domingo, 5 de abril de 2020

No quiero salir


No quiero salir.
Me quiero quedar aquí.
No quiero salir.
No quiero que llegue el día en el que tenga que salir. No sabré caminar. Ya no sabré. 
Ya no quiero el Antes. Ya no lo quiero.

Quiero sentir esta quietud. 
El tiempo muerto vino a rescatarme. Ya no quiero salir. 
Mi mente se está vaciado. Parece que está sanando. No quiero salir.

Siento que me he equivocado. 
Tendría que haber buscando un camino hacia el interior. 
No quiero salir fuera. Lo tengo todo en mi, aquí.  
Quisiera saber pintar. Quisiera saber escribir. Quisiera saber bailar.

"Quiero ser una dentro de mi". 
Me estoy acostumbrando a Mi. No se si podré enfrentarme al Vosotros. Ya no. 

¿Se puede romper con todo?

Y... qué haría. 

No quiero hacer, quiero sentir, quiero construir, quiero crear, quiero mezclarme: quiero ser música, quiero ser movimiento, quiero ser idea. Quiero ser un color que revolotea buscando rayos de luz matutinos que hacen cosquillas en las mejillas y hacen cerrar los ojos. 

El mundo tapa los sentidos, las emociones, las sensaciones. Quiero dejar de ser. Quiero dejar de estar ahí fuera. Ya no quiero estar ahí fuera. 

Vivir es una agonía. Es una horca que aprieta, aprieta, aprieta. Hazlo ya: mátame, déjame sin sentido o libérame. 

domingo, 23 de febrero de 2020

Cuando eres consciente



Cuando eres consciente de la realidad, de tu realidad. Cuando vas como "despertando" de un sueño y te das cuenta de que algo pasa en tí que no tiene que ver con meros rasgos de personalidad. Cuando sientes en lo más profundo que algo no funciona bien dentro de ti y que no sabes qué es. Se puede ser consciente de que te duele la pierna cuando te has caído, puedes ser consciente cuando ves o asocias una sensación, un acto a su detonante visible e inmediato, pero que pasa cuando el detonante es invisible para tí y para los demás. Que vives en la inopia. 

Pero, que pasa cuando vas despertando y como si fueras Neo despiertas y sales de Matrix. Lo peor es saber que hay algo en tí que no funciona del todo bien y que eso hace que no puedas entender las sutilezas sociales, que no preveas ni puedas asumir convencionalismos sociales, que no imagines lo que los demás esperan de ti sin decírtelo claramente. Te dejan en "suspensión" esperando que tú -como por arte de magia- sepas lo que tienes que hacer ("tu verás", "ve y piensa", "piensa en lo que has hecho") o cuando no te dicen nada y te miran con una expresión de.. de.. ¿extrañeza?... que no identificas y te metes en un bucle eterno de: "qué he dicho, qué no he dicho, qué tendría que haber dicho, qué tendría que haber hecho..." y preguntas y te siguen mirando esperando que lo averigües dejándote como en babia.

¿Soy la única que de verdad siente que esto no es una "condición" si por condición se entiende "una forma de ser"?. Cuando una forma de ser no te hace adaptativo al entorno algo no funciona. Yo necesito de mi marido-guía para que me oriente, para que me explique, para que me ayude a trivializar cuando no entiendo las reacciones de las personas y las marco para siempre de forma categórica. No, no soy adaptativa en el mundo social. Me acabo de dar cuenta a mis cincuenta y pico de años y después de una vida esforzándome por adaptarme. Hay cosas que sigo sin ver y que limitan mi adaptabilidad. 

Mi esencia es vivir en mi "mismidad". Es como si mi YO invadiera todo el espacio y fuera ciega para los demás. Es como si entre mi YO y los DEMÁS hubiese un muro. Tengo que pensar en escalarlo para traspasarlo. Para ello tengo que tener mucha energía y mucha motivación. Tengo que forzarme a escalar para ver fuera porque el esfuerzo es grande y depende de la voluntad y no de la inercia. 

Mi individualidad me come, me arrastra, no veo a los demás. Tengo que hiper-esforzarme por ver y estar con los demás. Solo lo puedo hacer por momentos, porque luego mi mismidad tira de mi y vuelvo a mi castillo. Yo no siento vivir en una burbuja, yo siento vivir en un castillo acogedor. En mi "castillo mental" están mis pensamientos, mis conversaciones internas conmigo misma, mis lecturas apasionantes. En mi "castillo mental" estoy calentita y hay armonía. Es cuando salgo del castillo, al que llamaréis "Zona de Confort" cuando empieza la tensión ante la incertidumbre, sobre todo, social. Si... la incertidumbre social pues no sabes cómo van a reaccionar las personas mañana. 

