como mínimo y luego... la hora y media del trayecto de vuelta a casa...

¡¡¡oh, oh!!!

En ese momento mi mente se empieza a colapsar invadiéndome un estado de tensión, convirtiéndose en irritación. Mi mente genera una estrategia para sobrevivir. 

Y es cuando, en la noche de antes, le digo a mi marido que si no le importa que vaya él. Él me mira y me contesta que entonces "no vamos", que "si yo no voy él tampoco". Esto, ¡¡naturalmente!!! me hace sentir culpable y le digo -con deje de resignación- "bueno, vamos, lo haré por tí", a lo que él me replica: "no quiero que lo hagas por mí"... así, que al final, la noche de antes, él llama a su amigo para anular el encuentro. 

Esto ha pasado muchísimas veces. A medida que se va acercando el encuentro social me voy colapsando, irritando y los enfados han llegado a ser tremendos. 

¿Por qué mi cerebro se resiste a algo tan banal como un encuentro social con gente bonita que me aprecia?

Haciendo introspección y pensando en lo que me pasa podría decir que cuando se acerca el momento mi cerebro activa la memoria de las experiencias sociales vividas y... vuelve a recordar la sensación de incomodidad, de bloqueo que me generan. He hablado mucho en otras entradas del blog sobre lo que me pasa en los encuentros sociales: puedo simular ciertas conversaciones iniciales, aquellas en las que tengo algunos guiones aprendidos, pues mi cerebro no es capaz de improvisar, de generar nuevos guiones, de llevar conversaciones espontáneas. Después del "hola, cómo estás" ya no se me ocurre que más decir. Entonces, me voy quedando aletargada en el rincón. Yo simulo una sonrisa en mi cara, pero en realidad, estoy bloqueada. Si en esos momentos miraseis mis manos veríais que me estoy autolesionando de forma sutil. Es cuando mi dedo pulgar empieza a machacar a mi dedo índice sin compasión, pero de forma tan sutil que nadie se percata. Ya tengo una duricia. 

Mi mente vuelve a experimentar esa sensación de tensión, de ahogo, de asfixia... es así: es una sensación de asfixia. Es como estar ahogándose y haces esfuerzos por salir a flote. Así es mi día a día cuando tengo que enfrentarme a situaciones sociales convencionales, incluso con personas que me aprecian y yo les aprecio. Aquellas en las que sobrepasan mi límite para socializar con cierto éxito, que podría decirse que son unas 2 horas como máximo. 

Todo esto me hace sentir mal porque condiciona a la gente que tengo al lado, a mi marido que él si necesita socializar. Me siento culpable por no poder ser social, por no poder hacer que él pueda tener más encuentros sociales por mi culpa. 

Ayer, hablamos sobre ello porque había vuelto a quedar con sus amigos. El me volvió a decir que solo iríamos si a mi me apetecía. Entonces, decidí contarle lo que me pasaba, cómo me sentía. Él me comentó que ya se había dado cuenta, que cuando se acerca el momento de reunirnos con gente empiezo a ponerme huraña, irritable y que -sin intención- empiezo a provocar un enfado. Recordar que este enfado -desde mi perspectiva- es una forma de auto-conservación, de supervivencia para evitar la sensación de ahogo social. 

Él a continuación me comenta: "he observado que te cuesta salir, pero que luego cuando estamos con ellos lo pasas bien". Es cuando decidí decirle la verdad: "no, no lo paso bien. Simulo pasarlo bien, pero en realidad estoy contando el tiempo que falta para que termine". No se si entendió de verdad el esfuerzo que tengo que hacer por "simular". Ahora le llaman "camuflaje". Parece ser que camuflo mejor de lo que pensaba "si me lo propongo", pero tengo que tener la mente muy tranquila y estar muy concienciada para ser una buena actriz. 

Le dije la verdad: se que nunca voy a poder socializar de la forma convencional. Ya tengo más de cincuenta años y se que no va a ocurrir. Mi mente es diferente y no puede improvisar, no puede disfrutar de esos encuentro sociales "simples" que para mi son "complejísimos". Para mí un encuentro social, de esos para "hablar por hablar" y "pasarlo bien" es como metafísica, como matemática avanzada, es como física cuántica.... no entiendo, no puedo seguir el hilo social. Me pierdo. 

¿Cómo algo tan simple para los otros es tan complejo para mí?

Puedo relacionarme de forma ocasional, a "trocitos" y solo lo puedo hacer por momentos cortos. ¿Y disfrutar.?.. lo que se dice disfrutar solo lo hago cuando se tratan mis temas de interés... SOLO.

Se que va a ser a sí toda la vida. 

Al final le dije que entendía que el mundo no podía girar sobre mí, que yo entendía que él tenía que salir con gente y que yo iría por él, no por mí... en el buen sentido, no a modo de reproche. Salir con gente para mí es un agobio, pero que sería el regalo que yo haría por él. Yo no lo disfruto, pero podría disfrutarlo si salir con gente tuviera un sentido para mi y "hacerlo por él" sería el sentido que podría darle a socializar de la forma convencional. 

"No es por mí, es por tí"

Así yo me sentiré bien. Si te veo disfrutar estaré bien. 

Sigo pensando que "esto" -tal como lo siento yo- no es una "mera condición". Yo lo siento como una "Discapacidad Social" que -en mi caso- es compensada por la gente maravillosa que tengo al lado.  Por otro lado, en mi caso, solo siento tener una discapacidad social que no me limita a nivel intelectual ni profesional y, tal vez, gracias a eso he ido pudiendo compensar mis deficiencias con mis potencialidades y conseguir cierta adaptación. 

