domingo, 8 de julio de 2018

Enfrentando la Realidad Social



Hace un tiempo escribí una entrada en la que comentaba sobre mis estrategias de "acomodación social", que se resumían básicamente en tres: ser una escuchadora, ser una preguntadora y ser una evitadora. Esas estrategias, por decirlo de alguna manera, las he usado para "salir del paso", pero en realidad no me han ayudado a integrarme en los encuentros sociales. 

Poco a poco he ido desarrollando otros mecanismos, creo que un poco más sofisticados para llevar conversaciones, que explico en la entrada del blog "Mente en Blanco" (Los "Algoritmos mentales", "Seguir el hilo", la "Reformulación", los "Temas programados") y, otra estrategia básica es la "Guionización", de la que también hay una entrada específica en el blog.

Antes, enfrentarme a una situación social me creaba una ansiedad anticipatoria que intentaba controlar diciéndome a mi misma: "hoy te lo vas a pasar bien", "hoy vas a estar en la conversación", "hoy vas a ser simpática". Y, ocurría que empezaba bien, pero al poco tiempo mis recursos socio-comunicativos se agotaban y era cuando me invadía la ansiedad. Ya he comentado sobre ello en otras entradas del blog. 

Debo de decir que la ansiedad social que siento no es por el temor a lo que los otros puedan pensar de mí o a ser juzgada, ni por no atreverme a hablar con gente... no es eso. Mi ansiedad social se da cuando me voy dando cuenta de que mis recursos socio-comunicativos se van terminando y me es imposible seguir el flujo social. Mas que importarme lo que los demás puedan pensar de mí en esa situación, lo que me preocupa es ser evidenciada en el grupo y que acaben haciéndome esas odiosas preguntas del tipo: que te pasa, estás muy callada, etc. etc. etc. La ansiedad social aparece, también, cuando me siento fuera del círculo social que es ese momento en el que "desapareces". Ya ni se acuerdan de tu presencia.

Ahora, las cosas van cambiando un poco desde que ya no me culpabilizo de mi ineptitud social. La he asumido y sé que en muchos encuentros sociales no voy a poder seguirles así que me preparo mentalmente antes de enfrentarme a esas situaciones. 

Ahora procuro seleccionar mucho con quien ir y cuánto tiempo estar; pero cuando tengo que ir a reuniones sociales no deseadas, procuro buscar mecanismos internos para que no me invada la ansiedad. Estos son algunos de los mecanismos que me sirven para mitigar la tensión social: 
  • Me hago a la idea de que van a durar un poco, pero que se terminan. Tienen un final. ¡¡¡Tienen un final!!!!. Ahora lo vivo como una especie de "trámite social". Algo que de vez en cuando se tiene que hacer. Es como una reunión de trabajo que no te apetece, pero que tienes que hacer. Pues así pienso yo sobre los encuentros sociales convencionales.
  • Decido ir sabiendo que me puedo colapsar, con lo cual ya voy preparada mentalmente para esos momentos y los planifico. Antes planificaba "cómo integrarme en el grupo". Ahora planifico qué hacer cuando empiece a colapsarme; es decir, que recursos usar para "descansar". Algunos de los trucos son: ir al baño y relajarme; ayudar en tareas como fregar los platos, poner la mesa, ayudar en los preparativos de la comida, con la idea de evitar estar en las conversaciones. Estar "ocupada" me ayuda a buscar una actividad con la que desconectar de ellos y descansar sin que lo vean muy "raro". A veces, me pongo a jugar con algún niño -siempre y cuando ese niño sea adorable para mí, si no no-. En definitiva, busco formas de alejarme momentáneamente del grupo sin que lo vean muy raro y sin culpabilizarme por ser una inepta social. 
  • Ya no voy con la obligación personal de intentar "pasarlo bien" con ellos. Se que no va a ser así. Es una realidad y ya no me siento culpable por "no disfrutar con ellos", ni siento la obligación de "caerles bien". Ese ha sido el gran cambio: no sentirme mal por no conectar con ellos. Ahora veo la realidad desde otra perspectiva: antes pensaba que la obligación de caerles bien era mía, que yo era la "aburrida", pero ahora no lo siento así. Ya no siento esa necesidad y lo curioso es que me he dado cuenta de que son ellos los que me aburren a mí. Eso hace que ya no me culpe por no conseguir socializar con la gente. En cuanto a ellos, los acepto, los tolero, pero no los disfruto. Es una realidad. Es así y no hay más que añadir.
  • Tengo claro porqué voy: es un pacto con las personas que aprecio, sobre todo, con mi marido. Él necesita socializar, así que le acompaño a encuentros sociales con sus amigos. En esas situaciones, yo me hago a la idea de estar "haciendo algo por él". Es como un regalo que le hago. Lo hago por él y ese pensamiento me hace sentir bien porque salir tiene un objetivo ("hacerle un regalo"). Si él se lo pasa bien yo ya me encuentro bien. Es mi forma de demostrar mi afecto. Debo de decir, no obstante, que no siempre puedo hacerle estos regalos sociales y le pido quedarme en casa, aunque procuro hacerlo de vez en cuando. 
  • Para que no me invada la sensación de "pérdida de tiempo" aprovecho la ocasión para "estudiar el comportamiento humano"... ¡¡¡me estoy convirtiendo en una gran "Antropóloga social"!!! :-)
Además de las estrategias que comentaba en la entrada del blog "Mente en Blanco", estoy usando otras estrategias como las "Representaciones mentales"...ya no se si os he comentado sobre ellas. Por ejemplo me imagino que en la mente tengo un "botón de encendido y apagado social" que acciono antes y después de los encuentros sociales. Enciendo el botón cuando ya veo a la gente aparecer y es entonces cuando simulo "ser social". Me preparo para ser una actriz social, sabiendo que lo soy, sin pensar en disfrutar. Pienso que es una función que va a durar un tiempo y que... terminará. La diferencia de antes es que ahora sé que soy una actriz y no espero pasarlo bien. Es una obra de teatro asignada, no deseada. Eso me relaja porque se que va a terminar, eso si... acabo agotada y cuando acciono el "botón de apagado" me quedo como muerta por días. Ahora me invade más el cansancio que la ansiedad... Lo considero un gran paso para mi estabilidad emocional.

