domingo, 9 de diciembre de 2018

Te has comido todo el chocolate.


No... esta entrada del blog no va de comida, va de como todavía con cincuenta años no interpreto bien ciertas intenciones, como las "supuestas" bromas. Lo escribo entrecomillado porque él me intenta convencer de que es una broma,  cuando yo lo siento como una burla, como una crítica, como una riña según el momento. 

Ayer estábamos con amigos -llevaba cinco meses sin socializar- y mi marido, durante la cena, comentó una "anécdota" sobre mi. Que explicase la "anécdota" no me molestó AHORA porque tengo mucha confianza con esos dos amigos y porque he comprendido -tras un proceso de arduo raciocinio- que una "anécdota" cuando se cuenta a gente amiga no es un "chisme"  o un comentario para ponerte en evidencia; sino que se trata de un comentario inocuo sobre un suceso curioso o divertido ("desde el punto de vista de quien lo cuenta, ¡¡claro!!) de escasa importancia con el propósito de compartir experiencias con otros para reírse conjuntamente. Es decir... parece ser una "estrategia o recurso" para conectar socialmente. 

He tenido que ir a buscar la definición de anécdota al diccionario para poder entender de que se trata y, bien.. lo entiendo, pero una cosa es "entenderlo en frío" y otra cosa es detectar las "anécdotas" en el "aire"; es decir... saber cuando (en el "día a día") lo que una persona dice es una mera "anécdota" o es para "ponerte en evidencia" y molestarte. AHORA voy comprendiendo esto. Entiendo que estos amigos y mi marido no quieren molestarme, pues se que son "buenas personas" y que intencionadamente no me harían daño pues me aprecian -me lo han demostrado-. Ahora entiendo que una "anécdota" es un comentario sin importancia para compartir una experiencia "divertida" o trivial con otros, sin más. 

En otro momento, y hasta no hace mucho, una situación tan intrascendente como esta la  hubiese vivido como una grave transgresión de mi intimidad, como una ridiculización en público y me hubiese enfadado ("internamente enfadado") de sobremanera. Ahora ya soy capaz de entender y trivializar...¡¡¡por fin¡¡¡- 

He comprendido que tengo que "leer las señales del contexto" para poder interpretar la intencionalidad. Eso me lo explicó ayer uno de nuestros amigos. Me dio la idea de "mirar desde arriba" y ver la escena... Toda la escena de la situación para analizar mejor los detalles: lo que se dice, donde se dice, como se dice.  El problema viene en el momento de analizar el por qué (se dice); es decir, la intencionalidad... ¡¡no me digáis que no es complicado¡¡¡¡. 

Después de comprender el sentido que tienen las "anécdotas", con toda la información disponible he desarrollado un " algoritmo mental" para poder salir del paso, y es: 

"mi marido me quiere; por tanto, no es probable que me quiera molestar y menos con amigos que me aprecian. Por tanto, cuando habla sobre mi a esos amigos no lo hace con mala intención. Lo hace para compartir una experiencia trivial. Así que no tengo que darle importancia". 

¡¡¡¡Como me ha costado entender estas sutilezas sociales¡¡¡¡¡¡

¡¡Ahhhh¡¡¡, pero no he contado la "anécdota". Ya no recuerdo bien a que vino el comentario, pero mi marido les contó a nuestros -"sus"- amigos que a veces me enfado de forma exagerada cuando por ejemplo me hace "comentarios broma" "para pincharme" del tipo: "te has comido todo el chocolate". Según él lo hace a modo de broma para que yo sea capaz de identificarlas, pero a día de hoy todavía no detecto, ni interpreto bien esas "bromas" cuando aparecen "de repente", cuando no hay un contexto inmediato que me de pistas, cuando no hay antecedentes (no es una situación prototípica para generar bromas), cuando su expresión gestual y tono de voz me parecen neutros, confusos.

Os pongo en situación: yo puedo estar en el salón y él desde la cocina me dice, en tono de voz alto -pues, está en otra habitación-: "te has comido todo el chocolate". Cuando él me hace este comentario yo suelo reaccionar airada y bruscamente. En muchos casos, de una situación tan trivial -ahora lo veo- puedo llegar a enfadarme de sobre manera. 

Cuando el me hace el comentario "te has comido todo el chocolate" y lo hace desde otra habitación y "de repente"... no entiendo su intención: ¿es una pregunta (¿te has comido todo el chocolate?) o es un reproche (¡¡¡te has comido todo el chocolate!!!!)?... no entiendo a que quiere llegar, no entiendo que es lo que pretende con ese comentario y me irrito. 

Por lo visto, es una "broma", un comentario "de relleno", pero yo no entiendo eso. No entiendo que en una situación cotidiana, en la que no estamos "divirtiéndonos", de repente se me haga una broma... me coge desprevenida. No hay señales en el entorno para que las capte y me quedo como "bloqueada". 

El le contó a nuestros amigos que me hace este tipo de "bromas" para ver si algún día las identifico y dejo de darles importancia. El caso es que a mis cincuenta años no soy capaz de identificarlas y no se si lo conseguiré. Ayer me di cuenta -me lo hicieron ver- que en realidad son pequeñas "travesuras". 

Bueno, si, ya... por fin entendí la intención de esas pequeñas travesuras intrascendentes y.. si.. he conseguido entender sus mentes, pero: ¿ellos entienden la mía?, ¿hacen los mismos esfuerzos que tengo que hacer yo?.