Desde joven siento tener alta conciencia de que algo en mi no marchaba bien y creo que sigue pasando y es lo que hace que siga sin poder estar con gente, trabajar con gente de la forma convencional. 

Ser hiper-consciente es muy doloroso pues eres conocedor de tu vulnerabilidad y en lugar de echar la culpa fuera, la asumes porque eres tú el que no ve, no percibe, no intuye, no tiene el tacto social que se espera... Necesito de mi "lóbulo frontal externo" (así llamo a mi marido) para que me sirva de cordón umbilical con el mundo. Sin él me perdería en la inmensidad de la nada. Sin él todo se convertiría en un galimatías, viviría en una niebla espesa. Alguien me preguntó que haría si mi marido no estuviera. La respuesta la dejo a la imaginación del lector. Yo ya he pensado sobre ello.

¿Soy la única que entiende que esto no es una condición o forma de ser? ¿por qué no ver la realidad "pura y dura"?

¿Como vivir en este mundo?: teniendo una red de apoyos que te guíen. Un cerebro social colectivo que te ayude a integrarte "de verdad", que aproveche tus fortalezas, que compense y te ayude a ver -sin acritud- tus desajustes. 

Hoy, 23 de Abril del 2020 he releído esta entrada y si bien estoy de acuerdo con todo lo que expreso, en estos momentos también veo esta capacidad para ver la realidad, "mi realidad" como un super-poder. Ver la realidad es dolorosa, pero también ayuda a saber qué es lo que te hace daño. Si lo ves puedes manejarlo y buscar estrategias para sortearlo, cambiarlo. 

Escribí la entrada en un momento muy vulnerable en el que la vida me dio un hachazo en toda regla y tal vez yo fuera responsable de ello. Despertar a la realidad fue muy doloroso. Ahora, con un poco de perspectiva lo veo de otra forma. Ahora soy consciente de mi vulnerabilidad, de lo que me cuesta y esto es un buen principio pues se lo que tengo que reajustar en mi, ahora se lo que tengo que evitar. Ser consciente, después del dolor es una gran herramienta. Es la herramienta.


domingo, 25 de agosto de 2019

¡¡¡Ufff!!!, "Hoy estoy muy autista. Hoy me quedo en casa".



Me acaba de rondar un recuerdo de hace tiempo que se me quedó enganchado a fuego. De eso hace ya unos cuatro o cinco años, pero todavía lo tengo en mente. Alguien conocido, considerada amiga me dijo algo así: "Hoy me quedo en casa que estoy muy autista".

Me quedé petrificada con la contestación. Fue como una puñalada. Ese día algo se rompió en mi en relación a esa persona y ahora que leo de forma habitual que las personas comunes tienen rasgos "no-comunes" (a especificar, TEA) es cuando vuelvo a revivir aquella puñalada. Me irrita la forma en la que se trivializa el autismo, incluso por profesionales y familiares. 

Esa persona es "común" (en la jerga actual, se podría decir que "neurotípica") -por describirla de alguna forma- y entiendo que lo que me quiso decir es que: "estaba muy cansada y que no le apetecía salir, que prefería quedarse en casa para descansar"... 

Pensándolo bien, no es diferente de lo que a mí me pasa. Cuando llega el fin de semana yo, la mayoría de las veces, prefiero quedarme en casa para descansar. Hasta ahí nuestras conductas aparentes coincidirían, ¿no?. Ambas ese día  nos  quedamos en casa. 

La cuestión de fondo sería analizar el porqué, el cómo y el cuánto. 

¿Por qué quería quedarse en casa?, ¿por qué me quiero quedar en casa?

Quiero entender que ese día prefería quedarse en casa por el cansancio acumulado, sobre todo, por el trabajo. ¿Quién no experimenta cansancio y de vez en cuando prefiere quedarse en casa?. Entonces, eso... ¿te convierte en autista "por momentos"?. 