Creo que el gran cambio está siendo el de aceptarme, aceptarles y, sobre todo, no esperar disfrutar. No crearme expectativas irreales. Tal vez, muchos piensen que es una lástima pensar así, pero para mi es un alivio. Es, como ya he comentado, un "trámite" que tengo que pasar. 

Espero, no obstante, ir encontrando gente "afín" con la que me sienta realmente bien y con la que no tenga que hacer todo ese esfuerzo mental para socializar. Por ahora, son pocas las personas con las que me siento libre de ser yo misma, pero no necesito de más.

Me encantaría disfrutar en los encuentros sociales como creo que lo hacen otros. Antes era un anhelo que me reconcomía por no sentirlo. Ahora es una realidad que acepto y manejo. 

domingo, 24 de junio de 2018

Mi Teoría de la Mente y las "Aspercagadas"


Últimamente no paro de pedir disculpas y es que cada vez meto mas la pata. Antes, al ser exageradamente inhibida con un rígido autocontrol no resultaba inoportuna... ¿cómo lo iba a ser si no hablaba?. En contrapartida tenía que enfrentarme a los constantes comentarios punzantes del estilo: "no dices nada", "qué te pasa", "te encuentras mal". Mi mente se cerraba y lloraba por dentro culpabilizándome por ser una boba, una inútil social.

Ahora, en algunas circunstancias, me deshinibo con más facilidad, pero cuando lo hago... la cago (término que voy a usar cariñosamente hacia mí). En esas circunstancias no pienso lo que digo y la lío, pues puedo decir cosas inoportunas o decir cosas en un tono que es interpretado como brusco, impetuoso y puedo llegar a ofender. El caso es que yo no me doy cuenta de ello de forma inmediata y a veces, no me doy cuenta si no me lo dicen de forma explícita. A veces hablo con impulsividad sin darme cuenta en cómo mis palabras pueden ser recibidas por el otro, más cuando no tengo la intención intencionada -la redundancia es deliberada- de dañar u ofender. Pero... ¡¡¡vaya¡¡¡ no parece ser así: a veces digo cosas que al otro le ofenden. De verdad... no hay mala intención. No hay intencionalidad malsana de hacer daño... pero lo hago y si el otro no me lo dice no lo veo, no lo percibo, no lo registro.

Mi mentalismo no es deformado, retorcido; es algo mas simple, más ingenuo; pero no por eso menos doloroso para quien me sufre en algunos momentos. 

Pensando sobre mi mentalismo, por ahora me he detectado algunas particularidades que van de un Mentalismo Lento, a un Mentalismo Dormido. Decir que cuando me hiperconcentro en determinadas situaciones sociales (las pienso conscientemente) mi mentalismo es ajustado. 

Como mentalizar es tan complicado, muchas veces, opto por desconectar o por mantener una actitud del tipo no implicación social ("Estando sin estar").


Ejemplo de "Mentalismo Lento": 
Hace unos cuantos años decidí volví a retomar los estudios y empecé a hacer un máster (obvio la temática porque es irrelevante para la explicación). Decidí ser social, así que me iba a la cafetería para estar con algunos de mis compañeros. Recuerdo una ocasión en la que una compañera estaba enfadada porque -según ella- el profesor le había puesto una nota más baja de la que se esperaba teniendo en cuenta todo lo que había estudiado. A mí, en esa situación no se me ocurrió otra cosa que preguntarle: "¿y que análisis estadístico has hecho?" y cuando ella comentó, acto seguido le respondí: "¡¡¡ese análisis es muy simple!!!". Entonces, se hizo el silencio y su cara enmudeció. Fue cuando me percaté de que no tenía que haber dicho lo que dije (que en definitiva quería decir: "te pusieron baja nota porque el análisis que decidiste hacer era de los más simples para aprobar"). De repente, me di cuenta de que tenia que haber filtrado (no decir lo que pensaba) y hacer como los demás: consolarla. Me di cuenta después, a destiempo, que la había "cagado", que había cometido una "aspercagada" (así las llamo para reírme de mi y para que el error social cometido no me reconcoma). Os puedo asegurar que no hubo mala intención, no hubo retorcimiento, ni ironía, ni nada de eso. Mi razonamiento salió de la mas pura sistematización... pero socialmente "la cagué".


Ejemplo de "Mentalismo Dormido"
Os comento uno de los últimos que recuerdo mejor, pero seguro que he metido la pata muchas veces y no me he dado cuenta. 
Hace unos meses, estaba con una compañera de profesión -pero que no trabajamos juntas- en una situación de "ocio" (cenando juntas con mi marido incluido). En la conversación salió un tema de trabajo y yo le dije algo que a ella no le agradó, pero yo no me percaté. Cuando la cena terminó y volvía a casa con mi marido, él me comentó que yo había sido brusca en la comida al comentar sobre la situación que se planteó. ¿¿¿Yo???...¡¡¡de verdad¡¡¡¡ no recuerdo haber sido BRUSCA.. Yo pensaba que había sido enfática , pero no ofensiva -más cuando no pensé en serlo- comentándole lo que opinaba. Según me dijo mi marido es muy posible que esa persona se sintiese ofendida, criticada. Yo, sin embargo, pensé que estaba opinando, no criticando. No me percaté de que mis palabras y mi tono enfático pudieron ofenderla de sobre manera. No vi señales que me hicieran ver que no estaba siendo correcta. 

