lunes, 1 de mayo de 2017

La complacencia. Mi "rígida" complacencia.


Esa exagerada complacencia para evitar cometer errores, para no crear conflictos me ha llevado a no implicarme de lleno en las relaciones sociales, a no evidenciarme, a mantenerme al margen. A ser invisible.

Esa exagerada complacencia por no molestar a nadie me ha generado una tensión tremenda por procurar no hacer las cosas mal. Pero, la vida no es perfecta y siempre se generan conflictos. En esas situaciones, simplemente, huyo. Huyo porque no se cómo enfrentarme a los problemas y porque las situaciones conflictivas, sean generadas por mi o no, me producen un malestar emocional muy intenso. 

La gente es tan complicada que me cansa estar con ellos. Te tienes que amoldar a ellos y cada uno es tan diferente que es complicado conseguir que todos estén bien a tu lado. No se si es por empatía o por intentar mantener la "homeostasis emocional" del entorno, pero procuro no generar conflictos, por lo menos intencionadamente. Los entornos tensos, conflictivos, agresivos me ponen muy tensa y me incomodan de forma extrema. 

Sin embargo, descubres que hagas lo que hagas, digas lo que digas aunque sea sin mala intención siempre hay alguien que se ofende, que se molesta. Cuando, sin querer, digo o hago algo que molesta a alguien, aunque sea algo "ridículo" me siento fatal, me siento exageradamente culpable. Ese sentimiento es tan intenso y tan desagradable que siempre he procurado "evitar" cometer "errores sociales" para no sentir esas sensaciones desagradables. La consecuencia de ello ha sido mantener un rígido autocontrol de mi conducta que ha degenerado en una inhibición extrema. En situaciones sociales he procurado no molestar, no contestar, ser "políticamente correcta", no contradecir (a pesar de pensar diferente), no proponer (por si mi propuesta no fuera la que debiera ser), no hacer bromas o hacer comentarios distendidos (por si pudieran ser considerados "bobos"). He sido exageradamente correcta. Desde fuera, la gente habrá visto en mí una niña o una chica tímida, retraída, un tanto solitaria y buena (poco peligrosa). Nada más. 

Dentro de mi mente, sin embargo, en esas situaciones una fila de hormigas corretean por todos lados: desde el lóbulo frontal, al occipital pasando por el temporal, metiéndose por el sistema límbico y desde la ínsula volviendo al lóbulo frontal... una fila de hormigas por todo mi cerebro que bloquean mis manos, mis expresiones, mis gestos, mis palabras...

Ahora voy entendiendo muchas cosas, incluso, mis procesos mentales. Mis bloqueos se generaban por un lado, por no saber qué decir y qué hacer y por otro lado, por el temor a que lo que dijese o hiciese no fuese lo apropiado, lo que "debiera ser". Hacer algo inoportuno implicaba evidenciarme, dejarme como desnuda delante de los demás. Eso podría ser terrorífico. Pensar que los demás podían pensar de mí que era una inepta social me producía tremenda ansiedad anticipadora. El temor anticipatorio a hacerlo mal me hacía inhibirme y ejercer ese "rígido autocontrol consciente". 

La ansiedad anticipatoria es terrible, pero peor es la ansiedad post-situacional cuando, sin quererlo, cometes un error. Eso es horrible, es el suicidio mental. En mi caso, en esas situaciones mi mente me castiga con latigazos mentales muy dolorosos que dejan cicatriz. La gente me dice que exagero, que me ofusco y me culpabilizo por cosas sin importancia, pero yo no puedo sentirlo de otra forma. Esas cicatrices son estigmas de mi mala conducta y eso "afea" mi "yo perfecto". Mi mente no es capaz de trivializar; es decir, de no darle importancia a las cosas, ni a las nimias. Mi mente no tiene un baremo para graduar la importancia de los conflictos o errores sociales. Para mí todos son grandes. Mi mente rígida se queda enganchada en el error y a su intensidad y no puede olvidar con facilidad.

Ahora esas percepciones y sensaciones las puedo modificar un poco, pero todavía cuestan. Sigo sin poder trivializar los errores o lo que yo siento como errores. Ahora, en lugar de resistirme a los bucles dolorosos, dejo que fluyan... me dejo llevar por mis pensamientos reiterativos hasta que por puro cansancio mi mente se adormece...

Escribir, escribir me ayuda a que se adormezcan antes...

3 comentarios:

  1. Hace tiempo que te sigo y he vivido la confirmación de mi diagnóstico leyéndote.
    Yo también soy complaciente, sumisa, invisible socialmente, con mutismo selectivo, femenina...he leído muchos blog de mujeres autistas pero en ninguno me he sentido tan identificada como en el tuyo.
    Gracias por compartir tu forma de ver el mundo.

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    1. oooohhh¡¡¡¡ si mis experiencias están siriviendo para que otras mujeres se reconozcan, se acepten habrá valido la pena todo el dolor sufrido.. que por suerte ya no.
      Muchas gracias por leerme y estar ahí. Para lo que necesites (y esté en mis posibilidades) aquí tienes a una compañera de vivencias. Un abrazo

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  2. Yo no tengo ni idea de si soy autista o no pero me siento e interioriza lo que nos cuentas como si fuera yo misma

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