Yo no me he adaptado al sistema... 
He adaptado el sistema a mí. Así he podido sobrevivir.


sábado, 8 de junio de 2019

"Estar en el armario" ahoga



Me quedo sin aire.
Me ahogo.
Quiero salir.
No me atrevo.
Siento miedo.

¿Miedo?, ¿de qué? de que se me cuestione, de que se me desvalorice, de que me traten con condescendencia, de que me observen con curiosidad, de que cuchicheen a mis espaldas. No quiero ser un "mono de feria". 

Mi camuflaje es defectuoso, hace aguas, se está rompiendo. Mi Yo oculto quiere salir y lo hace a trompicones, mal.

Antes, cuando no sabía, mi imagen era de persona correcta, aunque tal vez un tanto sosa, distante. Hiper-controlada. Ahora, no lo se: a veces me controlo, otras soy torpe, otras inoportuna. Es como si tuviera un alíen dentro de mi que quisiera salir y reclamar su lugar, hacerse visible. 

Ya no se muy bien quien soy. A veces, quiero recuperar a aquella persona hiper-controlada, hiper-correcta de antaño, pero el coste de ello era la infelicidad, la ansiedad camuflada, los llantos a escondidas. 

Ya no se muy bien quien soy, como soy. Me quedé enganchada a lo que se supone que se tiene que ser: correcta, agradable, sin estridencias, humilde, buena persona.. 

Pero, me encuentro que, de vez en cuando, sale de mis entrañas un ser extraño, estridente, como un niño pequeño que hace tonterías para hacerse notar, para que la gente sepa de su existencia. No es algo que yo decida de forma consciente, ese ser sale sin yo pedírselo y cuando no quiero que salga... Va por libre y me deja expuesta. 

Siento que estoy perdiendo a la persona que fui -a la hipercontrolada, a aquella niña correcta, formal- y no quiero. Lucho para que no me deje pues me da estabilidad... es algo extraño de explicar. Ahora tengo que hiper-esforzarme para que siga existiendo, para que no me abandone porque es lo que conozco. Pero algo me pasa y es que, de vez en cuando, ese ser infantil, extraño, extravagante va emergiendo y no puedo controlarlo. 

Mi lucha interna por dar una imagen al exterior aceptable me va abandonando. Noto que cada vez uso mas la sonrisa forzada. Mi sonrisa, mi prosodia, mis gestos.. intento ser expresiva, pero tal vez, puedo resultar teatral. 

Ya no se cómo soy. Me pregunto si tengo "personalidad" de verdad y si todo lo que he sido en realidad ha sido un espejismo. Soy un ser teatral, forzado que intenta proyectar afuera una imagen que en realidad no soy yo. No se quién soy ni como soy... pero espero irlo descubriendo...

Tal vez no tenga personalidad... que todo sea más simple... que no sea ni introvertida, ni extrovertida, que no sea simpática, ni antipática, que no sea agradable ni desagradable... tal vez, soy un ser neutro. ¿La personalidad es aquello que tu eres o lo que quieres proyectar consciente o inconscientemente? No hay nada espontáneo en mi... Mi "Yo proyectado" es insulso, pero me sirve para "salir del paso". 

¿Cómo soy? creo que mi verdadero Yo se materializa cuando no tengo que socializar. Cuando no tengo que socializar no tengo que pensar en cómo proyectar UNA imagen al exterior para que resulte apropiada o, por lo menos, correcta. Cuando no tengo que socializar no tengo que forzar a mis músculos para exagerar una sonrisa y una cara amigable. Cuando no tengo que socializar estoy bien... relajada.

Tengo la sensación de que algo dentro de mi está ocurriendo y es en realidad esa esperada metamorfosis, pero me da miedo porque no se en qué me convertirá. 

Siento que ya no puedo hacerla esperar por mucho tiempo porque el estado de larva se está alargando... y duele. Me resisto a que salga la mariposa, pero tal vez, es por miedo a no saber qué pasará...


sábado, 25 de mayo de 2019

¿Será una cuestión de "Sincronización Social"?


Hay una cuestión que cada vez me intriga más: ¿Cómo es que la gente engancha entre sí y sigue enganchada por tiempo? Observo como la gente conecta entre sí (se "engancha mentalmente") y mantienen esa conexión por tiempo. Eso debe ser el "Principio de Amistad". No es iniciar el contacto, sino mantenerlo y mantenerlo de forma profunda, estable, sentida y deseada. Lo más impresionante de todo es que... les sale natural, sin pensar demasiado... Es como si hubiese una energía invisible entre ellos que hace que se atraigan,  como si se tratase de una "afinidad química" -fenómeno en el que ciertos átomos o moléculas tienen la tendencia a agregarse o enlazarse-. Entonces, ¿no se podría extrapolar el fenómeno  de la "afinidad química" o "atracción magnética" al ser humano? 

Es como si hubiese algo invisible y misterioso -por desconocido- que hace que la gente se atraiga entre si y que mantengan lazos estables. 

Me pregunto si existe algún mecanismo neurológico, más allá de las neuronas espejo, que haga que la gente conecte entre si, que "sincronicen" entre si y que permita que ciertas interacciones se consoliden hasta generar una amistad íntima. Llamadme "flipada" pero no creo que sea algo meramente cultural. Es curioso ver como niños pequeños cuando se encuentran cara a cara se contagian entre si, "conectan". Es como si sus mentes estuvieran sincronizadas... ¡¡es impresionante!!!

Como tengo una mente curiosa he intentado buscar sobre ello y encontré que hay investigadores que ya lo tienen en cuenta como la Dra. Suzanne Dekker, de la Universidad Nueva York (*). Así, según esta investigadora lo que llamamos conectar, tener feeling o química y lo que hace que una relación tenga éxito o estabilidad parece  depender de la sincronización de ciertas ondas cerebrales. Estoy convencida de que debe de haber alguna explicación científica al fenómeno de la atracción entre personas y no me refiero a la atracción física, sino a la atracción para mantener relaciones sociales estables e íntimas. Seguiré buscando sobre ello porque me parece hiper-interesante, ¿no?????