El autismo no se vive "por momentos", se experimenta desde que te levantas hasta que te acuestas, lo que pasa es que incapacita en situaciones en las que no puedes manejarte bien, que suele ser cuando estas fuera de casa y, sobre todo, socializando. En casa todo es sencillo porque no se tienen que hacer esfuerzos por poner en marcha tu máquina mental para socializar, para anticipar, para soportar el bullicio -en mi caso, más social que ambiental-. En casa te puedes permitir ir a tu ritmo, no al de los otros y eso hace que no tengas que tener hiper-activada la máquina mental para socializar; es decir, para seguir el hilo conversacional trivial y no desengancharte, para poner cara de complacencia, de interés, para hiperconcentrarte en lo que te dicen cuando el ruido de ahí fuera no te permite escuchar con facilidad, cuando tienes que descifrar si lo que te dicen es una ironía, una broma, un comentario inocuo, para practicar mentalmente el comentario que vas a decir a continuación y que sea adecuado... Por tanto, estás en constante alerta, en estado de "activación" y cuando tu mente está en alerta no puede descansar. 

¿Por qué me quiero quedar en casa muchas veces y no solo de vez en cuando?. Por un lado, porque el cansancio de la semana tanto a nivel laboral como social abruma, y eso hace que no me queden fuerzas para, además, procurar ser social durante el fin de semana. A mi no me sale natural eso de socializar, por lo que supone otro esfuerzo añadido. Por lo que observo, decidme si estoy equivocada, las personas Ntípicas suelen descansar socializando, sin embargo, para mi socializar supone otro cansancio extra. No es cualitativamente lo mismo. 

Además, las transiciones -pasar de estar en casa a salir fuera- son como un muro. Tengo que concienciarme con tiempo para pasar de un lado al otro. Esa transición también supone una activación extra. En esa transición tienes que decirle a tu mente que deje en "stand by" sus pensamientos, su hilo mental para enfocarse fuera y eso supone un gran esfuerzo.

Que de vez en cuando no te apetezca socializar porque estás cansando no te hace autista.

No se es autista por momentos, ni por elección. Hoy estoy cansada y "escojo no socializar"... ¡¡¡noooo va así!!!

Yo no escojo ser "no-común". Yo no tengo la posibilidad de poder escoger. Los comunes si pueden escoger cuando socializar y cuando no. No tienen que forzar su máquina mental para ello. Yo si. 

Seguramente esa persona conocida considerada amiga no tiene que forzar a su mente para generar algoritmos mentales de forma "hiper-consciente" para socializar en el día a día, en esas situaciones "aparentemente" simples para compartir y "pasarlo bien con otros". De hecho, lo hace muy bien: es rápida, ingeniosa, divertida, tiene  conversación para cualquier cosa, se le da bien manejarse en situaciones de grupo, es versátil... Yo no tengo nada de eso. Por tanto, no se puede comparar ese cansancio momentáneo con el que se experimenta siendo "no-común". El cansancio "no-común" se torna crónico y hay que desarrollar estrategias para lidiar con él. No es un cansancio momentáneo, y tampoco es un cansancio que "se arregle" socializando... al revés. Socializar es, en si mismo, AGOTADOR. 

¿Cómo va a ser lo mismo un cansancio "común" que un cansancio "no-común"

¿Cómo se puede ser "no-común" por momentos?

El que se observen conductas similares en un momento determinado no hace que se procesen, se experimenten, se perciban las situaciones de la misma manera. Si en ese momento nos hubiesen hecho una foto a ella y a mi, la foto seria similar. En las fotos saldríamos las dos espachurradas en el sofá viendo series, pero... ¿el trasfondo sería el mismo? 

¡¡Ojalá yo también tuviera la posibilidad de escoger cuando ser "común" y cuando ser "no-común"!!!

Lo que llegas a aprender es a seleccionar los momentos, a las personas, los tiempos en los que puedes "estar bien". Aprendes a seleccionar los momentos en los que no se tienen que hacer grandes esfuerzos para poner en marcha la máquina mental para socializar.

Te vuelves selectivo, muy selectivo tanto con las personas, como con los tiempos, pero no como una opción, sino como forma para sobrevivir en el mundo social. Si.. aprendes a ESCOGER, a escoger aquellos momentos en los que sabes que puedes manejarte y a evitar aquellos   abrumadores para mí, que son la mayoría. 


jueves, 22 de agosto de 2019

Esa sensación de "No Pertenencia"



¡¡¡Me rindo!!!
¡¡¡Lo intenté de nuevo!!!

Este jueves volví a revivir momentos de antaño, momentos como cuando me sentía perdida en el patio del colegio sin saber qué hacer. Estar en el patio del colegio era horrible... era el momento en el que me comparaba con los demás y me sentía inútil, estúpida, boba. 