¿Por que es un ejemplo de "Mentalismo Dormido"? pues porque si mi marido no me hace ver que fui brusca.. yo NUNCA me hubiese dado cuenta. ¿Y, por qué "dormida"? por que no es una completa ausencia de capacidad mentalista, no es una ceguera irreversible.. es una ceguera reversible siempre y cuando alguien me la haga ver.  No se muy bien como explicarlo.  Cuando me hacen ver que la he liado... entonces, mi cerebro lo ve y ...¡¡despierta!!! Lo malo al despertar es el sentimiento de culpabilidad:  me siento fatal, fatal. 

Tras un análisis retrospectivo de la situación puedo darme cuenta de mis errores sociales, mis meteduras de pata, pero eso no garantiza que no vuelva a cometer errores sociales ("Aspercagadas") de nuevo en otras ocasiones, pues mi cerebro no es capaz de anticipar en otras situaciones nuevas. Para evitar los errores sociales, tengo que mantener a mi cerebro en constante ALERTA.... No es fácil. Espero que con vuestra empatía innata seáis condescendientes conmigo y no me lo tengáis muy cuenta. Podéis hacerme ver el error -os lo agradecería-, pero os pediría que lo hagáis de forma cuidadosa pues cuando despierto el sentimiento de culpabilidad es eterno y es cuando me vienen pensamientos de abandonar, de excluirme, de rendirme. Si.. soy una exagerada. Es lo que tiene tener una mente hipersensible...

¡¡ay¡¡ que complicadas son las relaciones sociales: para los demás relacionarse conmigo y para mi relacionarme con los demás.

Mi capacidad para mentalizar de forma ajustada está directamente relacionada con mi estado de ALERTA y ENFOQUE SOCIAL ACTIVO (palabrejas autoinventadas para definir mis estados mentales). Tengo que obligar a mi cerebro a estar en alerta constante y pensar no solo lo que tengo que decir o no decir, sino en analizar al otro, el entorno y decidir si lo que iba a decir puede ser adecuado o no....¡¡¡uuuffff¡¡¡¡... ¿quien dijo que esto era una mera condición?

Es curioso, si estoy en formato "escuchadora activa" soy capaz de leer matices sociales en otros que me permiten ponerme hábilmente en el lugar el otro y empalizar e, incluso, "hiperempatizar"; 
pero...
Si estoy en formato "habladora apasionada" me centro en mi discurso y no pienso en las repercusiones en el otro de lo que pueda decir,  más cuando no hay mala intención en molestar u ofender ...¡¡¡¡de verdad¡¡¡¡¡¡. Cuando estoy en formato "apasionada" no leo señales sociales si  estas no son muy evidentes. Es entonces, cuando me tienen que hacer ver que no estoy ajustando...

Cuando estoy en formato "Habladora apasionada" no guionizo y es un alivio. El discurso me sale solo, PERO... tiene su contrapartida: es impulsivo y monocentrista (no se cómo explicarlo): me centro en lo que digo ("me sale solo"), pero mi cerebro no anticipa, ni planifica, ni preve las posibles consecuencias SOCIALES de lo que digo y es entonces cuando la cago. 

¿Y... que tengo que hacer para no liarla, para evitar las "Aspercagadas"? pues tengo que tener a mi cerebro social en constante ALERTA para prever posibles consecuencias. Prever requiere de un esfuerzo mental enorme que conlleva: 

  • Inhibir el apasionamiento mental para evitar la hiperfocalización mental y la hipofocalización social. Tengo que autocontrolar el impulso mental y para ello tengo que obligarme a darme un tiempo de latencia mental para pensar lo que DEBO de decir y lo que NO DEBO de decir. Necesito unos segundos para pensar no solo qué decir, sino si lo que diga va a ser adecuado a la persona (a esa persona en particular) y al contexto.
  • Estudiar (Conocer muy muy bien) a la otra persona para saber hasta que punto puedo llegar a ser apasionada sin que se sienta agredida. Estoy comprendiendo que esto solo lo puedo hacer con unas pocas personas que me conocen mucho, mucho y saben que si la cago no hay mala intención. El problema viene cuando mi impulsividad mental se activa con gente que acabo de conocer o que me conocen poco... entonces, interpretan grosería, brusquedad, impetuosidad... y tal vez, más cosas que no me digan.


¡¡¡¡SOCORRO!!!!!!! 
¡¡¡¡SOCIALIZAR ES AGOTADOR!!!!!
¡¡¡UUFFFF!!!.... NECESITO UN DESCANSO DE LA HUMANIDAD :-)

Que complicadas son las relaciones sociales, sobre todo, en situaciones triviales y con gente que no te conocen profundamente y que no conoces bien.... 

Me fascina la habilidad que tienen los demás para poder relacionarse sin tener que hacer tanto esfuerzo mental. No se cómo lo hacen. Admiro esa facilidad para socializar que tienen algunos. Y es entonces cuando me pregunto: ¿una mera condición?, ¿una forma de ser?... ¿cómo siendo "altamente funcional" para determinadas cosas, soy tan "bajamente funcional" para otras?. Soy "bajamente funcional" para algo tan, tan humanamente esencial como es la socialización... ¿una mera condición?.

Lo bueno es que ya no me victimizo... estoy intentando manejarme en el mundo aprendiendo a hacerlo... Este máster es el más complicado... el máster de la vida, pero no me rindo... ¡¡¡lo conseguiré!!! :-)


viernes, 22 de junio de 2018

No a la Victimización


Escribir sobre mi pasado oscuro (la "Época Fango") y sobre las situaciones que me incomodan me sirve para exorcizar pensamientos negros que todavía siguen ahí, aunque su recuerdo es cada vez menos doloroso. Escribir sobre el pasado me ayuda a expresar esas emociones que quedaron guardadas en su momento, pero no quiero caer en la Victimización.