Pues yo creo que algo pasa dentro de mi que no me permite sincronizar,  "engancharme" con la gente de la forma convencional. Creo que soy capaz de comprender, de ponerme en el lugar del otro, puedo entender lo que sienten y sentirlo en momentos determinados, pero a pesar de tener todas esas "capacidades"... ¿por qué no consigo "engancharme"?, ¿por qué no siento estar enganchada?, ¿por qué tengo que forzarme para "engancharme por tiempo"?. 

Ayer me decía mi marido de quedar hoy con amigos para ir a un concierto. Le dije que no me apetecía, pero que fuera él. A lo que él respondió: "el otro día -haciendo referencia a la última vez que  fui con ellos a un concierto de música- te lo pasaste bien? Te vi bailar". Decidí decirle la verdad: "simulé pasarlo bien". 

Recuerdo perfectamente como mi mente mandaba ordenes a mi cara para que sonriera, a mis piernas para que bailaran, a mi cuerpo para dar una impresión de "estar bien", pero otra parte de mi mente contaba el tiempo para que el encuentro terminase e ir a casa. Es cierto que ahora ya no me crean ansiedad esas situaciones porque "se que simulo" y lo hago a modo de "regalo para mi marido", pues él si necesita salir con gente. En realidad lo hago por él. Es mi forma de expresar reciprocidad. "El hace cosas por mi, yo hago cosas por él, aunque no me apetezcan". Es lo que da sentido a salir a esos encuentros sociales, pero.... en realidad no siento estar "sincronizada", "enganchada" a la emotividad del encuentro. 

Es como si ellos estuvieran unidos por una especie de "cordón umbilical social", y que yo no lo tuviera o que estuviera roto u obstruido.. no se, pero no consigo sentirme conectada con ellos. Parece ser que cada vez "simulo" mejor -ahora se le llama "camuflar"-, pero esa simulación es pensada. En el momento del "camuflaje" es como si en mi mente hubiesen dos personas: una la real, la que se siente agobiada por el momento y quiere que termine, y la simulada, que es la que intenta estar presente para no desentonar. A veces gana una y otras veces gana la otra o, a veces, empieza ganando una, pero al rato gana la otra. ¡¡No se si se me entenderá!!!

Siento experimentar una sensación extraña con el mundo social. Siento como si estuviera detrás de un cristal, o como si el mundo social fuera una película... la entiendo, la siento, pero no pertenezco a ella... Estoy fuera y cuando la película se termina deja de estar presente. Es como estar en Matrix... no me siento conectada con la gente y es algo profundo que siento desde siempre. Es extraño.

Entonces, la reciprocidad implica sincronización...¿no? Tal vez, por eso,  nadie me detectó. Yo era invisible porque no estaba conectada, sincronizada con ellas. Simplemente, no me veían. Ellas hablaban entre si, se reían, se "conectaban" y en ese momento de conexión yo no estaba. Yo no sincronizaba con ellas ni ellas conmigo. Eramos seres de mundo paralelos. 

Cuando no sincronizas con nadie, pero te gustaría sincronizar es angustioso porque no consigues ese genuino disfrute. 

Algunas veces sincronizo con algunas personas, pero es una "sincronía intermitente"; es decir, momentánea. Dura lo que dura el encuentro. Es como una llama: en el momento álgido está encendida, pero cuando el encuentro se termina la llama se va apagando y no siento la necesidad de volver a encenderla. A veces -muy pocas veces- he llegado a disfrutar conversando con gente y cuando eso ocurre ha sido compartiendo temas afines. Por tanto, mi "sincronización" está condicionada por el sentido práctico que le de a ese intercambio y este es más intelectual que interpersonal-emocional.

Cuando la "sincronización es intermitente" lo que ocurre es que si bien puedo disfrutar en ese momento, cuando este se termina la sensación se va apagando y no siento la necesidad o el impulso de volver a "encender la llama de nuevo". Para mi encender y mantener la "llama de la amistad" es muy agotador.  

No obstante, como se que es importante mantener la llama de la amistad; es decir, mantener la "sincronización social", desde hace algún tiempo intento ser prosocial y mostrar cierto interés o preocupación por las personas afines, pero esto no me sale instintivo, lo tengo que pensar, programar mentalmente. Normalmente, son los otros los que todavía impulsan que se mantenga la llama. Si por mi fuera creo que me quedaría sola por siempre. 

Debo de dar las gracias a esas personas afines que permiten que no se apague la "llama de nuestra amistad". Muchas gracias por el esfuerzo que hacéis y por no reprocharme mi escasa iniciativa social. Muchas Gracias.



(*) ttps://www.abc.es/ciencia/abci-sincronizacion-ondas-cerebrales-mueve-mundo-201601260402_noticia.html

domingo, 3 de marzo de 2019

"Enganchada" a las emociones




Yo soy la gran estudiosa de mi misma. Me gusta interpretarme para comprenderme. 

Estos días me han pasado ciertas cosas que me han dejado emocionalmente exhausta y eso ha hecho que cometiese algún error -para mí imperdonable- (obvio comentar el error cometido porque sería volver a revivir la intensidad de la emoción y no me apetece). 

Me han dicho que no es un error grave y aunque me he disculpado y la persona objeto de mi error ha sido muy comprensiva, yo sigo sintiéndome mal, muy mal. 

La verdad es que, en general, la gente cuando comprende suele ser comprensiva. Soy yo la que me martirizo. No puedo olvidar con facilidad mis errores.