Toda la gente a mi alrededor es tan... simpática, tan ingeniosa, tan inteligente, tan.... que yo no puedo seguirles el ritmo. 

Decidí acompañar a mi marido a un encuentro con sus amigos, -que se supone que son míos también- por eso de la "empatía"; es decir, para hacer algo por él. Era una especie de monólogo en el que hacían participar a los asistentes. Todos los que estaban allí parecían pasárselo muy bien, participaban, hacían comentarios y eso.. así sin conocerse entre ellos. Parecía que el truco estaba en ver quién era más ingenioso y ¡¡vaya!!! parecían mostrar disfrute con la experiencia. A mi, sin embargo, me pareció una escenografía absurda -que por lo visto, de eso se trataba, de improvisar comentando trivialidades personales-  Yo, allí, me sentía como un marciano en Júpiter. No me hacían gracia sus gracias y, obviamente, no se me ocurría que ocurrencia podría decir para participar como hacían los demás. Si normalmente soy una inepta social, en estas situaciones "marcianas" -divertidas para ellos- el sentimiento de ineptitud se multiplica por mil. Agazapada en el sofá me quedé mentalmente paralizada. Todos se reían de las  bobadas y anécdotas de los demás. Estaban conectados entre sí. Yo, sin embargo, estaba fuera de lugar y tensa. Noté como los músculos de mi cara se tensaban para obligarse a poner una sonrisa, una sonrisa forzada. Sentí que mi boca se arqueaba, pero que no acompañaba a mis emociones internas. Tuve que hacer esfuerzos hiper-conscientes para mantenerla durante alrededor de dos horas... ¡¡¡es horrible¡¡¡

En un momento determinado dejé de estar, mentalmente, allí. Mi mente se dividió en dos estados: el de "fuera" intentando mantener esa  sonrisa forzada en mi cara para que los demás no evidenciasen mi desconexión mi tensión, mi  ineptitud y el de "dentro"; es decir, el estado de mi "mismidad". Ese estado en el que miro pero no veo, ese estado en el que observo, pero desde otro plano, un plano impersonal, como si me transportara a otra dimensión. Ellos hablaban y mi mente ya no estaba con ellos, sino que se dispersaba fijándose en detalles, en detalles aislados. En esos momentos me fijo en partes del lugar, en partes de la gente como en el movimiento de sus manos, en la obertura de sus bocas cuando hablan.. ¡¡¡Me parecían tan expresivos!!!... Entonces me dio por detenerme en observar los míos, mis gestos. Mis manos escondidas entre mis piernas estaban en puño. Noté la rigidez de mi cuerpo. Todo mi cuerpo era un palo, una piedra y mi sonrisa seguía allí... eso creo. Ya no estaba segura de que mi cara mantuviera el rictus de la boca en formato sonrisa. Ellos, sin embargo, parecían tan relajados, tan distendidos y yo allí tan bloqueada y rígida. 

Miré alrededor y todos parecían estar conectados entre si pasándoselo bien. Yo  estaba desenganchada del resto. Yo era un ser sin cordón umbilical social. ¿Cuánto faltará para que termine?. La escenografía terminó, pero allí seguimos haciendo lo que hace la gente: conversar. Con el bloqueo del momento, intentar seguir una conversación banal ya no era viable. Solo quería que terminara y volver a casa. ¿Por qué me pasan estas cosas? 

Cuando terminó la reunión tuve gran necesidad de llorar, pues reviví aquella sensación antigua de deshubicación. Yo era un objeto más del lugar. Yo no era una persona. Yo estaba allí, pero no estaba. Y eso, incluso, con personas conocidas...

No voy a poder disfrutar con las mismas cosas con las que ellos disfrutan y como ellos las disfrutan. Al final prefiero no salir. Mi marido me llama "ermitaña", pero en realidad no lo soy. No es una elección, es una forma de sobrevivir. Ahora decido vivir en mi "mismidad", pero como una forma de aceptación, no de elección. ¿Resignación? Tal vez si, tal vez si después de saber y experimentar innumerables veces que no va a poder ser. 

¡¡¡Caray!!! todavía duele el sentirse años luz de los demás. Admiro a las personas que lo llegan a aceptar de verdad y lo manejan bien. Yo todavía, siendo sincera, no puedo. Siempre quise ser social, estar con ellos. Me dan mucha envidia sana. Me esfuerzo por pensar que estoy bien, que ya lo tengo superado, pero no es así del todo. 

