miércoles, 25 de agosto de 2021

"Sé tú misma", "Déjate fluir" - me dicen.



Y me vuelven a decir que "sea yo misma". Me dicen: "¡Déjate llevar!, "se tu misma!.
Me imagino que la intención es buena para que me sienta "libre de ser quien soy". No obstante, creo que, en realidad los demás, incluso los que me aprecian y saben de mi pertenencia a lo "no-común" no entienden lo que significa ser "no-común". 

Me dicen que me ven "contenida", como si no fuera yo. Y, como les explico que SOY YO MISMA... SIEMPRE. Que lo que otros perciben como "contención" es el espacio mental que necesito para planificar el siguiente paso social en la secuencia. Cuando estoy "contenida" es cuando intento ser social... Cuando ellos me ven contenida "por fuera" por dentro, mi mente está hiperactivada intentando descifrar, calcular, planificar la siguiente acción social tanto verbal como no verbal. La contención esconde una gran activación mental. Los demás me ven poco espontánea cuando intento planificar esa espontaneidad. En esos momentos, soy "yo misma intentando ser yo misma en formato social". Ellos, creo, que lo asocian a rasgos de "inseguridad". ¿Inseguridad? ¡¡No entiendo que significa esto!!! ¿Inseguridad... de qué??? No siento ser una persona insegura. ¿Cómo explicarles que mi procesador social es lento y que va en control y que no genera esquemas socio-comunicativos fuera de mi ámbito de interés específico- con facilidad?... lo reducen a "Inseguridad".. y eso genera más incomodidad porque te dan a entender que lo que te pasa "te lo creas tu". 

¡¡¡Déjate fluir!!! te dicen... y yo me digo... Siiii...¡¡¡ya me gustaría!!! ¿Y cómo se hace eso??? puedo seguir algunos hilos de conversación -solo algunos-. Solo aquellos afines a mis intereses. Solo esos. En ellos me dejo fluir... porque tengo mucha información almacenada sobre ellos y me resulta fácil y cómodo, aunque solo con ciertas personas. Por tanto, no me considero una persona insegura sino una incompetente social en situaciones convencionales fuera de mi ámbito especial, en el que SI puedo fluir. 

Siempre he sido "yo misma", a veces con muy pocas o nulas conductas sociales adaptativas y otras con algunas para salir del paso, pero SIEMPRE he sido "yo misma". Soy incapaz de mimetizarme con los demás o de simular un personaje que no soy. No tengo dotes de actriz. Si he ido aprendiendo -ya lo he comentado muchas veces- conductas adaptativas a nivel social que me permiten integrarme, por momentos, en situaciones sociales si estas no son muy complejas para mi. 

Siempre he sido "yo misma". Entonces, ¿a qué viene la recomendación?, ¿qué perciben los demás en mi? Pensando sobre ello, tal vez sea que algunos perciben el esfuerzo consciente que tengo que hacer para seguir el hilo social. Y, es cierto, tengo que hacer un gran esfuerzo, por eso después de estar con gente, incluso, con la que aprecio mucho, necesito descansar. A veces, tras una comida o reunión de unas dos o tres horas al llegar a casa he tenido que dormir. "Te pasas el día durmiendo" me dicen también. "¡menos mal que mi cerebro busca una forma compensatoria para manejar el desgaste!!!... si no.. creo que reventaría. 

¿Cómo sería si fuese "yo misma"? Pues no me esforzaría y volvería a ser el ser invisible que siempre he sido. Si fuera yo misma estaría relegada al rincón sin hablar con nadie, pues, no forzaría a mi máquina social a generar conductas sociales. Estaría como invernando rodeada de gente sin participar, solo observando hasta apagarme y hasta que me invadiera la irritabilidad interna por sentirme invisible. 

Si fuera YO MISMA la gente no vería nada interesante en mí, no querrían estar conmigo, no estaría en la memoria de nadie. No existiría. 

Y, ¿qué sentido tendría estar alrededor de gente sin existir?