La victimización no ayuda a evolucionar y yo quiero evolucionar.

Quedarse fijada en la "Epoca Fango" o en los momentos negros paraliza y no ayuda a evolucionar y yo quiero evolucionar.

No quiero ser tratada como a una niñita a la que hay que cuidar, a la que hay que acomodar el entorno completamente a ella para que "esté bien". No soy de cristal y aunque por fuera pueda parecerlo, por dentro soy de hierro. Las lágrimas brotadas en el pasado ahora son la energía que me impulsan a evolucionar. Me niego a caer en la Victimización. 

No quiero las migajas de los demás. 
No quiero ser incluida al modo: ¡¡¡¡pobrecita, hay que ayudarla!!!
No quiero el paternalismo-maternalismo de los demás. 
No quiero ser tratada diferente.
No quiero ser una carga para los demás. 

Quiero integrarme a mi modo, seleccionando a la gente, los espacios, los momentos, los tiempos. Quiero integrarme, sabiendo que el mundo entero no puede girar sobre mi y que yo tengo que aprender a manejarme en este mundo de una forma asertiva sin perder mi idiosincrasia. Quiero integrarme buscando mis recursos para manejarme en él. 

Se que tengo que pactar y sufrir mi "asperansiedad" en algunos momentos... Lo se, pero prefiero aguantar mi "asperansiedad" que revolcarme en el fango de la nada, de la parálisis del miedo. Ese fango es más doloroso que la ansiedad de enfrentarme al mundo.

No quiero caer en la Victimización, pero tampoco en la Culpabilización de la humanidad. 

No quiero echar la culpa al mundo de lo que me ha pasado o, a veces, me pasa. Ese sesgo cognitivo (Generalización Apresurada) de pensar que "todo el mundo es malo" no ayuda a evolucionar, más cuando no es cierto. Algunas personas buenas intentaron ayudarme, pero yo no supe recoger esa ayuda. Yo puse mi barrera para no ser ayudada. Mi reserva extrema y mi extremo orgullo -la redundancia es intencionada- no permitían el acceso de los otros a mi para recibir ayuda, pues me hacía recordar mi debilidad y vulnerabilidad.

Si... sufrí de acoso en el instituto, un acoso que ahora puedo reconocer que era de tipo sexual. En su momento no lo identifiqué así, pero no puedo culpabilizar al mundo por lo que hicieron unos pocos. 

No siento odio, no pienso que el mundo está confabulado para hacerme daño a propósito. Me hicieron daño, pero he ido aprendiendo a seleccionar a la gente ("a modo de colador") y me da igual si, incluso, son familiares. Las personas que me resultan tóxicas, ahora, simplemente las aparto de mi vida sin contemplaciones, pero no me revuelco en el fango, en el odio a la humanidad. 

Ahora, ese pasado oscuro revive de forma renovada pues me permite disponer de la empatía para comprender a otras personas que han pasado por lo mismo. Lo comprendo, lo siento y lo sufro (a veces, incluso, lo "hiper-sufro"), pero quiero usar ese dolor y ese conocimiento para ayudar a comprender a los que no comprenden. Quiero ayudar a esas personas que están todavía en el fango del miedo y del odio a salir de él y a evolucionar. Evolucionar sin perder la identidad. Quiero ayudar a que las personas que han vivido experiencias parecidas, se acepten, se comprendan, se quieran y que aprendan a salir poco a poco del fango de la nada para ver nuevos enfoques vitales... 


domingo, 3 de junio de 2018

Aprendiendo eso de la "Reciprocidad Social"


No me di cuenta de que no tenía reciprocidad social hasta que decidí consultar con profesionales. Siempre me ha costado seguir una conversación, compartir intereses y mostrar afecto o preocupación por otros, sobre todo, por los que tengo cerca. ¡¡¡¡No me di cuenta de ello¡¡¡¡. 

No me di cuenta de que nunca he preguntado a mi marido por cómo le ha ido el día, por sus preocupaciones, por "sus cosas". Si estas no son muy evidentes no siento el impulso espontáneo por preguntar, por preocuparme, por mostrar afecto. Lo mismo me pasa con mi hija y reconocer esto ha sido muy doloroso porque me he sentido como un ser desalmado. No recuerdo haberle preguntado por cómo está. 

Esto, ahora me parece doloroso porque me siento culpable por no ser "recíproca", por no pensar en los demás... en aquellos por los que tengo que preocuparme. 

Estoy tan imbuida en mi misma que, literalmente, me he olvidado de las personas allegadas...¡¡¡¡se me han olvidado!!!. Las personas han sido como cosas difusas que estaban ahí, que pululaban por ahí. Es duro reconocer  mi  "egocentrismo". A mi favor puedo decir que no he tenido mala intención. Simplemente: no he sentido el impulso por preocuparme por ellos y mostrar interés. 

Desde que se que adolezco de reciprocidad social, me obligo a serlo. Ahora me obligo a preguntarles e, incluso, me he atrevido a tocarles... Si.. a tocarles de forma afectuosa. Se que a la gente le reconforta que se les toque de forma cálida... Yo, lo he ido aprendiendo. 

Como no me sale espontáneo todavía soy egocéntrica, pero cuando me  recuerdan mi "no reciprocidad", pido disculpas e intento repararlo. Entiendo que tiene que ser así: para que los demás piensen o hagan cosas por ti, tú también tienes que pensar y hacer algo por ellos. La diferencia es que a ellos les sale sin más. Yo, algo tan "humano", lo tengo que pensar.