De todas maneras, desde que se la realidad, desde que se que no puedo relacionarme de la forma convencional la culpabilidad ha desaparecido. Me invade más un sentimiento de... no se... de tristeza por no poder sentir como ellos lo hacen. Ahora me viene a la mente el ser "Data" de Star Trek, el humanoide que siempre quiso ser humano de verdad. Me siento como él, exactamente como él. 



jueves, 11 de julio de 2019

Se que no voy a poder socializar de la forma "convencional"



Quedamos con amigos, bueno... más bien él -mi marido- queda con ellos. Se decide -deciden- ir a pasar la mañana y comer juntos en un ambiente tranquilo en el campo. A mí me lo comunica con varios días de antelación y accedo. Hasta ahí bien.

El problema llega cuando se acerca el momento. Pasa un día, pasa otro y ya casi no queda nada. La salida es mañana por la mañana... Entonces es cuando mi cerebro empieza a ponerse en alerta, a despertar: ¡¡¡ooohhh, mañana toca socializar!!.. y es cuando cuento el tiempo que tendré que socializar e intentar estar en "alerta social": una hora y media en el trayecto de ida hasta que lleguemos al lugar. Al llegar al lugar... ¡¡¡ooohhh¡¡¡¡... no se cuanto tiempo estaremos... nadie me ha especificado. Haciendo cálculos, me hago a la idea de que pueden ser unas 6 horas como mínimo y luego... la hora y media del trayecto de vuelta a casa...

¡¡¡oh, oh!!!

En ese momento mi mente se empieza a colapsar invadiéndome un estado de tensión, convirtiéndose en irritación. Mi mente genera una estrategia para sobrevivir. 

Y es cuando, en la noche de antes, le digo a mi marido que si no le importa que vaya él. Él me mira y me contesta que entonces "no vamos", que "si yo no voy él tampoco". Esto, ¡¡naturalmente!!! me hace sentir culpable y le digo -con deje de resignación- "bueno, vamos, lo haré por tí", a lo que él me replica: "no quiero que lo hagas por mí"... así, que al final, la noche de antes, él llama a su amigo para anular el encuentro. 

Esto ha pasado muchísimas veces. A medida que se va acercando el encuentro social me voy colapsando, irritando y los enfados han llegado a ser tremendos. 

¿Por qué mi cerebro se resiste a algo tan banal como un encuentro social con gente bonita que me aprecia?

Haciendo introspección y pensando en lo que me pasa podría decir que cuando se acerca el momento mi cerebro activa la memoria de las experiencias sociales vividas y... vuelve a recordar la sensación de incomodidad, de bloqueo que me generan. He hablado mucho en otras entradas del blog sobre lo que me pasa en los encuentros sociales: puedo simular ciertas conversaciones iniciales, aquellas en las que tengo algunos guiones aprendidos, pues mi cerebro no es capaz de improvisar, de generar nuevos guiones, de llevar conversaciones espontáneas. Después del "hola, cómo estás" ya no se me ocurre que más decir. Entonces, me voy quedando aletargada en el rincón. Yo simulo una sonrisa en mi cara, pero en realidad, estoy bloqueada. Si en esos momentos miraseis mis manos veríais que me estoy autolesionando de forma sutil. Es cuando mi dedo pulgar empieza a machacar a mi dedo índice sin compasión, pero de forma tan sutil que nadie se percata. Ya tengo una duricia. 

Mi mente vuelve a experimentar esa sensación de tensión, de ahogo, de asfixia... es así: es una sensación de asfixia. Es como estar ahogándose y haces esfuerzos por salir a flote. Así es mi día a día cuando tengo que enfrentarme a situaciones sociales convencionales, incluso con personas que me aprecian y yo les aprecio. Aquellas en las que sobrepasan mi límite para socializar con cierto éxito, que podría decirse que son unas 2 horas como máximo. 

Todo esto me hace sentir mal porque condiciona a la gente que tengo al lado, a mi marido que él si necesita socializar. Me siento culpable por no poder ser social, por no poder hacer que él pueda tener más encuentros sociales por mi culpa. 

Ayer, hablamos sobre ello porque había vuelto a quedar con sus amigos. El me volvió a decir que solo iríamos si a mi me apetecía. Entonces, decidí contarle lo que me pasaba, cómo me sentía. Él me comentó que ya se había dado cuenta, que cuando se acerca el momento de reunirnos con gente empiezo a ponerme huraña, irritable y que -sin intención- empiezo a provocar un enfado. Recordar que este enfado -desde mi perspectiva- es una forma de auto-conservación, de supervivencia para evitar la sensación de ahogo social. 