Ya lo he vivido durante mucho tiempo y, la verdad... para mí ha sido muy doloroso. Ser invisible sin querer serlo es como ser un renegado, vas dejando de existir. No te haces ver y no te ven. Se olvidan de ti, de que existes. Te sientes como un apestado. Es demasiado doloroso y por eso no soy "yo misma Yo"; es decir, no me dejo llevar por mi inercia hacia la pasividad, hacia la invisibilidad y procuro forzarme en ser social. He aprendido algunos trucos para permanecer en la tribu por cierto tiempo como sonreír, mirar, escuchar, preguntar... ¡¡¡Hasta he aprendido a gesticular¡¡¡

SIEMPRE soy yo misma. Lo único es que mi "Yo misma Social" hace esfuerzos conscientes en desarrollar conductas sociales ajustadas para integrarme, a veces me sale mejor y otras veces me sale como a trompicones, pero voy sobreviviendo, existiendo. Y, la verdad, prefiero forzarme a llevar a cabo conductas sociales que a no hacerlo, pues entonces es cuando me invade la sensación de incompetencia, de nulidad. 

Tal vez, mi "Yo misma" tenga dos modalidades: Mi "Yo misma social" y mi "Yo misma Yo" cuando no estoy con gente. 

Cuando estoy con gente hago esfuerzos por integrarme, aunque no me salga del todo espontáneo, pero sigo siendo YO MISMA. No se fingir quien no soy.  Lo que voy consiguiendo es desarrollar conductas ajustadas durante más tiempo que antes, pero el desgaste sigue estando ahí. ¿La gente se agota por socializar incluso con personas a las que aprecia? Si fuera así, no desearían volver a verse a menudo.  

Cuando estoy yo sola, en casa, soy una persona callada, muy callada, apenas hablo si no tengo nada interesante que decir y habitualmente cuando hablo es sobre mi tema de interés. Pero, como se que puedo resultar pesada, procuro controlarme, por tanto, en lugar de hablar escribo. Mi expresividad gestual, cuando estoy en casa es muy pobre. Gesticulo poco o casi nada. Parecerá que estoy seria o enfadada. En realidad estoy relajada. 

Tanto cuando estoy con gente como cuando estoy sola o en casa soy "Yo misma", lo único es que en una situación procuro adaptarme para evitar el dolor de la invisibilidad y en la otra situación no tengo que adaptarme a nadie más que a mi. Esto es flexibilidad, ¿no?. Aunque no deja de ser una flexibilidad programada, pensada. Podría decirse que es una "flexibilidad sistematizada" ya que he tenido que aprender el "mecanismo" para generar esquemas sociales que me permitan manejarme en situaciones que no son propias de mi esencia, de mi naturaleza intrínseca.

Es una flexibilidad sistematizada, pero si que es cierto que sufro menos que cuando no tenía la capacidad para manejarme en las situaciones sociales.

sábado, 10 de julio de 2021

Descifrando las reglas sociales no escritas


Hoy me ha venido a la mente, de forma recurrente, una situación que me pasó hace unos cuantos años, alrededor de 5. ¿Por qué una experiencia "simple", "anodina", "insustancial" puede haberse quedado en mi memoria por tanto tiempo? Ahora explicaré de que se trata, antes solo contextualizar la experiencia.

Estaba, esta mañana, dándole vueltas a como tomamos decisiones y como algo simple para otros a mi me puede generar incertidumbre, bloqueo mental, excesivo análisis llegando al final a no tomar decisiones. 

Explico la situación a la que me refiero: 

Era la celebración de las bodas de oro de mis suegros. Cumplían 50 años de casados y organizaron un encuentro familiar. No podía negarme, sobre todo, por mi marido, su hijo. Entiendo que hay que hacer un esfuerzo para cumplir con esos protocolos sociales. Fuí, en estado tenso, tan tenso que permanecí sentada todo el tiempo en la silla sin moverme. Los demás se levantaban, se saludaban, comentaban entre ellos e iban de aquí para allá socializando. Yo, petrificada permanecía sentada en la silla que me habían adjudicado para la ocasión. Pero, el detalle que quiero comentar es otro.

Llega el momento de comer y van colocando bandejas con aperitivos en la mesa distribuyéndolas equitativamente para que todos los comensales pudieran acceder a ellas. La cuestión es que me encuentro con que tengo una bandeja a mi derecha y otra a mi izquierda lo que me generó gran confusión: "¿de cuál debo de comer?". Ese pensamiento me rondó por tiempo intentando descubrir "por ciencia infusa" cual sería la bandeja correcta. Mi análisis interno era tal que: "si cojo de esta -la situada a mi derecha- puedo dejar sin aperitivos a los de esa parte, pero si cojo de esta otra -la situada a mi izquierda- pasará lo mismo con los otros comensales". "¿de cual debería comer para no perjudicar a unos u otros?". Así estaba yo ensimismada intentando buscar la opción correcta, la esperada, la que debería ser, ls regla social esperada. En ese elucubramiento mental me acompañaba una especie de parálisis física. Mi cuerpo seguía rígido como una piedra sin saber qué hacer. 