Hace apenas una semana, mi marido me lo echó en cara a modo de "¡¡¡despierta!!!!". Él siempre me acompaña a los encuentros sociales, incluso, de trabajo. Él me lleva a las reuniones, me espera y luego me lleva a casa. Es algo que "él hace por mí" sin esperar nada a cambio... por que le nace. El caso, es que en uno de esos días que me acompañaba, al salir de la reunión, me dijo que tenía que llevar el coche a limpiar y yo, con tono de hastío, le dije que me dejara en casa y que fuese él. Entonces, él -con toda la razón del mundo me hizo ver mi "egocentrismo"-. Me replicó algo así: 

"Yo te llevo siempre a tus reuniones y no me importa. Suelo esperarte una y dos horas hasta que terminas y te voy a recoger. Y yo te pido que me acompañes a limpiar el coche, que son apenas diez minutos, y me dices que vaya yo..."..

Fue como un bofetón de realidad. Me di cuenta que soy una egocéntrica egoísta y que siempre he sido así. Esto me hizo pensar. Tuve que darle la razón y disculparme. Eso de disculparme me ha costado horrores, pero lo estoy consiguiendo. 

Desde que lo se, estoy intentando obligarme a hacer cosas por los demás -por las personas cercanas- para llegar a ser "recíproca". No me sale fácil. Todavía lo tengo que pensar, pero espero ir mejorando. Debo de ser recíproca -no como una obligación- sino porque se lo merecen, porque están ahí a pesar de mi egocentrismo. Siento la obligación de cambiar, de cambiar para mejorar y evitar que la gente que está al lado mío se sientan mal.

El proceso de aprendizaje es lento porque tengo que estar en alerta y detectar cuándo tengo que ser recíproca. No veo bien las señales, ni el momento. He conseguido ser recíproca en algunas rutinas habituales como saludar al llegar a casa (antes no), besar a mi marido por las mañanas (antes no), acercarme a hablar con mi hija más a menudo (antes no). 

Menos mal de que me di cuenta de mi pobre reciprocidad social hacia la gente que tengo cerca... Me acomodé a vivir en mi "mismidad" y pasé de los demás, de los que realmente tengo que interesarme. Me preocupé del mundo, de los demás, de personas que no tienen nada que ver conmigo y en este camino, me olvidé de la personas importantes. Ahora me siento en la obligación de recompensarles todo lo que han hecho por mi y todo lo que han tenido que aguantar.

A veces, echamos la culpa de todo lo que nos pasa a los demás, pero vale la pena pararse y pensar en nuestras propias acciones y valorar si algo de culpa no la tendremos nosotros también. Estoy aprendiendo a ver la realidad desde otro punto de vista más global, aunque eso suponga reconocer la propia responsabilidad y culpa. Espero que esto me haga "madurar" como persona. 


domingo, 20 de mayo de 2018

"mira" -me dice-..."mira"... ¡¡¡el qué!!!


Y, hoy me ha vuelto a pasar. Estábamos doblando ropa mientras él miraba la televisión. Yo estaba concentrada en la tarea y de repente me ha dicho "Mira". Yo le he hecho caso, he levantado la cabeza y como perdida en el universo he recorrido mi vista por todo mi alrededor.... buscando "algo". Me he quedado como una boba mirando para un lado, para otro hasta que él me ha exclamado: "¡¡¡Ya no es necesario que mires... quería que vieras un gato!!!!. Me quería indicar que "en la televisión había salido un gato" (sabe que me gustan los gatos y quería compartirlo conmigo). 

De verdad, me he esforzado por encontrar.. algo... Pero ¿qué algo?. No sabía lo que tenía que buscar. Como he notado su, no se... enfado, disgusto le he espetado: "¡¡¡Pues, es que me tenías que haber dicho: "mira, en la televisión sale un gato"¡¡¡¡, siendo más concreto. 

Él me ha dicho que para centrar mi atención en lo que él quería expresar yo tendría que haberme fijado hacia dónde él estaba mirando para interpretar bien su intención... Para mí, esto es algo que todavía se me escapa. La indicación "mira" es indefinida y me deja en el limbo del infinito. Por eso solo pido que se sea claro, que la información que se me tenga que dar sea precisa para evitar estar dando "tumbos" en el universo buscando señales de "un no se qué". 

Me maravilla la facilidad que tienen las otras personas para descifrar lo "indescifrable", lo invisible. En muchas ocasiones, el no poder interpretar las señales "invisibles" para mí (y evidentes para otros) me ha generado momentos de tensión, de enfado.

Ahora entiendo: 
Mi mente se queda enganchada en la inmediatez, en lo concreto y no infiere en determinadas situaciones. Tal vez, sea una forma de "literalidad mental". En frío, cuando me lo explican lo puedo entender, pero en la versatilidad y celeridad del momento mi mente sigue sin interpretar bien. Es como tener una ceguera a elementos que cuando son nombrados se vuelven visibles. Es como una ceguera cognitiva reversible (cuando se me especifica).

No es que no quiera hacerte caso, 
No es que no me fije...
Es que no se en qué tengo que fijarme...


El 14 de febrero del 2018 ocurrió algo -que ya comenté en la página del face en su momento- que me hizo pensar seriamente sobre mis procesos mentales, concretamente, en mis dificultades para "inferir" cuando no tengo toda la información disponible y mi cerebro tiene que "rellenar los huecos" para comprender, atender a lo que se me pide. Parece ser que mi cerebro no hace eso: no rellena los huecos. 