Él a continuación me comenta: "he observado que te cuesta salir, pero que luego cuando estamos con ellos lo pasas bien". Es cuando decidí decirle la verdad: "no, no lo paso bien. Simulo pasarlo bien, pero en realidad estoy contando el tiempo que falta para que termine". No se si entendió de verdad el esfuerzo que tengo que hacer por "simular". Ahora le llaman "camuflaje". Parece ser que camuflo mejor de lo que pensaba "si me lo propongo", pero tengo que tener la mente muy tranquila y estar muy concienciada para ser una buena actriz. 

Le dije la verdad: se que nunca voy a poder socializar de la forma convencional. Ya tengo más de cincuenta años y se que no va a ocurrir. Mi mente es diferente y no puede improvisar, no puede disfrutar de esos encuentro sociales "simples" que para mi son "complejísimos". Para mí un encuentro social, de esos para "hablar por hablar" y "pasarlo bien" es como metafísica, como matemática avanzada, es como física cuántica.... no entiendo, no puedo seguir el hilo social. Me pierdo. 

¿Cómo algo tan simple para los otros es tan complejo para mí?

Puedo relacionarme de forma ocasional, a "trocitos" y solo lo puedo hacer por momentos cortos. ¿Y disfrutar.?.. lo que se dice disfrutar solo lo hago cuando se tratan mis temas de interés... SOLO.

Se que va a ser a sí toda la vida. 

Al final le dije que entendía que el mundo no podía girar sobre mí, que yo entendía que él tenía que salir con gente y que yo iría por él, no por mí... en el buen sentido, no a modo de reproche. Salir con gente para mí es un agobio, pero que sería el regalo que yo haría por él. Yo no lo disfruto, pero podría disfrutarlo si salir con gente tuviera un sentido para mi y "hacerlo por él" sería el sentido que podría darle a socializar de la forma convencional. 

"No es por mí, es por tí"

Así yo me sentiré bien. Si te veo disfrutar estaré bien. 

Sigo pensando que "esto" -tal como lo siento yo- no es una "mera condición". Yo lo siento como una "Discapacidad Social" que -en mi caso- es compensada por la gente maravillosa que tengo al lado.  Por otro lado, en mi caso, solo siento tener una discapacidad social que no me limita a nivel intelectual ni profesional y, tal vez, gracias a eso he ido pudiendo compensar mis deficiencias con mis potencialidades y conseguir cierta adaptación. 

Yo no me he adaptado al sistema... 
He adaptado el sistema a mí. Así he podido sobrevivir.


sábado, 8 de junio de 2019

"Estar en el armario" ahoga



Me quedo sin aire.
Me ahogo.
Quiero salir.
No me atrevo.
Siento miedo.

¿Miedo?, ¿de qué? de que se me cuestione, de que se me desvalorice, de que me traten con condescendencia, de que me observen con curiosidad, de que cuchicheen a mis espaldas. No quiero ser un "mono de feria". 

Mi camuflaje es defectuoso, hace aguas, se está rompiendo. Mi Yo oculto quiere salir y lo hace a trompicones, mal.

Antes, cuando no sabía, mi imagen era de persona correcta, aunque tal vez un tanto sosa, distante. Hiper-controlada. Ahora, no lo se: a veces me controlo, otras soy torpe, otras inoportuna. Es como si tuviera un alíen dentro de mi que quisiera salir y reclamar su lugar, hacerse visible. 

Ya no se muy bien quien soy. A veces, quiero recuperar a aquella persona hiper-controlada, hiper-correcta de antaño, pero el coste de ello era la infelicidad, la ansiedad camuflada, los llantos a escondidas. 

Ya no se muy bien quien soy, como soy. Me quedé enganchada a lo que se supone que se tiene que ser: correcta, agradable, sin estridencias, humilde, buena persona.. 

Pero, me encuentro que, de vez en cuando, sale de mis entrañas un ser extraño, estridente, como un niño pequeño que hace tonterías para hacerse notar, para que la gente sepa de su existencia. No es algo que yo decida de forma consciente, ese ser sale sin yo pedírselo y cuando no quiero que salga... Va por libre y me deja expuesta. 