Sin ánimo de gresca, aproveché la ocasión para que entendieran qué me pasaba y como procesaba mi mente en esas situaciones que para ellos son banales, intrascendentes, divertidas. Decidí hacer uso de la didáctica más que del enfrentamiento y de forma muy serena les pasé a detallar lo que me ocurre en esos momentos:
  1. Si la broma es "de repente", sin un contexto previo en la que se inserte, no la anticipo y mi capacidad de reacción y adecuación queda mermada. Literalmente, me bloqueo. 
  2. Si la cara es seria o no puedo leer la cara porque estás en otra habitación no puedo interpretar la intención: ¿es una pregunta?, ¿es una queja?..
  3. Si el tono de voz es neutro y fuerte -al decírmelo desde otra habitación-, cuando el sonido llega a mi cerebro lo interpreto tal cual; es decir, "literalmente alto y fuerte"; por tanto, lo suelo interpretar  con valencia negativa y lo traduzco en queja o reproche. Si el tono tuviera un matiz de delicadeza no me enfadaría pues lo interpretaría "literalmente delicado" y, en consecuencia, no atribuiría nada negativo. Cuando el tono es neutro mis algoritmos mentales para descifrar intenciones se hacen un lío y es cuando se desata la confusión y de la confusión la irritación. Así que mi enfado es por no entender.
Intenté hacerles entender que para mí era muy difícil atribuir bien las intenciones cuando estas no son claras y aparecen de la nada, sin previo aviso ya que mi cerebro no "integra" toda la información de forma rápida y global (el qué, el cómo, el porqué). Mi mente se queda enganchada en una variable que suele ser el tono de voz y según sea este exploto o no. Si es neutro y alto me confunde y es cuando exploto. Cuando el sonido -neutro y alto-de la voz del otro llega a mi cerebro es como si me dieran un golpe con un martillo, como si me electrocutaran y la reacción de enfado es mi defensa. Si el tono tuviera un deje "amigable", suave no habría problema porque lo interpretaría tal cual.. como un sonido "no peligroso" y no me pondría en alerta.

Les comenté que si a mis cincuenta años todavía no era capaz de interpretar esas "bromas" o "travesuras"... ¿qué sentido tenía seguir haciéndomelas?, ¿qué sentido tenía hacérmelo pasar mal si es algo que no puedo identificar, ni controlar? 

Espero haberles incitado, de alguna manera, a la reflexión y a que consideren mi forma de ser. Entiendo que para ellos es complicado entenderme cuando desde sus lógicas mi mente procesa al revés de la de ellos. Lo que ellos ven como una broma yo lo interpreto como una burla, una ridiculización, un reproche. Es como hablar matices diferentes de un mismo idioma.

Me gustaría que la gente comprendiese el gran esfuerzo que tengo que hacer para interpretar situaciones cotidianas que pueden ser simples, inocuas o inocentes para otros. Mi mente procesa de forma literal y no integra la información de forma rápida. El mayor problema es cuando tengo que  leer la mente del otro a ciegas y de repente.


jueves, 30 de agosto de 2018

Las temibles crisis de ansiedad


Normalmente, tiendo a implosionar; pero en algunas ocasiones, he explosionado fuertemente. Me vienen a la mente dos situaciones en las que creo que tuve dos crisis de ansiedad -desde mi punto de vista- graves. Una de ellas fue en casa y otra en un lugar público, en una bolera. Estas, son las más graves que he tenido y que no quiero volver a tener. El recuerdo de ambas situaciones ya es en si mismo angustiante.

Una de ellas, fue en casa. El "detonante visible" pudo ser cualquier nimiedad. Ya no lo recuerdo bien, pero podría haber sido una broma, un comentario inocuo ("a la sopa le falta sal"), etc. Lo que recuerdo de ese momento es que empecé a gritar, a llorar, a hiperventilar. No podía respirar y estuve a punto de perder la conciencia. Me ahogaba. Literalmente, me ahogaba. Recuerdo que mi marido, al lado mío, me ayudaba a respirar, pero me resultaba difícil... era una lucha por sobrevivir. Era como estar presenciando la muerte que te arrastra hacia ella, pero que resistes con el escaso hilo de cordura que te une a la realidad.  Así lo recuerdo yo. Noooo... una crisis de ansiedad -si es lo que viví- no es nada agradable. Es como bajar al infierno. No quiero volver a vivirlas. En esos momentos en los que estás a punto de perder la conciencia, la cordura, tu mente lucha entre la vida y la muerte, lucha por no desaparecer.  Al final, lo conseguí. Después de una crisis, tu cerebro se apaga. Está tan agotado que no puede hacer nada, no puede pensar, no puede hablar... con respirar ya es suficiente. Ese día, tuve que anular mis citas de trabajo, cosa que -a su vez- me suele crear ansiedad y frustración por no poder cumplir con mis obligaciones, mis responsabilidades. 

La otra crisis de ansiedad -creo, que debió de serlo- fue en una bolera. Esa tarde-noche mi marido había quedado con su hermano y su pareja para salir. Fuimos a cenar y después decidieron ir a una bolera. El caso es que al llegar a la bolera, al rato, explosioné delante de todo el mundo. Fue la primera vez que me evidenciaba en público y fue... horrible, horrible, horrible, horrible, horrible. No pude controlarme y empecé a gritar. El ruido del local, los bolos entrechocando y siii... fue como si el ruido ambiente estuviese amplificado a mil por mil. Mi cabeza no podía soportarlo y me puse a gritar.... Tuve que salir fuera del local para recomponerme, pero lo que más me afectó es que los demás hubiese presenciado mi "numerito". Nunca antes me había pasado algo parecido...que yo recuerde. Mi sentido de la vergüenza -que es alto- me reconcomió por mucho tiempo.

Estas crisis de ansiedad no fueron "de repente", ni se dieron por los "detonantes visibles inmediatos" (el ruido de la bolera, el comentario inocuo), pues la tensión ya estaba inserta en mi por tiempo. Esas situaciones fueron la "válvula de escape" no los detonantes. Los detonantes fueron un cúmulo de circunstancias que a modo de vaso que se va llenando y llenando y llenando... un día..¡plofff!!! 

Los detonantes eran "invisibles", incluso para mí, por entonces. Ahora, si pienso en aquellas situaciones, me percato de que ninguna de las dos crisis se produjeron "per se" por un desencadenante inmediato del tipo Causa-Efecto. No... Era una tensión acumulada que tuvo que explosionar. En ambos casos, el vaso se fue llenando con la tensión por las responsabilidades diarias, por el cansancio y... el verdadero detonante fue, en ambos casos, los imprevistos, concretamente el trabajo de más no previsto. Cuando te haces un esquema con un listado de tareas y las cumples, pero...¡¡¡de repente!!! aparece un trabajo de más, o una circunstancia que tienes que resolver y que no te esperabas.. eso, unido a la tensión cotidiana que tienes como amiga, el cansancio, etc.... ¡¡¡ploff!!!