La cosa se solucionó rápidamente, pero no por mi.

Mi marido, que estaba sentado al lado mío, se percató de mi "congelamiento mental y físico" y simplemente cogió un aperitivo de una de las bandejas y me la dio. ¡¡¡Así, sin más¡¡¡ La verdad, no se si tuvo que pensar en una estrategia para adivinar de cual bandeja podía coger. Creo que simplemente -sin pensar- cogió de una de ellas. ¡¡¡¡Así de fácil¡¡¡

A partir de ese momento decidí alternar coger de una y otra bandeja y la indecisión dejó de estar. 

Pensar y repensar buscando la norma social... en situaciones triviales que otros no tienen problemas.

Esa es una de las experiencias que se me quedó marcada en la memoria porque ahora analizo mucho mis reacciones, los posibles porqués para buscar alternativas para otras posibles veces, pero situaciones similares me han pasado muchas veces. 

Ahora, que empiezo a saber cómo procesa mi mente y como procesa la de los demás, la de la tribu, soy más consciente de ello y me sirve de aprendizaje. Ahora que tengo esta experiencia en mi memoria y pude "ver" como la resolvió mi marido, si me volviera a pasar sabría resolverla, sabría lo que tendría que hacer porque "lo he visto" y reflexionado conscientemente sobre ello. Mi aprendizaje social es lento, laborioso, explícito y cuando cobro consciencia de los procesos implicados, los míos y los de los demás. ¿Quien dijo que esto era una "forma de ser"? Sin mi guía no hubiese descifrado nunca esa "¿regla social?". La regla social de: "puedes coger de la bandeja que quieras. No pasa nada".


domingo, 7 de febrero de 2021

Y se repite la historia.

 


Y se repite la historia. Me vuelve a pasar lo mismo que me pasaba en el colegio, en el instituto, en la licenciatura. 

Me ha dado por volver a estudiar y me resulta sorprendente como la gente se "engancha" sin conocerse, como rápidamente hacen grupos, no para estudiar, sino para quedar, conocerse y "trascender". Creo que lo de estudiar es secundario, es un plus.

El caso es que cuando algún profesor dice de hacer trabajos en grupos... ¡¡¡wooowww¡¡¡ me encuentro que  yo me quedo descolgada. Eso me ha pasado siempre y se repite la historia. 

En todos los ciclos escolares yo era la niña invisible que si acaso era "adoptada" por algún grupo. "¿Quieres venir con nosotras?" me decían. No os imaginas el dolor tan inmenso de sentirse "adoptada". Siempre pensé que me tenían lástima y que por eso me acoplaban en sus grupos. 

En gimnasia me pasaba igual. Ahora recuerdo con inmensa angustia el momento en el que los líderes de los grupos tenían que escoger PUBLICAMENTE a los integrantes de sus grupos. Nos ponían en fila y nos iban escogiendo. ¡¡Habéis vivido algo así!!! El dolor de ese momento era enorme pues sabia que yo iba a ser de las "últimas" a escoger. No tener valor para los demás es muy duro. Si no aportas nada al grupo te van dejando. Ahora lo podría entender desde un punto de vista antropológico, pues las relaciones sociales parece ser se establecen para el beneficio del grupo y si uno no aporta nada, pues no es útil y es descartado. Yo era de las descartadas. 

Luego estaba la parte "amable" de ser adoptada por algún grupo. Me sentía tan mal por ser "adoptada". ahora tal vez lo llamen "integración". Nadie sabe la angustia tan grande por sentirme "nada". ¡¡¡Claro que afecta a la autoestima!!!. El caso es que no estoy enfadada con el mundo, ni con nadie en particular. Ahora se que funciona así. Lo malo es cuando no tienes los mismos mecanismos que los otros, que los "comunes" y te vas quedando descolgada siempre. Y, si lo que me pasa es "de fábrica" entonces se repite una y otra vez, a pesar de que mis "conductas sociales superficiales" hayan mejorado. 