Siento que estoy perdiendo a la persona que fui -a la hipercontrolada, a aquella niña correcta, formal- y no quiero. Lucho para que no me deje pues me da estabilidad... es algo extraño de explicar. Ahora tengo que hiper-esforzarme para que siga existiendo, para que no me abandone porque es lo que conozco. Pero algo me pasa y es que, de vez en cuando, ese ser infantil, extraño, extravagante va emergiendo y no puedo controlarlo. 

Mi lucha interna por dar una imagen al exterior aceptable me va abandonando. Noto que cada vez uso mas la sonrisa forzada. Mi sonrisa, mi prosodia, mis gestos.. intento ser expresiva, pero tal vez, puedo resultar teatral. 

Ya no se cómo soy. Me pregunto si tengo "personalidad" de verdad y si todo lo que he sido en realidad ha sido un espejismo. Soy un ser teatral, forzado que intenta proyectar afuera una imagen que en realidad no soy yo. No se quién soy ni como soy... pero espero irlo descubriendo...

Tal vez no tenga personalidad... que todo sea más simple... que no sea ni introvertida, ni extrovertida, que no sea simpática, ni antipática, que no sea agradable ni desagradable... tal vez, soy un ser neutro. ¿La personalidad es aquello que tu eres o lo que quieres proyectar consciente o inconscientemente? No hay nada espontáneo en mi... Mi "Yo proyectado" es insulso, pero me sirve para "salir del paso". 

¿Cómo soy? creo que mi verdadero Yo se materializa cuando no tengo que socializar. Cuando no tengo que socializar no tengo que pensar en cómo proyectar UNA imagen al exterior para que resulte apropiada o, por lo menos, correcta. Cuando no tengo que socializar no tengo que forzar a mis músculos para exagerar una sonrisa y una cara amigable. Cuando no tengo que socializar estoy bien... relajada.

Tengo la sensación de que algo dentro de mi está ocurriendo y es en realidad esa esperada metamorfosis, pero me da miedo porque no se en qué me convertirá. 

Siento que ya no puedo hacerla esperar por mucho tiempo porque el estado de larva se está alargando... y duele. Me resisto a que salga la mariposa, pero tal vez, es por miedo a no saber qué pasará...


sábado, 25 de mayo de 2019

¿Será una cuestión de "Sincronización Social"?


Hay una cuestión que cada vez me intriga más: ¿Cómo es que la gente engancha entre sí y sigue enganchada por tiempo? Observo como la gente conecta entre sí (se "engancha mentalmente") y mantienen esa conexión por tiempo. Eso debe ser el "Principio de Amistad". No es iniciar el contacto, sino mantenerlo y mantenerlo de forma profunda, estable, sentida y deseada. Lo más impresionante de todo es que... les sale natural, sin pensar demasiado... Es como si hubiese una energía invisible entre ellos que hace que se atraigan,  como si se tratase de una "afinidad química" -fenómeno en el que ciertos átomos o moléculas tienen la tendencia a agregarse o enlazarse-. Entonces, ¿no se podría extrapolar el fenómeno  de la "afinidad química" o "atracción magnética" al ser humano? 

Es como si hubiese algo invisible y misterioso -por desconocido- que hace que la gente se atraiga entre si y que mantengan lazos estables. 

Me pregunto si existe algún mecanismo neurológico, más allá de las neuronas espejo, que haga que la gente conecte entre si, que "sincronicen" entre si y que permita que ciertas interacciones se consoliden hasta generar una amistad íntima. Llamadme "flipada" pero no creo que sea algo meramente cultural. Es curioso ver como niños pequeños cuando se encuentran cara a cara se contagian entre si, "conectan". Es como si sus mentes estuvieran sincronizadas... ¡¡es impresionante!!!

Como tengo una mente curiosa he intentado buscar sobre ello y encontré que hay investigadores que ya lo tienen en cuenta como la Dra. Suzanne Dekker, de la Universidad Nueva York (*). Así, según esta investigadora lo que llamamos conectar, tener feeling o química y lo que hace que una relación tenga éxito o estabilidad parece  depender de la sincronización de ciertas ondas cerebrales. Estoy convencida de que debe de haber alguna explicación científica al fenómeno de la atracción entre personas y no me refiero a la atracción física, sino a la atracción para mantener relaciones sociales estables e íntimas. Seguiré buscando sobre ello porque me parece hiper-interesante, ¿no?????

Pues yo creo que algo pasa dentro de mi que no me permite sincronizar,  "engancharme" con la gente de la forma convencional. Creo que soy capaz de comprender, de ponerme en el lugar del otro, puedo entender lo que sienten y sentirlo en momentos determinados, pero a pesar de tener todas esas "capacidades"... ¿por qué no consigo "engancharme"?, ¿por qué no siento estar enganchada?, ¿por qué tengo que forzarme para "engancharme por tiempo"?. 