Nooo... en mi caso no fue una "crisis sensorial per se" -sin más- por el ruido de la bolera, pues, la tensión interna ya estaba gestionándose dentro. La tensión estaba latente durante todo el día y si no recuerdo mal, ya empezó el anterior. El ruido de la bolera fue "la gota que colmó el vaso", pero el vaso ya estaba lleno. Ese día, además del trabajo de más que tuve que asumir, se añadió el hecho de tener que socializar con personas "simpáticas al estilo común"; es decir, que todo el tiempo lo dedican a hacer bromas, a hacer tonterías, a decir boberías... y para colmo... ¡¡¡escogieron ir a una bolera!!!!!!.... así que os podéis imaginar... Mi rígido autocontrol no fue suficiente para evitar explosionar. No me gustan las boleras, pero estoy segura de que si no hubiese estado colapsada emocionalmente (lidiar con imprevistos, cansancio, tener que socializar y procurar seguir el ritmo social) hubiese podido contener la incomodidad de la bolera. La hubiese aguantado, pero no hubiese explosionado. 

Hasta el momento, he tenido enfados, pero no más crisis... y no quiero tenerlas. El recuerdo de estas dos experiencias son suficientes para hacer lo posible para evitarlas. Pero... ¿como se pueden evitar los imprevistos?, ¿como se puede evitar la responsabilidad de las tareas diarias?... Bueno, ahora, tal vez, pondría haber previsto el estallido y, tal vez, hubiese sido capaz de poner alguna excusa para no ir al encuentro social y menos a una bolera para evitar colapsar. De todas maneras, se pueden buscar "tiritas momentáneas" para calmar la tensión,  y controlar las explosiones, pero el estrés diario ahí está latente... haciendo de las suyas en el submundo de las emociones, esperando, esperando el momento. Por lo menos ahora puedo conocer mejor qué cosas podrían desencadenarme una crisis y poder evitarlas... Eso espero, porque no quiero volver a tener otra Crisis de Ansiedad. 

He estado mal en muchas situaciones, pero mi rígido autocontrol ha mantenido a ralla a las temibles crisis. Sin embargo,  el cuerpo tiene un aguante, un límite y aunque se tengan grandes capacidades de autocontrol -como creo que tengo- en determinados momentos... estallar puede ser inevitable. Por otro lado, una crisis tal vez sea un sistema de alerta. Es cuando el cuerpo -en su sapiencia por sobrevivir física y mentalmente- te recuerda que estas en el límite y... tienes que hacerle caso. ¡¡¡Ten cuidado!!!

Por ahora, aunque no he vuelto a tener otra crisis... la posibilidad de que vuelva a ocurrir siempre está ahí y ese pensamiento es mi Espada de Damocles.  Está la amenaza constante de que pueda volver a ocurrir de nuevo de forma inesperada.  


lunes, 27 de agosto de 2018

¿De verdad que esto es una mera "Condición"?


Se que esta entrada va a ser polémica, pero cuando me animé a escribir este blog-diario personal decidí ser honesta y transparente conmigo misma y así lo voy a hacer. Es como lo siento en estos momentos. Tal vez, dentro de un tiempo pueda verlo de otra forma, pero por ahora no veo que esto que me pasa sea por una mera "condición", por una forma de ser. Por "una forma de ser" no buscas un diagnóstico clínico y no consultas con una variedad de psicólogos y psiquiatras.

No se fingir emociones que no siento y hoy me siento mal. Me ha invadido una soledad mental atroz que ha hecho brotar lágrimas de nuevo... a escondidas. Hacía tiempo que no lloraba. Hoy necesitaba llorar y desahogarme: "no quiero ser asperger", "no quiero ser asperger" me he repetido a mi misma en mi soledad. 

Cuando me encuentro inmersa en la rutina del trabajo, ésta me acapara de tal forma que no tengo tiempo de pensar en mis limitaciones, más cuando a nivel laboral mis pobres capacidades sociales no repercuten en mi productividad. Tengo suficientes recursos sociales para manejarme en la rutina diaria. Sin embargo, es en los periodos de vacaciones cuando me domina -en algún momento- la rabia interna, el enfado, la tristeza por... no poder disfrutar del ocio con gente. 

En los momentos de vacaciones es cuando la gente ocupa más tiempo quedando con familiares, amigos y es cuando me veo a mi misma aislada del mundo. Es cuando me encuentro en mi burbuja hermética y sin  salida. Es cuando los amigos -de mi marido que por rebote son los míos- nos dicen de quedar, de hacer algún viaje de fin de semana juntos. Es cuando, al tener más tiempo libre, debes de quedar mas con los familiares. Es cuando ves como tus amigos se van de vacaciones y DISFRUTAN de ellas en compañía de otras personas. 

Yo... no puedo hacer nada de eso. Veo como los demás disfrutan estando con gente y yo... ¡¡¡No puedo!!!, ¡¡¡no puedo!!!, ¡¡¡no puedo!!!!

Mi marido necesita sus momentos sociales y se va a ir una semana de vacaciones con amigos... Yo no puedo acompañarle y... me siento fatal. Se que si fuese, al segundo día me invadiría la ansiedad por no poder ser social de forma mantenida; así que me he quedado en casa. La verdad, es que prefiero quedarme en casa que irme una semana con "amigos". Por otro lado, no puedo esperar que él se acomode a mí completamente y se quede conmigo... No puedo hacer eso porque eso me haría sentir más culpable. Lo que me ha puesto triste no es que él se vaya con sus "amigos" -que son los míos-; sino el hecho de no poder estar con ellos y DISFRUTAR. Son personas que conocen mi diagnóstico, saben que me puedo colapsar y lo respetan. Pero, yo no quiero ir para que no sientan que tienen que "cuidarme", no quiero ser una carga emocional para nadie, no quiero que mis limitaciones limiten a los que quiero... y eso me ha hecho pensar que... ¡¡¡no quiero ser asperger¡¡, ¡¡¡¡no quiero ser asperger!!!!.... 

¿Algún día podré DISFRUTAR con las personas -incluso con las que quiero y me quieren-?

Tengo ganas de llorar por lo "no sentido", "por lo que no viviré"... ¿De verdad que esto es una mera "Condición"? ¿Si es una forma de ser porque no consigo comunicarme con espontaneidad con la gente a la que aprecio?