"Iba en coche con mi marido y en un momento determinado, me dice: "mira". Yo dirigí la mirada hacia donde él miraba pero... no veía nada, no sabía a qué se refería y le contesté: "¿Qué tengo que mirar??". Él -como sorprendido- me replicó: "¡¡pero, mira!!!!". Yo, ya ofuscada, le volví a decir: "¿PERO, QUÉ QUIERES QUE MIRE?". Entonces, me contestó como desconcertado.... "El arcoiris"..."

Hasta que no lo nombró y dirigió mi atención hacia él señalándomelo... no lo vi. ¡¡¡¡NO VÍ EL ARCOIRIS!!! y os puedo asegurar que era muy evidente. Me quedé extrañada.... ¿Cómo no vi el arco-iris si era tan claro?. Fue como despertar de un sueño y eso me hizo pensar sobre: ¿qué tipo de realidad percibe mis sentidos?, ¿qué es lo que no percibo que otros si perciben?... Es como vivir en un mundo cambiante en el que, de repente, aparecen elementos nuevos que no estaban antes. Es como vivir en el país de las maravillas.

Se sorprendió que no lo viese y me explicó que podía hacer en esas situaciones.  Me dijo algo así: 

"Cuando alguien te dice "mira" es para que te fijes en algo "especial", en algo que no es habitual" Pensé que tenía que hacer algo parecido a lo que se hace en esas láminas en las que tienes que encontrar la figura escondida. El problema es cuando no sabes que es lo que tienes que buscar... es como resolver un enigma indescifrable.

Me siguió explicando que yo tenía la "capacidad" de ver el arcoiris, pero no la "habilidad" (la estrategia) para verlo y que tenía que forzar a mi cerebro a hacer un "rastreo" hasta detectar eso "especial". Esta habilidad que, por lo visto es automática en los demás, en mí no lo es. 

Mi mente, a veces, procesa a trozos, o no procesa... ¡¡¡es extraño!!! Me pasa algo parecido  cuando leo instrucciones. Por lo general, mi mente tiende a procesar solo UNA PARTE de ellas y no todas; por lo que muchas veces suelo cometer equivocaciones (por ejemplo, ante un mensaje en el que se me convoca a una cita y se me indica el lugar, la hora, etc. mi mente solo procesa una parte: o el día, o el lugar..). Tengo que obligarme a leer, de forma muy concentrada, varias veces las instrucciones para retener TODA la información. Muchas veces, me las tengo que escribir en un papel para que no se me olviden o se hagan un lío y mezcle la información. 

A mis casi cincuenta años, mi cerebro sigue funcionando sesgado, parcializando la realidad.

Ese lunes entendí que tengo que forzar, que tengo que pensar, que tengo que hacer voluntario lo que otros hacen de forma automática. Sin embargo... sigue sin ser fácil. Todavía no lo he conseguido. 

Así que, por favor, si quieres que te entienda, que te atienda: Concreta y dame la información precisa para ayudarme a centrarme en lo que tú quieras que me centre. Gracias. :-)


sábado, 17 de marzo de 2018

Mis "metáforas de vida" para Sobrevivir.

La tristeza y la angustia invadió mi infancia, pero aguanté. 

Recuerdo mi infancia, concretamente, a partir del inicio de la escolarización como un momento muy triste y angustioso de mi vida. No entendía las claves sociales y aunque las fui descubriendo poco a poco, no podía ajustarme a los otros con espontaneidad. Mi infancia transcurrió en la más absoluta soledad estando rodeada de gente. Nunca supe como hacer para pertenecer y conectar con la tribu. Nunca tuve amigas. En realidad, no hice nada para tener amigas porque no sabía como hacerlas. A los demás les era tan fácil... ¿por qué a mí no?. Lo más doloroso no era la soledad en sí, sino no poder experimentar las vivencias, las emociones que veía en otros cuando se relacionaban entre sí. Les veía reír y disfrutar cuando estaban juntos. Nunca experimenté ese sentimiento de complicidad social, de disfrute social. Envidiaba sentir todo eso. Era muy doloroso no poder sentir placer social estando con gente. 

El sentimiento de soledad es como estar perdido en un mundo oscuro, es como estar en una jaula, es como estar amordazado, es como estar en una cárcel oscura y fría. Desde la ventana de la celda puedes escuchar sonidos, los ves ir y venir y lo peor: escuchas sus risas. Puedes verles, puedes sentir lo bien que se lo están pasando, pero no puedes compartir, experimentar esas vivencias, esas emociones, esas risas... La soledad lleva a un estado de amargura, de auto-flagelamiento por no ser como los demás, por no disfrutar al igual que los demás. Sientes que en el reparto de la tarta se han olvidado de tí. 

Me refugiaba en mi habitación y muchas veces a llorar a escondidas, a solas. Pero, después de llorar y llorar, algo en mi interior tiraba de mí, como si me arrastraran a la orilla desde las profundidades del océano.  No llegué nunca a  ahogarme del todo, nunca me derrumbé del todo. Siempre había un resquicio por el que ver la luz. Mi mente me obligaba a levantarme. Para mí, "derrumbarse" suponía una debilidad y eso mi mente rígida no me lo iba a permitir. No les dejaría ver al mundo mi vulnerabilidad y con ese propósito mi mente se iba endureciendo para no desfallecer, para levantarse y levantarse después de las hartadas de llantos. No hubiese aceptado ayuda, no hubiese tolerado que me trataran como "niña débil"... eso nunca; así que el dolor solo lo experimentaba a solas. En esa soledad tétrica, mi mente generaba metáforas de vida y una de ellas era la "tortilla de patatas". Siiii... la tortilla de patatas. :-)

Me decía a mí misma que al igual que pasa con la tortilla de patatas -a la que hay que darle la vuelta para que se haga-  a mi vida también se le daría la vuelta. Me imaginaba a mi misma como a una adulta exitosa, independiente y admirada. Admirada para experimentar la visibilidad, para sentir la existencia, la sensación de pertenencia a la tribu. Y, con mucho aguante, fui viendo que a mi vida se le iba dando la vuelta. Llegar a la universidad fue como la evidencia de que esa metáfora de vida tenía validez: mi vida cambió y cambió para mejor, para mucho mejor. 

