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domingo, 30 de noviembre de 2014

Me esfuerzo por escucharte pero, a veces, no puedo



Me dicen que no escucho cuando me hablan y es cierto. No tengo problemas para comprender el lenguaje, no tengo problemas de atención y aún así, cuando me hablan me cuesta asimilar todo lo que me dicen. 

No siempre me pasa, pero si me pasa a menudo. Me pasa, sobretodo, cuando estoy pensando en "mis cosas" que es la mayor parte del tiempo. 

Cuando me hablan no puedo "desengancharme" de mis pensamientos y atender a lo que me dicen. Es como si "lo de fuera" fuese una invasión "de mi mismidad". Me fastidia terriblemente, pero finjo que no me molesta, aunque se me nota porque no muestro interés, ni curiosidad. Solo espero a que la otra persona termine de hablar. 

No es mala educación, de verdad. Simplemente, mi mente se colapsa con mis pensamientos más el ruido de fuera (la voz de la otra persona) y llega un momento en el que ya no puedo seguir. En esos momento puedo sentir gran malestar, como si la cabeza me fuera a estallar. Entonces, tengo dos opciones: o desconectar o estallar. En esas circunstancias prefiero desconectar y simular que escucho para no parecer grosera, pero no siempre lo consigo.

Para poder atender a lo que se me dice y procurar ser socialmente correcta, me ayuda hacer "organigramas mentales"; es decir, ir traduciendo en "imágenes mentales" lo que se me dice. Es como crear una película mental del discurso del otro. De esa manera, fuerzo a mi mente a prestar atención y a captar la mayor parte del mensaje.