Pues eso ha vuelto a pasar. Una de las profesoras ha pedido hacer trabajos en grupo y... pues imaginaros. Los grupos se han creado de forma instantánea. Como en segundos -o eso me ha parecido a mí-, en un cerrar y abrir los ojos ¡¡¡ya estaban hechos!!!. Y yo... en el limbo.

De repente  una de mis compañeras me contacta para decir si quiero hacer el trabajo con ella a lo que le he respondido que si... ¡¡no tenía otra opción¡¡¡. He sentido que he sido "adoptada" de nuevo por la única chica que se ha acercado a mi de forma explícita durante las clases. Es con la única que he hablado un poquito. Yo no se que hacer para "tomar la iniciativa". No es una cuestión de inseguridad -o a mi me lo parece- es que... todo va muy rápido a mi alrededor y me quedo parada pensando en cómo hacer. Por otro lado, como durante el curso no "me he incluido" pues no he tenido a nadie con quien integrarme en los grupos.

Recuerdo al entrar en clase los primeros días que intenté buscar alguna ubicación en el aula donde no favoreciera la relación social. Pensar en dar "cháchara" o tener que hablar sobre mi, preguntar al otro me abrumaba. Esta chica se acercó y tuve que conversar con ella. Aunque no niego que, aunque, me incomodaba porque más allá del "hola, como te llamas" yo no era capaz de generar más esquemas socio-comunicativos, reconozco que le tengo que agradecer que se acercara, que tomara la iniciativa y que en el trabajo me adoptara. También es cierto que por circunstancias diferentes a las mías esta chica se ha quedado descolgada y no ha podido venir a clase de forma frecuente. Así que me encuentro, como siempre, que soy "adoptada" por los descolgados de clase que si tienen habilidades sociales para tomar la iniciativa y "adoptarte". 

La verdad es que no veo maldad en todas esas actitudes, creo que los grupos se hacen por beneficio mutuo de sus integrantes y eso lo hacen de forma implícita sin pensar. Los líderes o los listos se acoplan entre ellos como imanes y luego se van creando los otros grupos por afinidades. Luego quedamos los "desenganchados". 

Se repite la historia y siento que siempre va a ser así. Esto que siento y que ahora le llaman "Condición" es algo profundo y, muchas veces, doloroso. 

Si, reconozco, que me gustaría tener esas capacidades rápidas para integrarme en los grupos. Yo si querría hacer como ellos. Lo único es que ahora soy consciente de mi realidad que si bien resulta dolorosa, he aprendido a manejar para que no sea muy dolorosa.

Y... Se repite la historia.




domingo, 2 de agosto de 2020

No me caes bien



Alguien que ni conozco -solo recuerdo haberle visto una vez- ha hecho público que “no le caigo bien”. Este hecho aparentemente simple ha ocupado mi mente por cierto tiempo, tanto que he tenido que escribir sobre ello para exorcizarlo. No obstante, percibo en mi un cambio en la forma de procesar este hecho. Si bien ha ocupado mi mente por cierto tiempo, no ha resultado tan invasivo y doloroso como si esto me hubiese pasado cierto tiempo atrás. 

 

Cierto tiempo atrás, este comentario me hubiese envuelto en un maremágnum mental y hubiese estado tiempo intentando no hundirme en las tierras movedizas de las emociones de la culpa, del auto-flagelamiento:

 

No caigo bien por que soy mala (por tanto, “no soy buena persona”), soy un ser despreciable, qué habré hecho, qué habré dicho, qué tendría que haber dicho. Ohhh.. me voy a alejar del mundo para que no vean lo mala que soy. ¡¡Soy un horror de persona por eso caigo mal!!!.

 

El comentario de UNA persona lo hubiese AMPLIADO al mundo, lo hubiese GENERALIZADO, lo hubiese MAGNIFICADO. Pensaría que caigo mal a TODO EL MUNDO. Creo que a mi mente le cuesta diferenciar eso. Si caigo mal a una persona eso significa que ya no soy buena, que hago cosas malas, pues he dañado a alguien y dañar es algo malo. Si fuera buena NUNCA haría cosas malas, no haría daño a otra persona. En esta situación, mi razonamiento lógico hubiese sido algo así: 

 

“Una persona buena NUNCA hace cosas malas, no hace sentir mal a otras personas”

“Una persona buena CAE BIEN porque nunca hace cosas malas, nunca hace sentir mal a otras”

“Si caes mal a una persona es que no eres buena”

“Si no eres buena, entonces, eres mala persona”.