Me siento triste porque me siento un ser excluido de la sociedad porque YO no se- no puedo incluirme. Ellos hacen esfuerzos por incluirme, me aceptan como soy; pero, soy Yo... Hay "algo" en mi que no funciona bien a nivel social. Mi dificultad es primordialmente social. No... no es baladí. Me siento como antaño cuando miraba como jugaban los otros niños desde el balcón... Es lo mismo. Nada ha cambiado. Lo único que ha cambiado es que ahora puedo simular cierta sociabilidad por un tiempo y antes no. En esencia, me sigue pasando exactamente lo mismo que cuando era niña. Y, se que el problema lo tengo yo. Hay algo en mi que me limita tener y disfrutar de las relaciones sociales recíprocas, incluso con personas a las que aprecio y me aprecian... ¿de verdad que es una mera Condición? y ¿por qué siendo "tan funcional" todavía lloro por lo no sentido, por lo no vivido, por sentirme a años luz de las personas que tengo cerca?.. ¿por qué?

No... no lo siento como una "mera condición", yo lo siento como algo más profundo que me limita las relaciones sociales. ¿Por qué me cuesta tener iniciativa social?, ¿por que no me sale el impulso de preocuparme por los demás de forma espontánea?, ¿por qué no tengo el enfoque o curiosidad por hacer amigos?, ¿por qué no disfruto habitualmente con la gente?, ¿por qué me cansa estar con gente?

Por una "mera" Condición no haces un recorrido por profesionales buscando comprender que te pasa, buscando ayuda. 

Os voy a contar la situación-detonante por la que decidí buscar un diagnóstico. No se si ya la habré contando en otra entrada. Si es así, disculpad la reiteración. 

Era un viernes, hace unos cuatro años. Estaba en el trabajo y no acudió la cita que esperaba, así que mi marido me invitó a dar un paseo por el centro de la ciudad. Me pareció buena idea; así que fuimos paseando al centro. Me encontraba bien, contenta. Todo empezaba bien. Por el camino me apeteció entrar en una tienda de ropa -esos grandes comercios-. Le dije que quería mirar algo de ropa y el aceptó. Mientras yo ojeaba ropa, él se quedó en la entrada del establecimiento esperándome. Mientras yo miraba ropa, le miraba a él y me pareció que tenía "cara de enfado"; así que me acerqué a él toda enfadada y le dije en forma brusca... "vámonos".. él se quedo perplejo. Eso lo se ahora. Yo pensaba que él "estaba enfadado" por que tal vez no le apetecía que yo estuviera viendo ropa, así que me enfadé porque pensaba que él estaba enfadado. De la "nada" empecé a enfadarme de forma desproporcionada. En el enfado -que yo inicié- él me dijo algo así: "cómo puedes saber lo que siento si no estas en mi mente"... Sus palabras me dejaron paralizada y entonces fue cuando pensé -por primera vez- que, tal vez, él tuviera razón y yo no estaba "leyendo bien su mente, sus emociones"... 

¡¡¡¡No estaba enfadado, solamente estaba SERIO!!!!!". 

El bloqueo me llevó a una irritabilidad que ya no pude controlar y nos fuimos para casa. Yo súper enfadada y él descolocado con mi reacción. Al llegar a casa, no pude hablar, no pude comer y mi cabeza empezó a borbotear. En ese borboteo, me vino la sospecha seria de que tal vez... YO tenía un problema. Un problema que me impedía leer emociones si estas no eran evidentes, que me impedía interpretar intenciones si estas no eran claras, que me impedía controlar emociones -sobre todo, las de enfado-. El problema con los enfados era que nunca sabía cuando iban a desencadenarse porque no sabia cuales eran los detonantes. Ahora puedo, retrospectivamente, entenderlos e identificarlos. Podían enfadarme y descontrolarme "cosas imprevisibles", por ejemplo, las "caras neutras", cuando las cosas no ocurrían como yo las había planeado en mi mente, cuando no "leían" mi mente y no se anticipaban a mis necesidades o deseos. Los imprevistos o las rupturas de mis esquemas mentales podían ocasionar enfados de la "aparente" nada y sin previo aviso, incluso... para mí. ¡¡¡Ahora entiendo tantas cosas!!!!

¿De verdad que esto es una mera "Condición"?

Ese día, de lo alterada que me puso la situación, no pude ni ir trabajar y la forma de calmar la tensión -la gran tensión- fue... hiperfocalizar mi mente en una tarea específica relacionada con mi trabajo. Al llegar a casa, sin comer, me metí en el ordenador a crear un material para el trabajo. Creo que era mi forma espontánea de intentar controlar la ansiedad, frustración, tensión... Cuando mi marido llegó a casa del trabajo, me acerqué a él y le pedí disculpas. Fue la primera vez que me acerqué a él -tras un enfado mío- para disculparme. Me costó mucho, muchísimo, muchisísimo... Él, como siempre, me abrazó y ya. La tensión disminuyó. 

Ese día sentí de verdad que necesitaba buscar ayuda. Sentí de veras que esos enfados no eran "normales" y que no los entendía porque no podía anticiparlos... Nunca sabía CUANDO me iba a enfadar. Creo que mis enfados no eran "comunes", en la medida de ir acumulando tensión y explotar. Mis enfados eran imprevisibles y no buscados. No se cómo explicarlos. Eran enfados por "no entender". Ahora entiendo y hace tiempo que ya no tengo enfados de esos... Me puedo enfadar por cosas comunes como que la casa esté desordenada o cosas así; pero antes los enfados eran... eso: imprevisibles-incluso para mí- por no entender. 

¿Una mera "Condición"?

Yo lo siento como un Trastorno, entendido como una "alteración" de algunos procesos mentales. En mi caso, algún circuito mental relacionado con la socialización (identificación de emociones, de intenciones, de iniciación social, de ejecución social...) está "alterado". No me da reparo nombrar la palabra "alteración" porque yo lo siento así y desde bien joven. Pero desde que soy consciente de qué tipo de alteraciones tengo puedo anticiparlas mejor y buscar formas alternativas para entenderme y manejarme en el día a día. A nivel social, mi espontaneidad está afectada y eso limita mi socialización. No puedo hacer nada, más que aceptar que es así y de vez en cuando llorar por ello. El no obligarme a socializar mitiga mi tensión social, pero cuando inevitablemente me comparo con los otros y veo como disfrutan socializando es cuando me vengo abajo y me inunda una tristeza tremenda. En esos momentos es cuando el reflejo del espejo me recuerda la realidad, mi realidad sin compasión y de forma dolorosa. 