Otra metáfora de vida que me ayudó a aguantar en los momentos difíciles era  "la barandilla de escalera". Esta metáfora apareció durante el instituto.  Yo necesita un plan de vida que me organizara, que diera sentido a mi vida y lo mejor que encontré fue estudiar. Realmente no es que fuera una alumna brillante, pero estudiar daba sentido a mi vida: había un proyecto (un qué) y una continuidad que contrarrestaban la imprevisibilidad. 

Estudiar me daba seguridad porque había un plan a medio-largo plazo que me organizaba. Estudiar era como subir por una escalera peldaño a peldaño: después de primero vendría segundo, después tercero.... Después del instituto la universidad, después.... La escalera con la barandilla a la cual asirme era una imagen que me venía en los momentos de desfallecimiento: "no sueltes la barandilla, no la sueltes" me repetía a mi misma. 

Durante el instituto sufrí de acoso y eso hizo que perdiera clases, que llegara a casa muy desmoralizada y me encerrase a llorar. No podía estudiar. Pensé en tirar la toalla, pero entonces me vino a la mente una imagen terrorífica: el hueco de la escalera. Si la escalera desaparecía y no podía asirme a la barandilla mi único paisaje sería la nada del agujero de la escalera y me invadía el temor a caerme en él. Pensar en ese agujero profundo y oscuro sin fin era más angustiante que pensar en dejar de estudiar; así que retomé los estudios. Con mucho esfuerzo recuperé las notas y conseguí llegar a la universidad. Como ya he comentado la universidad fue como conseguir una meta de vida. Fue agotador, angustiante, pero lo conseguí. No me siento una privilegiada por haber conseguido lo que he conseguido, me considero una luchadora. 

Llegar a la Universidad fue una primera meta de vida, pero la tristeza y angustia no terminó. Me ha perseguido por años, pero no me he dejado caer. 

Otra metáfora de vida ha sido evitar verme como una indigente. Siempre he tenido miedo a tener que depender de la beneficencia de otros tanto económica, como emocional. ¡¡¡¡Noooo!!!! nunca iba a tolerar ser débil, nunca toleraría recibir ayuda, nunca toleraría ser tratada con pena, con lástima. No querer verme como una indigente me ha perseguido hasta no hace mucho. Eso me ha llevado a sentirme, en muchos momentos, como una fracasada, sobre todo, en el periodo en el que era una mera ama de casa y no conseguía trabajo. Depender de mi marido me atormentaba enormemente, me hacía sentir como una inútil y la angustia perduró y perduró... 

He encontrado unos escritos de cuando tendría unos 29 años aproximadamente en los que expreso la sensación de fracaso y desconsuelo que sentía por aquella época, a pesar de haber conseguido objetivos de vida que a otras personas les parecería loables: tener una carrera, hacer el doctorado y tener mi familia:

"...solo se que últimamente tengo muchas ganas de llorar y que todo me enfada y que, por otro lado, intento dar una imagen serena y de niña feliz, lo cual también me harta. Me duele haber fracasado y no poder reconocerlo. He fracasado conmigo misma sobre todo, y cuando se es una persona egoísta como lo soy yo, eso duele mucho. Me gustaría cambiar, ser diferente, ser simple, tener sentimientos simples en una vida simple, pero no. Es posible que mi parte oscura, mi Dr. Jekyll o m. Hyde, no se quien es el malo, tenga intenciones que yo desconozco". 

Ser dependiente de otra persona me hacía sentir frustrada y débil y lo peor era pensar en la posibilidad de que siempre sería así, que siempre sería dependiente de alguien. No encontrar trabajo me producía gran desasosiego. Se me pasaron por la cabeza ideas de abandono, de terminar con mi vida ("las intenciones oscuras de Hyde")... ¿Qué sentido tiene vivir?. Pero, en esos momentos tétricos, de ojeras profundas por el llanto volvía a aparecer alguna de mis metáforas de vida (mi querida Tortilla de Patata); así que después, de llorar y llorar, flagelarme, cuando recuperaba la calma me obligaba a ver el otro lado de la tortilla: la vida podía cambiar. Con lápiz y papel en mano empezaba a planificar mi vida de nuevo y así hasta ahora. Me he caído muchas veces, pero siempre acabo levantándome... La vida es un constante caerse y levantarse. Es agotador, pero no hay otra...

Y así ha sido y será por siempre: mi querida Tortilla de Patatas me acompañará de por vida...


lunes, 19 de febrero de 2018

Qué es eso de "Guionizar".


Esto es algo que siempre he hecho. Recuerdo siendo joven e irme pronto a la cama para, en la oscuridad de la habitación, guionizar encuentros sociales inminentes... Más que guiones estáticos o listados de acciones eran como películas que mi mente creaba para hacer simulaciones de las situaciones sociales a las que me tenía que enfrentar. En esas "películas mentales" simulaba lo que tenía que decir, cómo debía de hablar, como mirar, como sonreír. Simulaba un Plan A, un plan B... y reproducía en mi imaginación esta película "virtual" en 3D a modo "bucle", una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez... Podía estar horas -en realidad, perdía la noción del tiempo- guionizando y guionizando una y otra vez. Cabe decir que no era algo fastidioso o molesto ya que en mis guiones yo era exitosa y era reconfortante ver que en mi imaginación podía ser todo aquello que no era en la realidad.

He usado las Guionizaciones mentales durante mucho tiempo y las sigo usando cuando tengo que socializar.