 

Creo que mi mente ha tendido a razonar de forma “literal” o “categórica”: NUNCA, SIEMPRE, BIEN, MAL…

 

Pensar que puedo ser “mala persona” es como degradar la imagen de mi mismidad como en el Retrato de Dorian Gray (¿conocéis la historia?. Os la recomiendo). Cuando el retrato se degrada ya no puede volver a la situación original. Es decir, si he caído mal a alguien, significa que he hecho algo malo a ese alguien y eso degrada mi imagen personal para siempre. Ya no podré ser “buena persona”. 

 

Ser “mala persona” es un sentimiento muy doloroso más cuando te “obligas” a no serlo para no degradar la propia auto-imagen. Creo que esto se debe a una rigidez mental, al pensar de forma categórica y no poder ser capaz de “transformar” experiencias, comentarios, etc. o no pensar en “más allá de lo ocurrido, de las palabras”. 

 

Cierto tiempo atrás, al ser un comentario público, me hubiese sentido como invadida por el resto de la humanidad. Pensaría que TODO EL MUNDO sabe y conoce “lo mala persona que soy”. Entonces, me hundiría en el lodo por tiempo. Dejaría de salir al mundo para no ser mala persona, para evitar incumplir no se que normas ocultas que se supone debo de cumplir para que TODO EL MUNDO esté bien conmigo, o por lo menos que no esté mal conmigo.  

 

Pero, ¿qué ha pasado?… pues un cambio en mi procesador, creo que para bien. No hace mucho una persona me comentaba sobre sus estrategias para lidiar con los estados emocionales de los demás. Una de ellas era “despersonalizar” y pensar: “habrá tenido un mal día por eso me ha contestado así”…

 

Aunque no negaré que ese comentario me ha sentado como un mazazo, inmediatamente me ha venido a la mente esa persona y me he dicho a mi misma que tenía que buscar mi estrategia para que ese comentario no me hiciese daño, mucho daño. Es cuando mi mente ha desarrollado la “Teoría de la RELATIVIDAD personal” (ji ji ji). Mi mente ha relativizado el comentario desde la lógica, desde una “lógica relativa”. Creo que es la primera vez que lo hago a mis cincuenta y tantos años:

 

“Es el comentario de UNA persona”

“Es posible que no caigas bien a TODO EL MUNDO”

“Pero, SI caes bien a algunas personas”

“Por lo menos, por ahora :-)

 

Acto seguido he visualizado las caras de las personas amigas –que son muy pocas- y me he relajado. He salido de las tierras movedizas de mi mente. 

 

El..

Si-No

Siempre-Nunca

Todo-Nada

 

Va cambiando por…

Es posible

Algunas

Por lo menos 

 

Desconozco por qué esa persona ha hecho público ese comentario sobre mi. Naturalmente sus motivos tendrá. Obviamente “no le caigo bien” y querría que los demás lo supieran. Esta experiencia anodina, me ha ayudado a pensar, reflexionar y buscar estrategias de afrontamiento. Creo que mi mente va traspasando del pensamiento Categórico-Absoluto y, por tanto, Rígido al pensamiento Relativo y, por tanto, flexible, variable. 

 

Categórico ---------------------------------- Relativo

 

Antes, las experiencias eran archivadas en la caja del bien o la del mal de forma categórica. Ahora ya no hay cajas únicas, sino montones de cajas o retratos y un “Difuminador” en forma de spray.

 

¿El comentario de UNA persona merece ocupar por siempre el espacio de mi memoria (impregnar todo el retrato de mi misma)?

 

Estoy descubriendo que hay muchosss retratos de uno mismo. Eso es pasar a la dimensión de la Relatividad. Hay tantos retratos de uno mismo como experiencias con personas. ¡¡Si¡¡¡, alguien tiene un retrato de mi degradado (es su impresión sobre mi), pero creo reconocer que otras personas tienen un retrato de mi que no está degradado… por ahora :-). Entonces, es cuando actúa el “Difuminador”: el spray mental encargado de rociar y pulverizar comentarios relativos para dejar espacio en  mi memoria a otras experiencias y recuerdos que merezcan permanecer allí. Esto me permite enfocarme en las personas a las que SI les caigo bien. YA ESTÁ.