Se que mañana me levantaré recompuesta después de llorar. Siempre me levanto. Siempre busco formas de distraer la mente para no pensar en mis limitaciones. Si... "limitaciones sociales". 

Mañana me levantaré y planificaré el día llenándolo de actividades para "no pensar", para "emborrachar" mi mente. Se que se me pasará. Mañana se me pasará, pero hoy necesito llorar.

¡Buenas noches!
¡Hasta mañana!


martes, 14 de agosto de 2018

XXIV



XXIV

El ambiente me invita vagabundear sin prisas
por estas callejuelas oscuras.

Es uno de esos días de otoño
en los que el frío se debate por entrar,
aunque duda.

Y es, en esa duda, en la que yo paseo.
"Solitario", me llaman
pero, no saben ellos...

Me acompañan las minucias y
las grandezas...¡tontas!
que, a veces, no reconozco unas de
las otras.

Soy amigo de todo y de nada, 
de las coronas de oro, del laurel,
del lodo y de las espinas de las rosas, 
del llanto de un niño y de las gotas de rocío.

Soy leal compañero y me afirmo
con la mano en el corazón,
"fiel" a las piedras del camino.

Mi sonrisa (reconozco que algo soberana)
se pasea por las miserias.
Mis miserias. 
Pero mis manos siempre están abiertas
para recibir las tuyas. 

"Aereo poeta": me repiquetean estas palabras,
seguramente escuchadas en otros instantes
(aunque no recuerdo cuales)
y continúan diciendo: "tus pies
descansan en tierra... ¡¡deja de flotar!!"

"¡Sí!" grito al aire.
Paseo por estas callejuelas oscuras
de adoquines desgastados...

Mis pies se adosan a la Tierra.
¡No se... de que te quejas!
Tal vez de mí______ no se qué,
que se eleva para no contaminarse.
¿Te molesta?

<No son mis nubes las culpables
de tu realidad, de tu tierra, de 
tus pies, de tu "dos por tres, seis">

Replicas algo malhumorado
y creo reconocer
cierta socarronería en tu discurso.

Hastiado, arrojas con violencia animal
el libro, que solo hace unos momentos
yacía plácidamente entre tus manos.

"Si... ten cuidado, que de tanto inflar
tu... (no se qué), va a estallar 
en mil pedazos"

Y con la cabeza erguida, altivo te alejas...
¡¡uy!! casi tropiezas.

Mientras se desvanece tu imagen
me pregunto sobre la fuerza de tus pies
en la tierra
y sobre la altanería de tu nariz que
roza las alturas.

Recojo el libro que ahora descansa
sobre las palabras que hoy he alquilado.
Leo, por donde ha quedado olvidado.




Así ocupaba el tiempo cuando los demás veían que... no hacía nada. ¿Qué estará haciendo sola en su habitación?... 

En mi habitación me dedicaba a pensar, a escribir, a... divagar. En esos momentos de retraimiento del mundo, me invadían mis "sinestesias mentales".  Les llamo "sinestesias mentales" porque en mi mente las palabras escritas tenían color, sabor, aroma, textura, profundidad. Eran imágenes tridimensionales y pentasensoriales que me envolvían. Eran imágenes impetuosas que traspasaban mi mano muerta, mientras mi mente aprehendía la batuta de mi voluntad. 
 

Esta.. no se como llamarlo.. ¿poesía?, ¿catarsis mental? es el producto de uno de esos momentos intensos de cuando, con alrededor 16 años, pasaba el tiempo en mi habitación... NO HACIENDO NADA... o eso deberían pensar los demás. 

Desde lo más íntimo de mí para compartir.


domingo, 8 de julio de 2018

Enfrentando la Realidad Social



Hace un tiempo escribí una entrada en la que comentaba sobre mis estrategias de "acomodación social", que se resumían básicamente en tres: ser una escuchadora, ser una preguntadora y ser una evitadora. Esas estrategias, por decirlo de alguna manera, las he usado para "salir del paso", pero en realidad no me han ayudado a integrarme en los encuentros sociales. 

Poco a poco he ido desarrollando otros mecanismos, creo que un poco más sofisticados para llevar conversaciones, que explico en la entrada del blog "Mente en Blanco" (Los "Algoritmos mentales", "Seguir el hilo", la "Reformulación", los "Temas programados") y, otra estrategia básica es la "Guionización", de la que también hay una entrada específica en el blog.

Antes, enfrentarme a una situación social me creaba una ansiedad anticipatoria que intentaba controlar diciéndome a mi misma: "hoy te lo vas a pasar bien", "hoy vas a estar en la conversación", "hoy vas a ser simpática". Y, ocurría que empezaba bien, pero al poco tiempo mis recursos socio-comunicativos se agotaban y era cuando me invadía la ansiedad. Ya he comentado sobre ello en otras entradas del blog. 

Debo de decir que la ansiedad social que siento no es por el temor a lo que los otros puedan pensar de mí o a ser juzgada, ni por no atreverme a hablar con gente... no es eso. Mi ansiedad social se da cuando me voy dando cuenta de que mis recursos socio-comunicativos se van terminando y me es imposible seguir el flujo social. Mas que importarme lo que los demás puedan pensar de mí en esa situación, lo que me preocupa es ser evidenciada en el grupo y que acaben haciéndome esas odiosas preguntas del tipo: que te pasa, estás muy callada, etc. etc. etc. La ansiedad social aparece, también, cuando me siento fuera del círculo social que es ese momento en el que "desapareces". Ya ni se acuerdan de tu presencia.

Ahora, las cosas van cambiando un poco desde que ya no me culpabilizo de mi ineptitud social. La he asumido y sé que en muchos encuentros sociales no voy a poder seguirles así que me preparo mentalmente antes de enfrentarme a esas situaciones. 

