sábado, 8 de julio de 2017

Y, cómo explicar...



Y.. como explicar como me siento por dentro. 

Hay veces que me siento pletórica y disfruto cuando me zambullo en mis soliloquios mentales, cuando teorizo conmigo misma, cuando vivo en el mundo de las ideas... 

Siento que vivo en mi mente: es así. Soy autista en el sentido estricto de la palabra. Autismo del griego "autös" que significa "uno mismo". Me gusta mi mundo autista: Yo conmigo misma. ¡¡¡Es tan apasionante el mundo de las ideas!!!

Luego, despierto al mundo y me siento sola, completamente sola. No conecto "de verdad" con nadie. Es como estar detrás de una pantalla: ellos actúan y yo les miro. No hay reciprocidad entre ellos y yo. No siento esa reciprocidad a pesar de hablar con ellos, de mirarles, incluso, de tocarles... Me agotan y necesito alejarme.

Es extraña esa sensación de estar al lado de ellos y sentirse distanciada al mismo tiempo. Es extraño. Es como estar detrás de un muro de cristal.

Hace poco desperté del sueño. Es como si hubiese tomado la pastilla roja para conocer Matrix. Desperté, a modo de "bofetón vital" y descubrí lo sola que estaba en realidad y supe -a modo de revelación- que ese iba a ser mi estado de por vida. No es una soledad física, es una soledad mental. Se que no puedo compartir mi mente, la intensidad de mi mente con los demás... no les interesa y a mí ya no me interesa compartirla. No quiero compartir la intensidad de mi mente con gente que no siente la misma intensidad que yo. Para mí es un insulto. Lo siento como un desprecio. Ya lo sentí antaño, pero pensé que estaba superado, olvidado, reconstruido, pero no... Ahora siento que es de verdad, que esta soledad forma parte de mí y siempre será así. Soy yo "yo misma", con mi  mismidad e intensidad.

Siento que no pertenezco a ninguna "tribu". Las he buscado y no acabo de encajar en ninguna...¡¡en ninguna¡¡. No se que es lo que me pasa que no consigo trascender las relaciones sociales, incluso, con personas que pudieran ser más o menos afines a mí. Me siento como un ermitaño de las montañas y la verdad... cada vez disfruto más de mi "autös", de mi soledad, de mi ensimismamiento. Casi ya no necesito de los demás... no los siento y no me obligo a sentirlos. Solo a dosis pequeñas y solo si me resultan interesantes. El mundo social es una nebulosa. Prefiero la cueva calentita y acogedora de mi mente... allí no hay nada ni nadie que venga a estorbar.

Es curiosa esta curiosa forma de ser: cuando estoy en "mi mundo" me siento bien. Pero cuando salgo al "mundo de fuera" me invade el frío por "ser". Los demás me instan a que salga de mi mundo y me integre al de fuera... y no saben el dolor que eso produce. El frío inicial se va convirtiendo en hielo, en forma de estalactitas que pinchan por dentro, que se introducen y escarban hasta hacer herida. 

Y, aun así... lo intento. Intento salir fuera, pero siempre acude el frío. Creo que esto va a ser de por vida. 

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