 

Ahora tengo claro que NO PUEDO CAER BIEN A TODO EL MUNDO y no pasa nada… No por eso soy “mala persona”.

 

Bienvenidos a los que os caigo bien y a los que os caigo mal. Ya no me hace daño la percepción que tengáis sobre mi. Me he quitado el peso de encima de la responsabilidad de caer bien... 

 

Creo que esto forma parte de la metamorfosis, de la “nueva realidad”. 



sábado, 13 de junio de 2020

No es que me aburráis, es que no puedo seguiros


Cuando decidí escribir este blog-diario, lo hice pensando en ser lo más honesta y objetiva posible al expresar mis experiencias, sensaciones, pensamientos. Soy consciente que todas las personas sesgamos la información de forma más o menos deliberada, pero yo quiero hacer un esfuerzo por intentar no hacerlo, pues mi propósito último es comprenderme, comprender mi esencia sin tapujos, tanto lo bueno como lo no tan bueno. 

El caso, es que la semana pasada me toco reunión familiar en casa de los padres de mi marido y me volvió a pasar lo de siempre: volví a quedarme relegada al rincón, a ser "la señora que está fuera". No es que no me caigan bien mis familiares, no es eso. Es cierto que no engancho con ellos, pero no es porque me caigan mal, aunque por mucho tiempo así lo he sentido. No obstante, creo que lo que me pasa es algo más profundo que tiene que ver con mi dificultad de comprensión y recursos sociales. 

Volviendo al día de la reunión familiar, a penas hablé en todo el día, no solo porqué no sabía que decir, sino cómo decirlo: como meter baza en el conversación. Estaban hablando de temas muy cotidianos y convencionales, como visitas a lugares que habían hecho, sobre alguna noticia de la televisión, sobre cuestiones políticas que están de actualidad, etc. 

El caso, es que al marchar, en el viaje hacia casa me dio por pensar en todo ello y me entró una sensación de tristeza. Desde que me confirmaron que pudiera estar en el espectro, deje de culpabilizarme por no saber cómo hacer en las situaciones sociales que para otros pueden resultar tan sencilla. Creo que diseñé un esquema a mi medida para no sentirme culpable por mi ineficacia social porque digan lo que digan es doloroso hasta que lo aceptas. Me empezé a concienciar de que... "los demás eran aburridos" y por eso yo no podía-quería integrarme. Trasladar la culpa de mi ineficacia a los otros creo que en cierta manera me relajó. 

Pero, ya os digo que si bien sigo analizando a los demás, también me analizo a mi misma y lo quiero hacer a carne viva, duela lo que me duela. 

Y, es que al salir de esa reunión me percaté de una cosa dolorosa y es que... no es que me parecieran aburridos, pues hablaban de temas que me parecían interesantes. Si, es cierto que a veces dicen tonterías que no me hacen gracia y ante las cuales intento simular una sonrisa como si a mí también me lo hicieran -aunque no pillo "el aquel"-, y otras veces, hacen bromas exageradas que me generan desagrado e, incluso, una especie de "asco". Ver sus caras desencajadas de carcajadas me produce repulsión... no se porqué. Es como si esa imagen invadiera todo mi espacio mental en ese momento y se quedara enganchada a esa imagen por tiempo. Solo veo sus bocas abiertas y los ojos desencajados. Es como ver partes de un todo y esas partes a modo de caricaturas. Si... sería como ver caricaturas de la persona. Las caricaturas no desaparecen de mi mente fácilmente. Por eso me siento bien relacionándome con personas correctas, comedidas, poco estridentes porque mi mente no genera caricaturas de ellas.

El caso es que me di cuenta de que no es que los demás me aburran, es que yo no tengo los mecanismos para saber entrar en las conversaciones que, por otro lado, si me gustaría entrar. No se porque no puedo: por no tener suficiente información de lo que hablan -que son cosas cotidianas-  por no saber cuando meter baza en la conversación, en como introducir matices -el tono emocional-. Al respecto, también me doy cuenta de que cuando hablo lo hago en modo "informativo" -dar información- mas que para comentar de forma recíproca y dar paso a una conversación bidireccional.  

No se moverme en la agilidad y rapidez del momento. Solo puedo escuchar. Incluso, decir una opinión sobre algo me parece laborioso. Tengo que primero pensar y después hablar. 