Ahora procuro seleccionar mucho con quien ir y cuánto tiempo estar; pero cuando tengo que ir a reuniones sociales no deseadas, procuro buscar mecanismos internos para que no me invada la ansiedad. Estos son algunos de los mecanismos que me sirven para mitigar la tensión social: 
  • Me hago a la idea de que van a durar un poco, pero que se terminan. Tienen un final. ¡¡¡Tienen un final!!!!. Ahora lo vivo como una especie de "trámite social". Algo que de vez en cuando se tiene que hacer. Es como una reunión de trabajo que no te apetece, pero que tienes que hacer. Pues así pienso yo sobre los encuentros sociales convencionales.
  • Decido ir sabiendo que me puedo colapsar, con lo cual ya voy preparada mentalmente para esos momentos y los planifico. Antes planificaba "cómo integrarme en el grupo". Ahora planifico qué hacer cuando empiece a colapsarme; es decir, que recursos usar para "descansar". Algunos de los trucos son: ir al baño y relajarme; ayudar en tareas como fregar los platos, poner la mesa, ayudar en los preparativos de la comida, con la idea de evitar estar en las conversaciones. Estar "ocupada" me ayuda a buscar una actividad con la que desconectar de ellos y descansar sin que lo vean muy "raro". A veces, me pongo a jugar con algún niño -siempre y cuando ese niño sea adorable para mí, si no no-. En definitiva, busco formas de alejarme momentáneamente del grupo sin que lo vean muy raro y sin culpabilizarme por ser una inepta social. 
  • Ya no voy con la obligación personal de intentar "pasarlo bien" con ellos. Se que no va a ser así. Es una realidad y ya no me siento culpable por "no disfrutar con ellos", ni siento la obligación de "caerles bien". Ese ha sido el gran cambio: no sentirme mal por no conectar con ellos. Ahora veo la realidad desde otra perspectiva: antes pensaba que la obligación de caerles bien era mía, que yo era la "aburrida", pero ahora no lo siento así. Ya no siento esa necesidad y lo curioso es que me he dado cuenta de que son ellos los que me aburren a mí. Eso hace que ya no me culpe por no conseguir socializar con la gente. En cuanto a ellos, los acepto, los tolero, pero no los disfruto. Es una realidad. Es así y no hay más que añadir.
  • Tengo claro porqué voy: es un pacto con las personas que aprecio, sobre todo, con mi marido. Él necesita socializar, así que le acompaño a encuentros sociales con sus amigos. En esas situaciones, yo me hago a la idea de estar "haciendo algo por él". Es como un regalo que le hago. Lo hago por él y ese pensamiento me hace sentir bien porque salir tiene un objetivo ("hacerle un regalo"). Si él se lo pasa bien yo ya me encuentro bien. Es mi forma de demostrar mi afecto. Debo de decir, no obstante, que no siempre puedo hacerle estos regalos sociales y le pido quedarme en casa, aunque procuro hacerlo de vez en cuando. 
  • Para que no me invada la sensación de "pérdida de tiempo" aprovecho la ocasión para "estudiar el comportamiento humano"... ¡¡¡me estoy convirtiendo en una gran "Antropóloga social"!!! :-)
Además de las estrategias que comentaba en la entrada del blog "Mente en Blanco", estoy usando otras estrategias como las "Representaciones mentales"...ya no se si os he comentado sobre ellas. Por ejemplo me imagino que en la mente tengo un "botón de encendido y apagado social" que acciono antes y después de los encuentros sociales. Enciendo el botón cuando ya veo a la gente aparecer y es entonces cuando simulo "ser social". Me preparo para ser una actriz social, sabiendo que lo soy, sin pensar en disfrutar. Pienso que es una función que va a durar un tiempo y que... terminará. La diferencia de antes es que ahora sé que soy una actriz y no espero pasarlo bien. Es una obra de teatro asignada, no deseada. Eso me relaja porque se que va a terminar, eso si... acabo agotada y cuando acciono el "botón de apagado" me quedo como muerta por días. Ahora me invade más el cansancio que la ansiedad... Lo considero un gran paso para mi estabilidad emocional.

Creo que el gran cambio está siendo el de aceptarme, aceptarles y, sobre todo, no esperar disfrutar. No crearme expectativas irreales. Tal vez, muchos piensen que es una lástima pensar así, pero para mi es un alivio. Es, como ya he comentado, un "trámite" que tengo que pasar. 

Espero, no obstante, ir encontrando gente "afín" con la que me sienta realmente bien y con la que no tenga que hacer todo ese esfuerzo mental para socializar. Por ahora, son pocas las personas con las que me siento libre de ser yo misma, pero no necesito de más.

Me encantaría disfrutar en los encuentros sociales como creo que lo hacen otros. Antes era un anhelo que me reconcomía por no sentirlo. Ahora es una realidad que acepto y manejo. 

domingo, 24 de junio de 2018

Mi Teoría de la Mente y las "Aspercagadas"


Últimamente no paro de pedir disculpas y es que cada vez meto mas la pata. Antes, al ser exageradamente inhibida con un rígido autocontrol no resultaba inoportuna... ¿cómo lo iba a ser si no hablaba?. En contrapartida tenía que enfrentarme a los constantes comentarios punzantes del estilo: "no dices nada", "qué te pasa", "te encuentras mal". Mi mente se cerraba y lloraba por dentro culpabilizándome por ser una boba, una inútil social.

Ahora, en algunas circunstancias, me deshinibo con más facilidad, pero cuando lo hago... la cago (término que voy a usar cariñosamente hacia mí). En esas circunstancias no pienso lo que digo y la lío, pues puedo decir cosas inoportunas o decir cosas en un tono que es interpretado como brusco, impetuoso y puedo llegar a ofender. El caso es que yo no me doy cuenta de ello de forma inmediata y a veces, no me doy cuenta si no me lo dicen de forma explícita. A veces hablo con impulsividad sin darme cuenta en cómo mis palabras pueden ser recibidas por el otro, más cuando no tengo la intención intencionada -la redundancia es deliberada- de dañar u ofender. Pero... ¡¡¡vaya¡¡¡ no parece ser así: a veces digo cosas que al otro le ofenden. De verdad... no hay mala intención. No hay intencionalidad malsana de hacer daño... pero lo hago y si el otro no me lo dice no lo veo, no lo percibo, no lo registro.