No puedo trivializar los errores y en esas situaciones me siento literalmente "enganchada" a la emoción de... ¡¡caray no sabría como definirla!!!.. de desconsuelo, de dolor. La tortura mental es tan grande que la somatizo con dolores de cabeza, sudores...

¿Por qué hacen tanto daño los errores cometidos?
¿Por qué a otras personas se les pasa pronto y a mí no?

Pensando sobre ello, creo que es porque mi mente no genera "Mecanismos de Defensa"; es decir no pone en marcha procesos internos para defenderse de emociones o pensamientos generadoras de ansiedad, sentimientos depresivos o de culpa. Por tanto, estoy expuesta a la realidad y al dolor sin compasión. 

Tal vez la mentira, la negación, la proyección (o desviación de la culpa) tengan un componente adaptativo, de auto-protección, para evitar sentir "el dolor de la realidad" de forma intensa. Deben de ser mecanismos propios del cerebro para salvaguardar la homeostasis emocional y poder enfrentarse a los errores, a las situaciones generadoras de ansiedad, a la culpa. Creo que mi cerebro no tiene ese filtro o puerta de salida para los sentimientos dolorosos. Se quedan ahí por tiempo, por tiempo. Y si hablo de ellos los vuelvo a revivir porque todavía siguen ahí. No desaparecen como lo hacen en otras personas.

Creo que en esos momento siento la hiperrealidad tal cual y no puedo mentirme a mi misma, no niego mi culpa, no la puedo minimizar, ni trivializar... la siento tal cual sin florituras ni remilgos. Es como sentir el dolor constante de una herida. 

No puedo engañarme a mi misma. Veo la realidad en toda su magnitud. Me dicen que exagero, que magnifico, pero creo que es porque ellos al tener la capacidad para trivializar, para dejar de dar importancia a las cosas, no lo pueden sentir como yo. En ellos los errores van menguando y no pueden entender que yo siga "enganchada" a ellos por eso me dicen "que exagero". Pienso que debe de ser algo así...

También me quedo "enganchada" a las emociones positivas. Cuando algo me sale bien, cuando me dan una buena noticia, cuando me proponen un proyecto que me resulta interesante, etc. me quedo imbuida en esa emoción por tiempo. Esa sensación es parecida también a la de la "ansiedad": es una intensidad emocional que me invade, pero no es dolorosa como cuando cometo los errores. 

No siento ser una persona emocionalmente inestable, no tengo altibajos, ni paso de una emoción a otra de forma constante. No traspaso mis emociones de un contexto a otro. Simplemente, creo que me quedo "enganchada" a las emociones producidas por situaciones trascendentales -para mí-, aunque los otros las vean como "no tan graves". 



domingo, 9 de diciembre de 2018

Te has comido todo el chocolate.


No... esta entrada del blog no va de comida, va de como todavía con cincuenta años no interpreto bien ciertas intenciones, como las "supuestas" bromas o comentarios inocuos "para pinchar". Lo escribo entrecomillado porque él me intenta convencer de que es una broma,  que es un comentario inocente para "pinchar" y provocar un "juego social" cuando yo lo siento como una burla, como una crítica, como una riña según el momento. 

Ayer estábamos con amigos -llevaba cinco meses sin socializar- y mi marido, durante la cena, comentó una "anécdota" sobre mi. Que explicase la "anécdota" no me molestó AHORA porque tengo mucha confianza con esos dos amigos y porque he comprendido -tras un proceso de arduo raciocinio- que una "anécdota" cuando se cuenta a gente amiga no es un "chisme"  o un comentario para ponerte en evidencia; sino que se trata de un comentario inocuo sobre un suceso curioso o divertido ("desde el punto de vista de quien lo cuenta, ¡¡claro!!) de escasa importancia con el propósito de compartir experiencias con otros para reírse conjuntamente. Es decir... parece ser una "estrategia o recurso" para conectar socialmente. 

He tenido que ir a buscar la definición de anécdota al diccionario para poder entender de que se trata y, bien.. lo entiendo, pero una cosa es "entenderlo en frío" y otra cosa es detectar las "anécdotas" en el "aire"; es decir... saber cuando (en el "día a día") lo que una persona dice es una mera "anécdota" o es para "ponerte en evidencia" y molestarte. AHORA voy comprendiendo esto. Entiendo que estos amigos y mi marido no quieren molestarme, pues se que son "buenas personas" y que intencionadamente no me harían daño pues me aprecian -me lo han demostrado-. Ahora entiendo que una "anécdota" es un comentario sin importancia para compartir una experiencia "divertida" o trivial con otros, sin más. 

En otro momento, y hasta no hace mucho, una situación tan intrascendente como esta la  hubiese vivido como una grave transgresión de mi intimidad, como una ridiculización en público y me hubiese enfadado ("internamente enfadado") de sobremanera. Ahora ya soy capaz de entender y trivializar...¡¡¡por fin¡¡¡- 

He comprendido que tengo que "leer las señales del contexto" para poder interpretar la intencionalidad. Eso me lo explicó ayer uno de nuestros amigos. Me dio la idea de "mirar desde arriba" y ver la escena... Toda la escena de la situación para analizar mejor los detalles: lo que se dice, donde se dice, como se dice.  El problema viene en el momento de analizar el porqué (se dice); es decir, la intencionalidad... ¡¡no me digáis que eso no es complicado¡¡¡¡. 

Después de comprender el sentido que tienen las "anécdotas", con toda la información disponible he desarrollado un " algoritmo mental" para poder salir del paso, y es: 

"mi marido me quiere; por tanto, no es probable que me quiera molestar y menos con amigos que me aprecian. Por tanto, cuando habla sobre mi a esos amigos no lo hace con mala intención. Lo hace para compartir una experiencia trivial. Así que no tengo que darle importancia". 