Ahora me vienen recuerdos de pequeña, cuando había reuniones de familiares en casa -que eran poca veces-. Cuando venían mis tíos y en la sobremesa ellos se quedaban hablando de sus cosas -política, religión, experiencias vitales, etc.-. Me encantaba oírles. Me instaban a que me fuera al patio a "jugar con los otros niños", pero es que yo prefería quedarme a escuchar a los mayores. 

Como ya he comentado en otras partes del blog, esto no me pasa cuando hablo de temas relacionado con mis intereses y cuando siento conexión grande con la otra persona por ello. Si no es así.. no puedo participar en las conversaciones, pero no es porque los demás me parezcan aburridos, es por que no tengo idea de como manejarme en esas situaciones. Y, no es una vergüenza, ni temor a ser juzgada... no. Es algo más simple y doloroso al mismo tiempo: es no saber, no tener los mecanismos para seguir el flujo social. Es como si el mundo fuera a cámara rápida y yo estuviera parada en el tiempo. Es como vivir en dos dimensiones diferentes. 

Por otro lado, desde ese día creo que me he reconciliado mentalmente con los demás. Ya no les veo como "los extraños", creo que empiezo a ser más justa con los demás. 

Si es cierto que he sentido una especie de tristeza al constatar fehacientemente de que yo tengo esa dificultad para moverme en el mundo social, pero al mismo tiempo, ha sido un alivio por comprender mejor. Entender que esto va a ser así de por vida y que tendré que seguir siendo la "señora que está afuera" en muchos momentos. 

Si, soy "la señora que está fuera" y necesito estar fuera para no colapsar en  momentos, pero creo que voy reconciliándome conmigo y con los demás. Creo que me voy entendiendo mejor y voy entendiendo a los demás. Estoy intentando ser justa conmigo y con los demás.

A lo mejor no puedo seguirte, pero puedo disfrutar escuchándote. 

domingo, 5 de abril de 2020

No quiero salir


No quiero salir.
Me quiero quedar aquí.
No quiero salir.
No quiero que llegue el día en el que tenga que salir. No sabré caminar. Ya no sabré. 
Ya no quiero el Antes. Ya no lo quiero.

Quiero sentir esta quietud. 
El tiempo muerto vino a rescatarme. Ya no quiero salir. 
Mi mente se está vaciado. Parece que está sanando. No quiero salir.

Siento que me he equivocado. 
Tendría que haber buscando un camino hacia el interior. 
No quiero salir fuera. Lo tengo todo en mi, aquí.  
Quisiera saber pintar. Quisiera saber escribir. Quisiera saber bailar.

"Quiero ser una dentro de mi". 
Me estoy acostumbrando a Mi. No se si podré enfrentarme al Vosotros. Ya no. 

¿Se puede romper con todo?

Y... qué haría. 

No quiero hacer, quiero sentir, quiero construir, quiero crear, quiero mezclarme: quiero ser música, quiero ser movimiento, quiero ser idea. Quiero ser un color que revolotea buscando rayos de luz matutinos que hacen cosquillas en las mejillas y hacen cerrar los ojos. 

El mundo tapa los sentidos, las emociones, las sensaciones. Quiero dejar de ser. Quiero dejar de estar ahí fuera. Ya no quiero estar ahí fuera. 

Vivir es una agonía. Es una horca que aprieta, aprieta, aprieta. Hazlo ya: mátame, déjame sin sentido o libérame. 

domingo, 23 de febrero de 2020

Cuando eres consciente



Cuando eres consciente de la realidad, de tu realidad. Cuando vas como "despertando" de un sueño y te das cuenta de que algo pasa en tí que no tiene que ver con meros rasgos de personalidad. Cuando sientes en lo más profundo que algo no funciona bien dentro de ti y que no sabes qué es. Se puede ser consciente de que te duele la pierna cuando te has caído, puedes ser consciente cuando ves o asocias una sensación, un acto a su detonante visible e inmediato, pero que pasa cuando el detonante es invisible para tí y para los demás. Que vives en la inopia. 