Mi mentalismo no es deformado, retorcido; es algo mas simple, más ingenuo; pero no por eso menos doloroso para quien me sufre en algunos momentos. 

Pensando sobre mi mentalismo, por ahora me he detectado algunas particularidades que van de un Mentalismo Lento, a un Mentalismo Dormido. Decir que cuando me hiperconcentro en determinadas situaciones sociales (las pienso conscientemente) mi mentalismo es ajustado. 

Como mentalizar es tan complicado, muchas veces, opto por desconectar o por mantener una actitud del tipo no implicación social ("Estando sin estar").


Ejemplo de "Mentalismo Lento": 
Hace unos cuantos años decidí volví a retomar los estudios y empecé a hacer un máster (obvio la temática porque es irrelevante para la explicación). Decidí ser social, así que me iba a la cafetería para estar con algunos de mis compañeros. Recuerdo una ocasión en la que una compañera estaba enfadada porque -según ella- el profesor le había puesto una nota más baja de la que se esperaba teniendo en cuenta todo lo que había estudiado. A mí, en esa situación no se me ocurrió otra cosa que preguntarle: "¿y que análisis estadístico has hecho?" y cuando ella comentó, acto seguido le respondí: "¡¡¡ese análisis es muy simple!!!". Entonces, se hizo el silencio y su cara enmudeció. Fue cuando me percaté de que no tenía que haber dicho lo que dije (que en definitiva quería decir: "te pusieron baja nota porque el análisis que decidiste hacer era de los más simples para aprobar"). De repente, me di cuenta de que tenia que haber filtrado (no decir lo que pensaba) y hacer como los demás: consolarla. Me di cuenta después, a destiempo, que la había "cagado", que había cometido una "aspercagada" (así las llamo para reírme de mi y para que el error social cometido no me reconcoma). Os puedo asegurar que no hubo mala intención, no hubo retorcimiento, ni ironía, ni nada de eso. Mi razonamiento salió de la mas pura sistematización... pero socialmente "la cagué".


Ejemplo de "Mentalismo Dormido"
Os comento uno de los últimos que recuerdo mejor, pero seguro que he metido la pata muchas veces y no me he dado cuenta. 
Hace unos meses, estaba con una compañera de profesión -pero que no trabajamos juntas- en una situación de "ocio" (cenando juntas con mi marido incluido). En la conversación salió un tema de trabajo y yo le dije algo que a ella no le agradó, pero yo no me percaté. Cuando la cena terminó y volvía a casa con mi marido, él me comentó que yo había sido brusca en la comida al comentar sobre la situación que se planteó. ¿¿¿Yo???...¡¡¡de verdad¡¡¡¡ no recuerdo haber sido BRUSCA.. Yo pensaba que había sido enfática , pero no ofensiva -más cuando no pensé en serlo- comentándole lo que opinaba. Según me dijo mi marido es muy posible que esa persona se sintiese ofendida, criticada. Yo, sin embargo, pensé que estaba opinando, no criticando. No me percaté de que mis palabras y mi tono enfático pudieron ofenderla de sobre manera. No vi señales que me hicieran ver que no estaba siendo correcta. 

¿Por que es un ejemplo de "Mentalismo Dormido"? pues porque si mi marido no me hace ver que fui brusca.. yo NUNCA me hubiese dado cuenta. ¿Y, por qué "dormida"? por que no es una completa ausencia de capacidad mentalista, no es una ceguera irreversible.. es una ceguera reversible siempre y cuando alguien me la haga ver.  No se muy bien como explicarlo.  Cuando me hacen ver que la he liado... entonces, mi cerebro lo ve y ...¡¡despierta!!! Lo malo al despertar es el sentimiento de culpabilidad:  me siento fatal, fatal. 

Tras un análisis retrospectivo de la situación puedo darme cuenta de mis errores sociales, mis meteduras de pata, pero eso no garantiza que no vuelva a cometer errores sociales ("Aspercagadas") de nuevo en otras ocasiones, pues mi cerebro no es capaz de anticipar en otras situaciones nuevas. Para evitar los errores sociales, tengo que mantener a mi cerebro en constante ALERTA.... No es fácil. Espero que con vuestra empatía innata seáis condescendientes conmigo y no me lo tengáis muy cuenta. Podéis hacerme ver el error -os lo agradecería-, pero os pediría que lo hagáis de forma cuidadosa pues cuando despierto el sentimiento de culpabilidad es eterno y es cuando me vienen pensamientos de abandonar, de excluirme, de rendirme. Si.. soy una exagerada. Es lo que tiene tener una mente hipersensible...

¡¡ay¡¡ que complicadas son las relaciones sociales: para los demás relacionarse conmigo y para mi relacionarme con los demás.

Mi capacidad para mentalizar de forma ajustada está directamente relacionada con mi estado de ALERTA y ENFOQUE SOCIAL ACTIVO (palabrejas autoinventadas para definir mis estados mentales). Tengo que obligar a mi cerebro a estar en alerta constante y pensar no solo lo que tengo que decir o no decir, sino en analizar al otro, el entorno y decidir si lo que iba a decir puede ser adecuado o no....¡¡¡uuuffff¡¡¡¡... ¿quien dijo que esto era una mera condición?

Es curioso, si estoy en formato "escuchadora activa" soy capaz de leer matices sociales en otros que me permiten ponerme hábilmente en el lugar el otro y empalizar e, incluso, "hiperempatizar"; 
pero...
Si estoy en formato "habladora apasionada" me centro en mi discurso y no pienso en las repercusiones en el otro de lo que pueda decir,  más cuando no hay mala intención en molestar u ofender ...¡¡¡¡de verdad¡¡¡¡¡¡. Cuando estoy en formato "apasionada" no leo señales sociales si  estas no son muy evidentes. Es entonces, cuando me tienen que hacer ver que no estoy ajustando...

Cuando estoy en formato "Habladora apasionada" no guionizo y es un alivio. El discurso me sale solo, PERO... tiene su contrapartida: es impulsivo y monocentrista (no se cómo explicarlo): me centro en lo que digo ("me sale solo"), pero mi cerebro no anticipa, ni planifica, ni preve las posibles consecuencias SOCIALES de lo que digo y es entonces cuando la cago. 