¡¡¡¡Como me ha costado entender estas sutilezas sociales¡¡¡¡¡¡

¡¡Ahhhh¡¡¡, pero no he contado la "anécdota". Ya no recuerdo bien a que vino el comentario, pero mi marido les contó a nuestros -"sus"- amigos que a veces me enfado de forma exagerada cuando por ejemplo me hace "comentarios broma" "para pincharme" del tipo: "te has comido todo el chocolate". Según él, lo hace a modo de broma-"comentario pinchoso para que yo sea capaz de identificarlas, pero a día de hoy todavía no detecto, ni interpreto bien esas "bromas" o "comentarios para pinchar" (inocuamente) cuando aparecen "de repente", cuando no hay un contexto inmediato que me de pistas, cuando no hay antecedentes (no es una situación prototípica para generar bromas), cuando su expresión gestual y tono de voz me parecen neutros, confusos.

Os pongo en situación: yo estaba en el salón y él desde la cocina me dice, en tono de voz alto -pues, está en otra habitación-: "te has comido todo el chocolate". Cuando él me hace este comentario yo suelo reaccionar airada y bruscamente. En muchos casos, de una situación tan trivial -ahora lo veo- puedo llegar a enfadarme de sobre manera. 

Cuando el me hace el comentario "te has comido todo el chocolate" y lo hace desde otra habitación y "de repente"... no entiendo su intención: ¿es una pregunta (¿te has comido todo el chocolate?) o es un reproche (¡¡¡te has comido todo el chocolate!!!!)?... no entiendo a qué quiere llegar, no entiendo que es lo que pretende con ese comentario y me irrito. 

Por lo visto, es una "broma", un comentario "de relleno", un comentario para "pinchar" y que el otro responda a modo de juego social. Pero yo no entiendo eso. No entiendo que en una situación cotidiana, en la que no estamos "divirtiéndonos", de repente se me haga una broma... me coge desprevenida. No hay señales en el entorno para que las capte y me quedo como "bloqueada". 

El le contó a nuestros amigos que me hace este tipo de "bromas" para ver si algún día las identifico y dejo de darles importancia. El caso es que a mis cincuenta años no soy capaz de identificarlas y no se si lo conseguiré. Ayer me di cuenta -me lo hicieron ver- que en realidad son pequeñas "travesuras". 

Bueno, si, ya... por fin entendí la intención de esas pequeñas travesuras intrascendentes y.. si.. he conseguido entender sus mentes, pero: ¿ellos entienden la mía?, ¿hacen los mismos esfuerzos que tengo que hacer yo?.

Sin ánimo de gresca, aproveché la ocasión para que entendieran qué me pasaba y como procesaba mi mente en esas situaciones que para ellos son banales, intrascendentes, divertidas. Decidí hacer uso de la didáctica más que del enfrentamiento y de forma muy serena les pasé a detallar lo que me ocurre en esos momentos:
  1. Si la broma es "de repente", sin un contexto previo en la que se inserte, no la anticipo y mi capacidad de reacción y adecuación queda mermada. Literalmente, me bloqueo. 
  2. Si la cara es seria o no puedo leer la cara porque estás en otra habitación no puedo interpretar la intención: ¿es una pregunta?, ¿es una queja?..
  3. Si el tono de voz es neutro y fuerte -al decírmelo desde otra habitación-, cuando el sonido llega a mi cerebro lo interpreto tal cual; es decir, "literalmente alto y fuerte"; por tanto, lo suelo interpretar  con valencia negativa y lo traduzco en queja o reproche. Si el tono tuviera un matiz de delicadeza no me enfadaría pues lo interpretaría "literalmente delicado" y, en consecuencia, no atribuiría nada negativo. Cuando el tono es neutro mis algoritmos mentales para descifrar intenciones se hacen un lío y es cuando se desata la confusión y de la confusión la irritación. Así que mi enfado es por no entender.
Intenté hacerles entender que para mí era muy difícil atribuir bien las intenciones cuando estas no son claras y aparecen de la nada, sin previo aviso ya que mi cerebro no "integra" toda la información de forma rápida y global (el qué, el cómo, el porqué). Mi mente se queda enganchada en una variable que suele ser el tono de voz y según sea este exploto o no. Si es neutro y alto me confunde y es cuando exploto. Cuando el sonido -neutro y alto-de la voz del otro llega a mi cerebro es como si me dieran un golpe con un martillo, como si me electrocutaran y la reacción de enfado es mi defensa. Si el tono tuviera un deje "amigable", suave no habría problema porque lo interpretaría tal cual.. como un sonido "no peligroso" y no me pondría en alerta.

Les comenté que si a mis cincuenta años todavía no era capaz de interpretar esas "bromas" o "travesuras"... ¿qué sentido tenía seguir haciéndomelas?, ¿qué sentido tenía hacérmelo pasar mal si es algo que no puedo identificar, ni controlar? 

Espero haberles incitado, de alguna manera, a la reflexión y a que consideren mi forma de ser. Entiendo que para ellos es complicado entenderme cuando desde sus lógicas mi mente procesa al revés de la de ellos. Lo que ellos ven como una broma yo lo interpreto como una burla, una ridiculización, un reproche. Es como hablar matices diferentes de un mismo idioma.

Me gustaría que la gente comprendiese el gran esfuerzo que tengo que hacer para interpretar situaciones cotidianas que pueden ser simples, inocuas o inocentes para otros. Mi mente procesa de forma literal y no integra la información de forma rápida. El mayor problema es cuando tengo que  leer la mente del otro a ciegas y de repente.


jueves, 30 de agosto de 2018

Las temibles crisis de ansiedad


Normalmente, tiendo a implosionar; pero en algunas ocasiones, he explosionado fuertemente. Me vienen a la mente dos situaciones en las que creo que tuve dos crisis de ansiedad -desde mi punto de vista- graves. Una de ellas fue en casa y otra en un lugar público, en una bolera. Estas, son las más graves que he tenido y que no quiero volver a tener. El recuerdo de ambas situaciones ya es en si mismo angustiante.