Ejemplo de Guionización:
"Ayer, salgo de casa para ir al trabajo y en el camino, a lo lejos, veo que se acerca una vecina. Me digo a mi misma: "tengo tiempo de pensar un saludo" y mentalmente voy ensayando: "Hola, Rosita, buen día". También ensayo mentalmente la sonrisa que voy a poner al saludarla... Repito este esquema a modo de "bucle" durante todo el trayecto para que no se me olvide y no me enganche cuando me la encuentre cara a cara. Al acercarme, ella encuentra en el camino a otra persona y se para a hablar con ella. Yo paso por su lado y le digo -sin apenas mirarla y en tono bajo- algo parecido a un "buenas" que no es correspondido. Ella sigue hablando con la otra persona. Entonces, siento que he estado hablando sola como un "fantasma". En otro momento me hubiese dado como una especie de escalofrío por la situación marciana. Ahora me rio de mí misma. ¡¡¡ayy¡¡¡ ni siquiera dije lo que había ensayado mentalmente....

Analizando retrospectivamente la situación y mi "actuación"... considero que he sido una "pésima actriz". Mis señales de saludo fueron tan sutiles que ella -seguramente- ni las vio, ni se percató de mi presencia; así que todo el ensayo mental previo no sirvió para nada, no fue del todo ajustado... tendría que haber ensayado la intensidad del tono de voz. ¡¡Tendré que mejorar mis ensayos mentales!!!. 

Si ella no hubiese encontrado a alguien en el camino, inevitablemente, nos hubiésemos encontrado cara a cara y aunque mi señal hubiese sido leve.. habría habido cierta señal que ella habría "visto"; pero al estar ella distraída -ocupada- charlando animadamente con otra persona, mi presencia y mi saludo cayó en la invisibilidad. Eso mismo me pasaba de pequeña.. mis señales comunicativas era invisibles para los demás, pero es que yo no sabía como "hacerme visible". Siendo honesta, no era culpa de los demás... era que yo no sabía "resaltar" mis conductas comunicativas.. para que las demás -por lo menos- las vieran ¡¡¡¡!!!!"

(Publicado en la página del Facebook "Háblame de las Mariposas", el 11 de Enero del 2018)



Si en una situación tan trivial y cotidiana tengo que guionizar un simple saludo, imaginaros lo que tiene que ser guionizar una conversación, lo que tiene que ser guionizar una conversación en grupo, lo que tiene que ser guionizar encuentros sociales de más de dos, tres, cinco, siete horas.... ¿os lo podéis imaginar?

Lo peor de todo, todísimo: 
Guionizar una conversación en vivo y en directo...

¿Cómo guionizar en la espontaniedad del momento?. Es lo más difícil. En esos momentos intento pensar rápido en respuestas, en inicios sociales, en llevar el hilo conversacional y... ¡¡¡que complicado!!!. He adquirido cierta habilidad camuflada para seguir conversaciones "pensadas", "planificadas", pero es muy agotador. Se trata de "pensar antes de hablar". Así, mientras la otra persona habla yo ya voy preparando mi respuesta y eso intentando no perder el hilo de lo que está diciendo la otra persona. A veces, como necesito unos segundos para pensar y contestar, me ocurre que cuando ya he planificado una contestación y la doy, mi interlocutor ya ha cambiado de tema... y mi respuesta queda fuera de lugar.... ¡¡¡glup¡¡¡ Antes me sentía ridícula. Ahora me río de mi misma.

Guionizar para mostrar interés y preocupación por el otro.

Tras hablar con expertos me di cuenta de mi pobre reciprocidad social, sobre todo, con las personas más allegadas a mí: mi marido e hija. Me percaté, a modo de "bofetón vital" que nunca les preguntaba sobre cómo estaban, sobre como les había ido el día; en general, sobre SUS VIDAS. ¡¡¡¡No se me había ocurrido preguntar¡¡¡¡¡ Eso no me sale espontáneo. Al darme cuenta de ello, decidí ACORDARME de ellos. Así, muchos días al salir del trabajo -cuando me acuerdo- guionizo mentalmente a modo de bucle autoinstrucciones del tipo: "me voy a acercar a mi hija y le voy a preguntar cómo le ha ido"... y me lo repito desde que salgo del trabajo hasta que me encuentro con ella. Si no hago consciente ese pensamiento mi mente se llena de otras cosas y.... "se le olvida de preguntar", de mostrar interés. Debo de forzarme en mostrar preocupación por los otros para que los otros sientan que "pienso en ellos". Siento que debo de hacerlo porque se lo merecen, porque lo necesitan. Se que puede parecer una maldad por mi parte; pero, de verdad, no soy mala. Simplemente: mi mente se llena con sus cosas y se olvida de las personas. 

A veces, me ocurre -esto es gracioso- que llego a casa y no saludo. Se me olvida saludar a las personas y, como si despertara de un sueño, me percato de ello después. Hay días que estando en el baño, en el silencio y oscuridad del baño (no enciendo la luz cuando voy al baño para hacer "mis necesidades")... es cuando me acuerdo de que... ¡¡¡¡no he dado un beso de saludo a mi marido!!!. Entonces, salgo y sin previo aviso se lo doy. Así, de repente... A él le parece gracioso.

Se me olvidan las personas porque mi mente se llena de otras cosas, de pensamientos: a veces, "rebobino lo pasado" para analizarlo; a veces, me meto en bucles de pensamiento por preocupaciones; a veces, enumero el trabajo pendiente; a veces, rememoro lo que alguien me dijo; a veces, me implico en mis teorizaciones mentales... ¡¡¡uuuffff¡¡¡¡¡

Guionizar es hacer consciente lo que a otros les sale automático y ajustado.