¿Y... que tengo que hacer para no liarla, para evitar las "Aspercagadas"? pues tengo que tener a mi cerebro social en constante ALERTA para prever posibles consecuencias. Prever requiere de un esfuerzo mental enorme que conlleva: 

  • Inhibir el apasionamiento mental para evitar la hiperfocalización mental y la hipofocalización social. Tengo que autocontrolar el impulso mental y para ello tengo que obligarme a darme un tiempo de latencia mental para pensar lo que DEBO de decir y lo que NO DEBO de decir. Necesito unos segundos para pensar no solo qué decir, sino si lo que diga va a ser adecuado a la persona (a esa persona en particular) y al contexto.
  • Estudiar (Conocer muy muy bien) a la otra persona para saber hasta que punto puedo llegar a ser apasionada sin que se sienta agredida. Estoy comprendiendo que esto solo lo puedo hacer con unas pocas personas que me conocen mucho, mucho y saben que si la cago no hay mala intención. El problema viene cuando mi impulsividad mental se activa con gente que acabo de conocer o que me conocen poco... entonces, interpretan grosería, brusquedad, impetuosidad... y tal vez, más cosas que no me digan.


¡¡¡¡SOCORRO!!!!!!! 
¡¡¡¡SOCIALIZAR ES AGOTADOR!!!!!
¡¡¡UUFFFF!!!.... NECESITO UN DESCANSO DE LA HUMANIDAD :-)

Que complicadas son las relaciones sociales, sobre todo, en situaciones triviales y con gente que no te conocen profundamente y que no conoces bien.... 

Me fascina la habilidad que tienen los demás para poder relacionarse sin tener que hacer tanto esfuerzo mental. No se cómo lo hacen. Admiro esa facilidad para socializar que tienen algunos. Y es entonces cuando me pregunto: ¿una mera condición?, ¿una forma de ser?... ¿cómo siendo "altamente funcional" para determinadas cosas, soy tan "bajamente funcional" para otras?. Soy "bajamente funcional" para algo tan, tan humanamente esencial como es la socialización... ¿una mera condición?.

Lo bueno es que ya no me victimizo... estoy intentando manejarme en el mundo aprendiendo a hacerlo... Este máster es el más complicado... el máster de la vida, pero no me rindo... ¡¡¡lo conseguiré!!! :-)


viernes, 22 de junio de 2018

No a la Victimización


Escribir sobre mi pasado oscuro (la "Época Fango") y sobre las situaciones que me incomodan me sirve para exorcizar pensamientos negros que todavía siguen ahí, aunque su recuerdo es cada vez menos doloroso. Escribir sobre el pasado me ayuda a expresar esas emociones que quedaron guardadas en su momento, pero no quiero caer en la Victimización.

La victimización no ayuda a evolucionar y yo quiero evolucionar.

Quedarse fijada en la "Epoca Fango" o en los momentos negros paraliza y no ayuda a evolucionar y yo quiero evolucionar.

No quiero ser tratada como a una niñita a la que hay que cuidar, a la que hay que acomodar el entorno completamente a ella para que "esté bien". No soy de cristal y aunque por fuera pueda parecerlo, por dentro soy de hierro. Las lágrimas brotadas en el pasado ahora son la energía que me impulsan a evolucionar. Me niego a caer en la Victimización. 

No quiero las migajas de los demás. 
No quiero ser incluida al modo: ¡¡¡¡pobrecita, hay que ayudarla!!!
No quiero el paternalismo-maternalismo de los demás. 
No quiero ser tratada diferente.
No quiero ser una carga para los demás. 

Quiero integrarme a mi modo, seleccionando a la gente, los espacios, los momentos, los tiempos. Quiero integrarme, sabiendo que el mundo entero no puede girar sobre mi y que yo tengo que aprender a manejarme en este mundo de una forma asertiva sin perder mi idiosincrasia. Quiero integrarme buscando mis recursos para manejarme en él. 

Se que tengo que pactar y sufrir mi "asperansiedad" en algunos momentos... Lo se, pero prefiero aguantar mi "asperansiedad" que revolcarme en el fango de la nada, de la parálisis del miedo. Ese fango es más doloroso que la ansiedad de enfrentarme al mundo.

No quiero caer en la Victimización, pero tampoco en la Culpabilización de la humanidad. 

No quiero echar la culpa al mundo de lo que me ha pasado o, a veces, me pasa. Ese sesgo cognitivo (Generalización Apresurada) de pensar que "todo el mundo es malo" no ayuda a evolucionar, más cuando no es cierto. Algunas personas buenas intentaron ayudarme, pero yo no supe recoger esa ayuda. Yo puse mi barrera para no ser ayudada. Mi reserva extrema y mi extremo orgullo -la redundancia es intencionada- no permitían el acceso de los otros a mi para recibir ayuda, pues me hacía recordar mi debilidad y vulnerabilidad.

Si... sufrí de acoso en el instituto, un acoso que ahora puedo reconocer que era de tipo sexual. En su momento no lo identifiqué así, pero no puedo culpabilizar al mundo por lo que hicieron unos pocos. 

No siento odio, no pienso que el mundo está confabulado para hacerme daño a propósito. Me hicieron daño, pero he ido aprendiendo a seleccionar a la gente ("a modo de colador") y me da igual si, incluso, son familiares. Las personas que me resultan tóxicas, ahora, simplemente las aparto de mi vida sin contemplaciones, pero no me revuelco en el fango, en el odio a la humanidad. 

Ahora, ese pasado oscuro revive de forma renovada pues me permite disponer de la empatía para comprender a otras personas que han pasado por lo mismo. Lo comprendo, lo siento y lo sufro (a veces, incluso, lo "hiper-sufro"), pero quiero usar ese dolor y ese conocimiento para ayudar a comprender a los que no comprenden. Quiero ayudar a esas personas que están todavía en el fango del miedo y del odio a salir de él y a evolucionar. Evolucionar sin perder la identidad. Quiero ayudar a que las personas que han vivido experiencias parecidas, se acepten, se comprendan, se quieran y que aprendan a salir poco a poco del fango de la nada para ver nuevos enfoques vitales...