Una de ellas, fue en casa. El "detonante visible" pudo ser cualquier nimiedad. Ya no lo recuerdo bien, pero podría haber sido una broma, un comentario inocuo ("a la sopa le falta sal"), etc. Lo que recuerdo de ese momento es que empecé a gritar, a llorar, a hiperventilar. No podía respirar y estuve a punto de perder la conciencia. Me ahogaba. Literalmente, me ahogaba. Recuerdo que mi marido, al lado mío, me ayudaba a respirar, pero me resultaba difícil... era una lucha por sobrevivir. Era como estar presenciando la muerte que te arrastra hacia ella, pero que resistes con el escaso hilo de cordura que te une a la realidad.  Así lo recuerdo yo. Noooo... una crisis de ansiedad -si es lo que viví- no es nada agradable. Es como bajar al infierno. No quiero volver a vivirlas. En esos momentos en los que estás a punto de perder la conciencia, la cordura, tu mente lucha entre la vida y la muerte, lucha por no desaparecer.  Al final, lo conseguí. Después de una crisis, tu cerebro se apaga. Está tan agotado que no puede hacer nada, no puede pensar, no puede hablar... con respirar ya es suficiente. Ese día, tuve que anular mis citas de trabajo, cosa que -a su vez- me suele crear ansiedad y frustración por no poder cumplir con mis obligaciones, mis responsabilidades. 

La otra crisis de ansiedad -creo, que debió de serlo- fue en una bolera. Esa tarde-noche mi marido había quedado con su hermano y su pareja para salir. Fuimos a cenar y después decidieron ir a una bolera. El caso es que al llegar a la bolera, al rato, explosioné delante de todo el mundo. Fue la primera vez que me evidenciaba en público y fue... horrible, horrible, horrible, horrible, horrible. No pude controlarme y empecé a gritar. El ruido del local, los bolos entrechocando y siii... fue como si el ruido ambiente estuviese amplificado a mil por mil. Mi cabeza no podía soportarlo y me puse a gritar.... Tuve que salir fuera del local para recomponerme, pero lo que más me afectó es que los demás hubiese presenciado mi "numerito". Nunca antes me había pasado algo parecido...que yo recuerde. Mi sentido de la vergüenza -que es alto- me reconcomió por mucho tiempo.

Estas crisis de ansiedad no fueron "de repente", ni se dieron por los "detonantes visibles inmediatos" (el ruido de la bolera, el comentario inocuo), pues la tensión ya estaba inserta en mi por tiempo. Esas situaciones fueron la "válvula de escape" no los detonantes. Los detonantes fueron un cúmulo de circunstancias que a modo de vaso que se va llenando y llenando y llenando... un día..¡plofff!!! 

Los detonantes eran "invisibles", incluso para mí, por entonces. Ahora, si pienso en aquellas situaciones, me percato de que ninguna de las dos crisis se produjeron "per se" por un desencadenante inmediato del tipo Causa-Efecto. No... Era una tensión acumulada que tuvo que explosionar. En ambos casos, el vaso se fue llenando con la tensión por las responsabilidades diarias, por el cansancio y... el verdadero detonante fue, en ambos casos, los imprevistos, concretamente el trabajo de más no previsto. Cuando te haces un esquema con un listado de tareas y las cumples, pero...¡¡¡de repente!!! aparece un trabajo de más, o una circunstancia que tienes que resolver y que no te esperabas.. eso, unido a la tensión cotidiana que tienes como amiga, el cansancio, etc.... ¡¡¡ploff!!!

Nooo... en mi caso no fue una "crisis sensorial per se" -sin más- por el ruido de la bolera, pues, la tensión interna ya estaba gestionándose dentro. La tensión estaba latente durante todo el día y si no recuerdo mal, ya empezó el anterior. El ruido de la bolera fue "la gota que colmó el vaso", pero el vaso ya estaba lleno. Ese día, además del trabajo de más que tuve que asumir, se añadió el hecho de tener que socializar con personas "simpáticas al estilo común"; es decir, que todo el tiempo lo dedican a hacer bromas, a hacer tonterías, a decir boberías... y para colmo... ¡¡¡escogieron ir a una bolera!!!!!!.... así que os podéis imaginar... Mi rígido autocontrol no fue suficiente para evitar explosionar. No me gustan las boleras, pero estoy segura de que si no hubiese estado colapsada emocionalmente (lidiar con imprevistos, cansancio, tener que socializar y procurar seguir el ritmo social) hubiese podido contener la incomodidad de la bolera. La hubiese aguantado, pero no hubiese explosionado. 

Hasta el momento, he tenido enfados, pero no más crisis... y no quiero tenerlas. El recuerdo de estas dos experiencias son suficientes para hacer lo posible para evitarlas. Pero... ¿como se pueden evitar los imprevistos?, ¿como se puede evitar la responsabilidad de las tareas diarias?... Bueno, ahora, tal vez, pondría haber previsto el estallido y, tal vez, hubiese sido capaz de poner alguna excusa para no ir al encuentro social y menos a una bolera para evitar colapsar. De todas maneras, se pueden buscar "tiritas momentáneas" para calmar la tensión,  y controlar las explosiones, pero el estrés diario ahí está latente... haciendo de las suyas en el submundo de las emociones, esperando, esperando el momento. Por lo menos ahora puedo conocer mejor qué cosas podrían desencadenarme una crisis y poder evitarlas... Eso espero, porque no quiero volver a tener otra Crisis de Ansiedad. 