Pero, que pasa cuando vas despertando y como si fueras Neo despiertas y sales de Matrix. Lo peor es saber que hay algo en tí que no funciona del todo bien y que eso hace que no puedas entender las sutilezas sociales, que no preveas ni puedas asumir convencionalismos sociales, que no imagines lo que los demás esperan de ti sin decírtelo claramente. Te dejan en "suspensión" esperando que tú -como por arte de magia- sepas lo que tienes que hacer ("tu verás", "ve y piensa", "piensa en lo que has hecho") o cuando no te dicen nada y te miran con una expresión de.. de.. ¿extrañeza?... que no identificas y te metes en un bucle eterno de: "qué he dicho, qué no he dicho, qué tendría que haber dicho, qué tendría que haber hecho..." y preguntas y te siguen mirando esperando que lo averigües dejándote como en babia.

¿Soy la única que de verdad siente que esto no es una "condición" si por condición se entiende "una forma de ser"?. Cuando una forma de ser no te hace adaptativo al entorno algo no funciona. Yo necesito de mi marido-guía para que me oriente, para que me explique, para que me ayude a trivializar cuando no entiendo las reacciones de las personas y las marco para siempre de forma categórica. No, no soy adaptativa en el mundo social. Me acabo de dar cuenta a mis cincuenta y pico de años y después de una vida esforzándome por adaptarme. Hay cosas que sigo sin ver y que limitan mi adaptabilidad. 

Mi esencia es vivir en mi "mismidad". Es como si mi YO invadiera todo el espacio y fuera ciega para los demás. Es como si entre mi YO y los DEMÁS hubiese un muro. Tengo que pensar en escalarlo para traspasarlo. Para ello tengo que tener mucha energía y mucha motivación. Tengo que forzarme a escalar para ver fuera porque el esfuerzo es grande y depende de la voluntad y no de la inercia. 

Mi individualidad me come, me arrastra, no veo a los demás. Tengo que hiper-esforzarme por ver y estar con los demás. Solo lo puedo hacer por momentos, porque luego mi mismidad tira de mi y vuelvo a mi castillo. Yo no siento vivir en una burbuja, yo siento vivir en un castillo acogedor. En mi "castillo mental" están mis pensamientos, mis conversaciones internas conmigo misma, mis lecturas apasionantes. En mi "castillo mental" estoy calentita y hay armonía. Es cuando salgo del castillo, al que llamaréis "Zona de Confort" cuando empieza la tensión ante la incertidumbre, sobre todo, social. Si... la incertidumbre social pues no sabes cómo van a reaccionar las personas mañana. 

Desde joven siento tener alta conciencia de que algo en mi no marchaba bien y creo que sigue pasando y es lo que hace que siga sin poder estar con gente, trabajar con gente de la forma convencional. 

Ser hiper-consciente es muy doloroso pues eres conocedor de tu vulnerabilidad y en lugar de echar la culpa fuera, la asumes porque eres tú el que no ve, no percibe, no intuye, no tiene el tacto social que se espera... Necesito de mi "lóbulo frontal externo" (así llamo a mi marido) para que me sirva de cordón umbilical con el mundo. Sin él me perdería en la inmensidad de la nada. Sin él todo se convertiría en un galimatías, viviría en una niebla espesa. Alguien me preguntó que haría si mi marido no estuviera. La respuesta la dejo a la imaginación del lector. Yo ya he pensado sobre ello.

¿Soy la única que entiende que esto no es una condición o forma de ser? ¿por qué no ver la realidad "pura y dura"?

¿Como vivir en este mundo?: teniendo una red de apoyos que te guíen. Un cerebro social colectivo que te ayude a integrarte "de verdad", que aproveche tus fortalezas, que compense y te ayude a ver -sin acritud- tus desajustes. 

Hoy, 23 de Abril del 2020 he releído esta entrada y si bien estoy de acuerdo con todo lo que expreso, en estos momentos también veo esta capacidad para ver la realidad, "mi realidad" como un super-poder. Ver la realidad es dolorosa, pero también ayuda a saber qué es lo que te hace daño. Si lo ves puedes manejarlo y buscar estrategias para sortearlo, cambiarlo. 

Escribí la entrada en un momento muy vulnerable en el que la vida me dio un hachazo en toda regla y tal vez yo fuera responsable de ello. Despertar a la realidad fue muy doloroso. Ahora, con un poco de perspectiva lo veo de otra forma. Ahora soy consciente de mi vulnerabilidad, de lo que me cuesta y esto es un buen principio pues se lo que tengo que reajustar en mi, ahora se lo que tengo que evitar. Ser consciente, después del dolor es una gran herramienta. Es la herramienta.