Ayer me decía mi marido de quedar hoy con amigos para ir a un concierto. Le dije que no me apetecía, pero que fuera él. A lo que él respondió: "el otro día -haciendo referencia a la última vez que  fui con ellos a un concierto de música- te lo pasaste bien? Te vi bailar". Decidí decirle la verdad: "simulé pasarlo bien". 

Recuerdo perfectamente como mi mente mandaba ordenes a mi cara para que sonriera, a mis piernas para que bailaran, a mi cuerpo para dar una impresión de "estar bien", pero otra parte de mi mente contaba el tiempo para que el encuentro terminase e ir a casa. Es cierto que ahora ya no me crean ansiedad esas situaciones porque "se que simulo" y lo hago a modo de "regalo para mi marido", pues él si necesita salir con gente. En realidad lo hago por él. Es mi forma de expresar reciprocidad. "El hace cosas por mi, yo hago cosas por él, aunque no me apetezcan". Es lo que da sentido a salir a esos encuentros sociales, pero.... en realidad no siento estar "sincronizada", "enganchada" a la emotividad del encuentro. 

Es como si ellos estuvieran unidos por una especie de "cordón umbilical social", y que yo no lo tuviera o que estuviera roto u obstruido.. no se, pero no consigo sentirme conectada con ellos. Parece ser que cada vez "simulo" mejor -ahora se le llama "camuflar"-, pero esa simulación es pensada. En el momento del "camuflaje" es como si en mi mente hubiesen dos personas: una la real, la que se siente agobiada por el momento y quiere que termine, y la simulada, que es la que intenta estar presente para no desentonar. A veces gana una y otras veces gana la otra o, a veces, empieza ganando una, pero al rato gana la otra. ¡¡No se si se me entenderá!!!

Siento experimentar una sensación extraña con el mundo social. Siento como si estuviera detrás de un cristal, o como si el mundo social fuera una película... la entiendo, la siento, pero no pertenezco a ella... Estoy fuera y cuando la película se termina deja de estar presente. Es como estar en Matrix... no me siento conectada con la gente y es algo profundo que siento desde siempre. Es extraño.

Entonces, la reciprocidad implica sincronización...¿no? Tal vez, por eso,  nadie me detectó. Yo era invisible porque no estaba conectada, sincronizada con ellas. Simplemente, no me veían. Ellas hablaban entre si, se reían, se "conectaban" y en ese momento de conexión yo no estaba. Yo no sincronizaba con ellas ni ellas conmigo. Eramos seres de mundo paralelos. 

Cuando no sincronizas con nadie, pero te gustaría sincronizar es angustioso porque no consigues ese genuino disfrute. 

Algunas veces sincronizo con algunas personas, pero es una "sincronía intermitente"; es decir, momentánea. Dura lo que dura el encuentro. Es como una llama: en el momento álgido está encendida, pero cuando el encuentro se termina la llama se va apagando y no siento la necesidad de volver a encenderla. A veces -muy pocas veces- he llegado a disfrutar conversando con gente y cuando eso ocurre ha sido compartiendo temas afines. Por tanto, mi "sincronización" está condicionada por el sentido práctico que le de a ese intercambio y este es más intelectual que interpersonal-emocional.

Cuando la "sincronización es intermitente" lo que ocurre es que si bien puedo disfrutar en ese momento, cuando este se termina la sensación se va apagando y no siento la necesidad o el impulso de volver a "encender la llama de nuevo". Para mi encender y mantener la "llama de la amistad" es muy agotador.  

No obstante, como se que es importante mantener la llama de la amistad; es decir, mantener la "sincronización social", desde hace algún tiempo intento ser prosocial y mostrar cierto interés o preocupación por las personas afines, pero esto no me sale instintivo, lo tengo que pensar, programar mentalmente. Normalmente, son los otros los que todavía impulsan que se mantenga la llama. Si por mi fuera creo que me quedaría sola por siempre. 

Debo de dar las gracias a esas personas afines que permiten que no se apague la "llama de nuestra amistad". Muchas gracias por el esfuerzo que hacéis y por no reprocharme mi escasa iniciativa social. Muchas Gracias.



(*) ttps://www.abc.es/ciencia/abci-sincronizacion-ondas-cerebrales-mueve-mundo-201601260402_noticia.html