He estado mal en muchas situaciones, pero mi rígido autocontrol ha mantenido a ralla a las temibles crisis. Sin embargo,  el cuerpo tiene un aguante, un límite y aunque se tengan grandes capacidades de autocontrol -como creo que tengo- en determinados momentos... estallar puede ser inevitable. Por otro lado, una crisis tal vez sea un sistema de alerta. Es cuando el cuerpo -en su sapiencia por sobrevivir física y mentalmente- te recuerda que estas en el límite y... tienes que hacerle caso. ¡¡¡Ten cuidado!!!

Por ahora, aunque no he vuelto a tener otra crisis... la posibilidad de que vuelva a ocurrir siempre está ahí y ese pensamiento es mi Espada de Damocles.  Está la amenaza constante de que pueda volver a ocurrir de nuevo de forma inesperada.  


lunes, 27 de agosto de 2018

¿De verdad que esto es una mera "Condición"?


Se que esta entrada va a ser polémica, pero cuando me animé a escribir este blog-diario personal decidí ser honesta y transparente conmigo misma y así lo voy a hacer. Es como lo siento en estos momentos. Tal vez, dentro de un tiempo pueda verlo de otra forma, pero por ahora no veo que esto que me pasa sea por una mera "condición", por una forma de ser. Por "una forma de ser" no buscas un diagnóstico clínico y no consultas con una variedad de psicólogos y psiquiatras.

No se fingir emociones que no siento y hoy me siento mal. Me ha invadido una soledad mental atroz que ha hecho brotar lágrimas de nuevo... a escondidas. Hacía tiempo que no lloraba. Hoy necesitaba llorar y desahogarme: "no quiero ser asperger", "no quiero ser asperger" me he repetido a mi misma en mi soledad. 

Cuando me encuentro inmersa en la rutina del trabajo, ésta me acapara de tal forma que no tengo tiempo de pensar en mis limitaciones, más cuando a nivel laboral mis pobres capacidades sociales no repercuten en mi productividad. Tengo suficientes recursos sociales para manejarme en la rutina diaria. Sin embargo, es en los periodos de vacaciones cuando me domina -en algún momento- la rabia interna, el enfado, la tristeza por... no poder disfrutar del ocio con gente. 

En los momentos de vacaciones es cuando la gente ocupa más tiempo quedando con familiares, amigos y es cuando me veo a mi misma aislada del mundo. Es cuando me encuentro en mi burbuja hermética y sin  salida. Es cuando los amigos -de mi marido que por rebote son los míos- nos dicen de quedar, de hacer algún viaje de fin de semana juntos. Es cuando, al tener más tiempo libre, debes de quedar mas con los familiares. Es cuando ves como tus amigos se van de vacaciones y DISFRUTAN de ellas en compañía de otras personas. 

Yo... no puedo hacer nada de eso. Veo como los demás disfrutan estando con gente y yo... ¡¡¡No puedo!!!, ¡¡¡no puedo!!!, ¡¡¡no puedo!!!!

Mi marido necesita sus momentos sociales y se va a ir una semana de vacaciones con amigos... Yo no puedo acompañarle y... me siento fatal. Se que si fuese, al segundo día me invadiría la ansiedad por no poder ser social de forma mantenida; así que me he quedado en casa. La verdad, es que prefiero quedarme en casa que irme una semana con "amigos". Por otro lado, no puedo esperar que él se acomode a mí completamente y se quede conmigo... No puedo hacer eso porque eso me haría sentir más culpable. Lo que me ha puesto triste no es que él se vaya con sus "amigos" -que son los míos-; sino el hecho de no poder estar con ellos y DISFRUTAR. Son personas que conocen mi diagnóstico, saben que me puedo colapsar y lo respetan. Pero, yo no quiero ir para que no sientan que tienen que "cuidarme", no quiero ser una carga emocional para nadie, no quiero que mis limitaciones limiten a los que quiero... y eso me ha hecho pensar que... ¡¡¡no quiero ser asperger¡¡, ¡¡¡¡no quiero ser asperger!!!!.... 

¿Algún día podré DISFRUTAR con las personas -incluso con las que quiero y me quieren-?

Tengo ganas de llorar por lo "no sentido", "por lo que no viviré"... ¿De verdad que esto es una mera "Condición"? ¿Si es una forma de ser porque no consigo comunicarme con espontaneidad con la gente a la que aprecio?

Me siento triste porque me siento un ser excluido de la sociedad porque YO no se- no puedo incluirme. Ellos hacen esfuerzos por incluirme, me aceptan como soy; pero, soy Yo... Hay "algo" en mi que no funciona bien a nivel social. Mi dificultad es primordialmente social. No... no es baladí. Me siento como antaño cuando miraba como jugaban los otros niños desde el balcón... Es lo mismo. Nada ha cambiado. Lo único que ha cambiado es que ahora puedo simular cierta sociabilidad por un tiempo y antes no. En esencia, me sigue pasando exactamente lo mismo que cuando era niña. Y, se que el problema lo tengo yo. Hay algo en mi que me limita tener y disfrutar de las relaciones sociales recíprocas, incluso con personas a las que aprecio y me aprecian... ¿de verdad que es una mera Condición? y ¿por qué siendo "tan funcional" todavía lloro por lo no sentido, por lo no vivido, por sentirme a años luz de las personas que tengo cerca?.. ¿por qué?

No... no lo siento como una "mera condición", yo lo siento como algo más profundo que me limita las relaciones sociales. ¿Por qué me cuesta tener iniciativa social?, ¿por que no me sale el impulso de preocuparme por los demás de forma espontánea?, ¿por qué no tengo el enfoque o curiosidad por hacer amigos?, ¿por qué no disfruto habitualmente con la gente?, ¿por qué me cansa estar con gente?

Por una "mera" Condición no haces un recorrido por profesionales buscando comprender que te pasa, buscando ayuda. 

Os voy a contar la situación-detonante por la que decidí buscar un diagnóstico. No se si ya la habré contando en otra entrada. Si es así, disculpad la reiteración. 

Era un viernes, hace unos cuatro años. Estaba en el trabajo y no acudió la cita que esperaba, así que mi marido me invitó a dar un paseo por el centro de la ciudad. Me pareció buena idea; así que fuimos paseando al centro. Me encontraba bien, contenta. Todo empezaba bien. Por el camino me apeteció entrar en una tienda de ropa -esos grandes comercios-. Le dije que quería mirar algo de ropa y el aceptó. Mientras yo ojeaba ropa, él se quedó en la entrada del establecimiento esperándome. Mientras yo miraba ropa, le miraba a él y me pareció que tenía "cara de enfado"; así que me acerqué a él toda enfadada y le dije en forma brusca... "vámonos".. él se quedo perplejo. Eso lo se ahora. Yo pensaba que él "estaba enfadado" por que tal vez no le apetecía que yo estuviera viendo ropa, así que me enfadé porque pensaba que él estaba enfadado. De la "nada" empecé a enfadarme de forma desproporcionada. En el enfado -que yo inicié- él me dijo algo así: "cómo puedes saber lo que siento si no estas en mi mente"... Sus palabras me dejaron paralizada y entonces fue cuando pensé -por primera vez- que, tal vez, él tuviera razón y yo no estaba "leyendo bien su mente, sus emociones"... 

¡¡¡¡No estaba enfadado, solamente estaba SERIO!!!!!". 

El bloqueo me llevó a una irritabilidad que ya no pude controlar y nos fuimos para casa. Yo súper enfadada y él descolocado con mi reacción. Al llegar a casa, no pude hablar, no pude comer y mi cabeza empezó a borbotear. En ese borboteo, me vino la sospecha seria de que tal vez... YO tenía un problema. Un problema que me impedía leer emociones si estas no eran evidentes, que me impedía interpretar intenciones si estas no eran claras, que me impedía controlar emociones -sobre todo, las de enfado-. El problema con los enfados era que nunca sabía cuando iban a desencadenarse porque no sabia cuales eran los detonantes. Ahora puedo, retrospectivamente, entenderlos e identificarlos. Podían enfadarme y descontrolarme "cosas imprevisibles", por ejemplo, las "caras neutras", cuando las cosas no ocurrían como yo las había planeado en mi mente, cuando no "leían" mi mente y no se anticipaban a mis necesidades o deseos. Los imprevistos o las rupturas de mis esquemas mentales podían ocasionar enfados de la "aparente" nada y sin previo aviso, incluso... para mí. ¡¡¡Ahora entiendo tantas cosas!!!!

¿De verdad que esto es una mera "Condición"?

Ese día, de lo alterada que me puso la situación, no pude ni ir trabajar y la forma de calmar la tensión -la gran tensión- fue... hiperfocalizar mi mente en una tarea específica relacionada con mi trabajo. Al llegar a casa, sin comer, me metí en el ordenador a crear un material para el trabajo. Creo que era mi forma espontánea de intentar controlar la ansiedad, frustración, tensión... Cuando mi marido llegó a casa del trabajo, me acerqué a él y le pedí disculpas. Fue la primera vez que me acerqué a él -tras un enfado mío- para disculparme. Me costó mucho, muchísimo, muchisísimo... Él, como siempre, me abrazó y ya. La tensión disminuyó. 

Ese día sentí de verdad que necesitaba buscar ayuda. Sentí de veras que esos enfados no eran "normales" y que no los entendía porque no podía anticiparlos... Nunca sabía CUANDO me iba a enfadar. Creo que mis enfados no eran "comunes", en la medida de ir acumulando tensión y explotar. Mis enfados eran imprevisibles y no buscados. No se cómo explicarlos. Eran enfados por "no entender". Ahora entiendo y hace tiempo que ya no tengo enfados de esos... Me puedo enfadar por cosas comunes como que la casa esté desordenada o cosas así; pero antes los enfados eran... eso: imprevisibles-incluso para mí- por no entender. 

¿Una mera "Condición"?

Yo lo siento como un Trastorno, entendido como una "alteración" de algunos procesos mentales. En mi caso, algún circuito mental relacionado con la socialización (identificación de emociones, de intenciones, de iniciación social, de ejecución social...) está "alterado". No me da reparo nombrar la palabra "alteración" porque yo lo siento así y desde bien joven. Pero desde que soy consciente de qué tipo de alteraciones tengo puedo anticiparlas mejor y buscar formas alternativas para entenderme y manejarme en el día a día. A nivel social, mi espontaneidad está afectada y eso limita mi socialización. No puedo hacer nada, más que aceptar que es así y de vez en cuando llorar por ello. El no obligarme a socializar mitiga mi tensión social, pero cuando inevitablemente me comparo con los otros y veo como disfrutan socializando es cuando me vengo abajo y me inunda una tristeza tremenda. En esos momentos es cuando el reflejo del espejo me recuerda la realidad, mi realidad sin compasión y de forma dolorosa. 

Se que mañana me levantaré recompuesta después de llorar. Siempre me levanto. Siempre busco formas de distraer la mente para no pensar en mis limitaciones. Si... "limitaciones sociales". 

Mañana me levantaré y planificaré el día llenándolo de actividades para "no pensar", para "emborrachar" mi mente. Se que se me pasará. Mañana se me pasará, pero hoy necesito llorar.

¡Buenas noches!
¡Hasta mañana!